Lunes, 21 de enero de 2013

Democracia en Sobre

Bien mirado, lo verdaderamente alucinante del asunto de los sobrecitos no es que demuestre que todo el Sistema vigente es una inmensa Marbella –eso ya se sabía- sino que pone negro sobre blanco que vivimos en un Régimen de partidos, que tiene como pilar fundamental a los partidos y en el que por preservar la unidad y estabilidad de los partidos se les ha convertido en auténticas fortalezas inexpugnables tanto para la sociedad civil como para el poder judicial… e incluso para la propia Administración.

Si un señor particular fuera por ahí recogiendo maletines de adjudicatarios de licitaciones públicas y luego repartiendo la pasta en sobrecitos entre los adjudicadores o sus superiores políticos y si esto hubiera sido un modus operandi institucionalizado durante dos décadas, con cargos, sucesiones y relevos que no suponen cambios esenciales en su funcionamiento a nadie le cabría la menor duda de que estamos ante una estructura permanente y jerarquizada que reúne todas las características necesarias para ser considerada una asociación ilícita en toda regla.

Pero aquí, no. Aquí un partido puede tener a su tesorero repartiendo sobres mensualmente a la cúpula y a los mandos intermedios desde el mismo instante de la fundación del partido y durante veinte años bajo sucesivos Presidentes, Vicepresidentes y Secretarios Generales que sabían, consentían y probablemente cobraban... y resulta que aún tenemos que ver como el partido en cuestión se pone a amenazar a tertulianos con demandas y querellas por “daños a su imagen”.

Querellas contra el periódico que destapa el escándalo por mentir y difamar, ninguna… porque lo que cuenta El Mundo es cierto. Pero a la hora de amenazar con acciones legales a los tertulianos televisivos que osan llegar a la obvia conclusión de que la mayoría absoluta en el Parlamento la ostenta un Gremio de Ladrones… ahí sí que no se cortan ni un pelo a la hora de defender “la imagen pública del partido”. Tan ridículo como si la Banda de La Paca se dedicara a mandar burofaxes amenazando con demandar a los medios que dañaran su imagen pública.

Luego tenemos la inmunidad judicial. Porque no nos olvidemos que estos mismos tíos –y sus sosías de la acera de enfrente- son los que hacen las sabias leyes procesales según las cuales todo esto está prescrito. Y los que promulgan la no menos espectacular Ley Orgánica 3/1987 de Financiación de Partidos… maravilla de la ciencia jurídica que permite –aunque antes no estaban prohibidas- las donaciones anónimas a los partidos, dotando a la Banda del Sobre de un marco contable de referencia: “Donaciones hasta el 5% de lo que nos da el Estado, van a la Caja del Partido. De ahí para arriba, repartimos”. El donante está blindado porque él realiza una donación anónima legal a un Partido y no puede saber si ha sobrepasado o no el límite marcado por la Ley. Y el que puede saberlo está ocupado haciendo alpinismo en Suiza cada fin de semana y repartiendo sobres a principios de mes. El modelo es redondo.

Y Hacienda, por supuesto, a verlas venir. A no abrir inspección alguna. Y como vivimos en un maravilloso país en el que Montesquieu está muerto y su momia la tiramos de algún campanario todos los veranos, no existe la posibilidad de que se inicie sumario alguno por delito económico sin deseo expreso del Ejecutivo (Naseiro) o sin que alguien se vaya de la lengua (Filesa, Urdangarín, Campeón). El Tribunal de Cuentas auditando con seis años de retraso delitos que prescriben a los cinco. Y diferentes generaciones de Tesoreros del Partido Popular que están a partir un piñón y que mantienen una gigantesca explotación agrícola en Argentina regada con dieciocho millones de euros por el primer Gobierno Aznar.

Bienvenidos a la Democracia de Partidos.


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