Viernes, 06 de julio de 2012

Horus, el gato del 78

Desde hace un par de meses comparto mi vida y mi espacio vital con Horus, un gato que ejerce de embajador plenipotenciario en mi domicilio de todo el conjunto de paniaguados, enchufados, jetas, "hijos de" e inamovibles varios de la casta política de 1978. 

Ya la cosa apuntaba maneras desde los primeros momentos de la llegada de Horus a casa un viernes por la tarde. Resulta que no vale con adoptar al gato, porque el gato no viene solo: Al igual que nuestros políticos requieren de flamantes despachos, multitud de colaboradores, ordenadores portátiles, dietas para comidas en buenos restaurantes, complementos para viajes a lo largo y ancho del mundo  y móviles de última generación pagados con cargo al Erario Público, un gato nacido al amparo de la Constitución de 1978 requiere transportín, arnés, correa, juguetes varios, comida específica "para gatos jóvenes" y cajón de arena con su correspondiente arena en la que el gato (por decirlo pronto y mal) cague y mee. 

No faltará quien diga que alguno de nuestros políticos también requeriría cajón de arena (y su arena correspondiente) para dejar de orinar (y de hacer cosas peores) fuera del tiesto. No obstante, yo personalmente prefiero no crear una nueva partida de gasto permanente a cargar sobre la espalda del sufrido contribuyente. Porque donde Horus se conforma -de momento- con aliviar sus apreturas en un cajón de plástico comprado en los chinos y escarbar posteriormente en la arena más barata del mercado, no tardarían mucho en aparecer alcaldes pedáneos, taifas autonómicos o diputados varios cargando a las arcas públicas cajones de cristalería de la granja o arena importada de las Islas Galápagos.

Todo sea por la dignidad del cargo y la adecuada representación de la imprescindible Diputación Provincial X, de cuyo Presidente no podemos esperar que se expansione a gusto en un cajón de plástico cualquiera con una arena recogida vaya Dios a saber donde. Pero me desvío del tema. 

El problema de mantener a una casta de enchufados no radica tanto en el enchufado en sí, sino en el cargo público con mando en plaza que lo mantiene. El enchufadillo no es en la mayor parte de los casos más que un pobre diablo no muy espabilado -como mi Horus- incapaz de buscarse la vida por su cuenta -también como mi Horus- ni de buscarse las habichuelas más allá del amparo del partido correspondiente. Mi pobre Horus no es (por decirlo suavemente) el lápiz más afilado del bote y en esto es también parecido al enchufadillo setentayochista medio. Otras similitudes -no las únicas- son que ambos tienen un apetito insaciable y un morro monumental. 

Empero, insisto en que el problema no es que el gato sea un caradura incapaz de colocarse en la empresa privada sino en el cargo público que le otorga toda clase de privilegios y mamandurrias. He visto amigos míos de carácter progresista que permiten que su gato les muerda tanto a ellos, como a sus objetos y visitas. Me considero afortunado de que tal conducta evidentemente zapaterista no haya calado en la República Nacional Independiente de Mi Casa, en la que el populacho (que soy yo) a fuerza de aferrarse con uñas y dientes a la Cuarta Enmienda ha logrado establecer como doctrina legal comúnmente aceptada la política de golpear al gato en defensa propia, con enorme éxito tanto para la educación de Horus como para mi integridad física. Y es de sobra conocido que el día en que el gato muerda o dañe de cualquier modo cualquiera de mis miniaturas más le valdrá haberse atiborrado de Red Bull, porque vivo en un tercer piso. 

Eso último, naturalmente, si los poderes públicos no deciden indultarle. Porque el Poder Público por antonomasia de la República Nacional Independiente de Mi Casa es @Moncrespo. Y una cosa es que ella entienda (vagamente...) la necesidad de que el Pueblo Soberano defienda su vida y hacienda y otra muy distinta que sea indiferente a las cuitas y problemas del enchufado de turno: 

@Moncrespo (con Horus en brazos y voz de madre dando mimos): Jaaaaavi, mira que mono es...  ¡Déjale que duerma con nosotros!
@Horus (pose estilo gato con botas con doblaje de Antonio Banderas y arrebatadores ojitos verdes): Miiii
@Fray_Fanatic: No. De ningún modo. 
@Moncrespo: Javi, el gato está acostumbrado a... 
@Fray_Fanatic: El gato no está acostumbrado a nada porque lo hemos recogido hace cuatro horas... 
@Moncrespo (indignada cual madre coraje con el gato en brazos): Javi, lo que le gusta al gato es estar con nosotros. 

¡¡Lo que le gusta al gato!! ¡¡Acabáramos!! Sin darme yo cuenta, los poderes públicos con mando en plaza acababan de dar con la piedra angular de las decisiones fundamentales presentes y futuras de mi Res pública: Desde aquel momento y en el futuro, todas las grandes decisiones y políticas estarían condicionadas por lo que le guste o le deje de gustar al gato. 

Desde ese momento, comencé a empatizar con, por ejemplo, Mariano Rajoy y Ana Botella. Tan sensibles a las necesidades de sus respectivas hordas de gatos que, por pura pena y conmiseración, son incapaces de frenar el déficit público.

Ana Botella lo haría. Estoy convencido de ello. Pero es que mira a sus mil seiscientos asesores y los ve tan pequeñitos, tan desvalidos, tan torpes, con esos ojitos tan monos y tan suaves ellos que... Que en vez de contrariarles echándoles a la puñetera calle, prefiere recortar en la frecuencia de la recogida de las basuras: 

@Fray_Fanatic (cerrando la puerta del cuarto, dejando al gato fuera con aire satisfecho): Hala, Horus se ha quedado tan a gusto en el pasillo. A dormir. 
@Moncrespo: ... 
@Horus (desde fuera de la habitación, con tono lastimoso): Miaaaaaaau...
@Moncrespo: Estás haciendo sufrir al gato. 
@Fray_Fanatic: Ya se callará el cabrón del gato. 
@Horus (tono aún más lastimoso): Miaaaaaaaaau...
@Moncrespo: Déjale pasar, anda, no seas cafre... 
@Fray_Fanatic: ¡Nunca! Además, mírale: Ya se ha callado. 

Y pasaron dos minutos. Durante los que, fectivamente, pensé que se había callado. Pero no. Como buen enchufado, como buen seleccionado a dedo, Horus sabe instintivamente que al Buen Pueblo Español le importan un huevo sus problemas. Así que cambia de táctica: Da la vuelta, sae a la terraza, trepa como puede (es muy pequeño aún) al alféizar de la ventana del cuarto que da allí y, bien pegado al cristal para asegurarse de que @Moncrespo le ve pasando penurias, se pone a contar sus penas cuan voluntario de la Cruz Roja de veintiocho años recién afiliado a Nuevas Generaciones: 

@Horus (arañando desesperadamente el cristal, como si la terraza estuviera en llamas): Miaaaaaaaaaaauuuuu
@Moncrespo: Ábrele la ventana y que entre... ¿No te da pena verle así? 
@Fray_Fanatic (carcajeándome): Ni la más mínima. Es más, me hace muchísima gracia [esto último es verdad. Es que soy un poquito cabrón yo también].
@Horus (sobreactuando desesperadamente, simulando estar al borde del suicidio): Miiiiiaaaaaaaaaaaaaaauuuuuuuu
@Moncrespo: Javi, o entra el gato o me voy yo.

Esto ya son palabras mayores. Mi cuestionamiento de las instituciones nacidas de la Transición amenaza con hacerme acabar como Mario Conde. Es hora de recurrir a argumentos de peso: Meritocracia. Si el gato de turno quiere llevárselo crudo, al menos saquemos su mamandurria a concurso público en el correspondiente Boletín Oficial:

@Fray_Fanatic (muy confiado): Horus, te abro la ventana dos dedos. Si tú eres capaz de abrir el resto, te quedas dentro. 
@Moncrespo: Perfecto. [Y aquí, lo reconozco, debí mosquearme y no lo hice...]
@Horus: Miaaaaaaauuuuu... [Descubre la rendija inmediatamente. Los ojos verdes se le ponen negros, como siempre que proyecta alguna maldad. Trata de ampliarla con sus dos patucas mientras me da un ataque de risa ante sus esfuerzos... hasta que, muy débilmente, consigue exactamente meter la cabeza en el cuarto. Se me corta la risa porque a partir de ahí, el resto va rodado: Se contonea, se escurre, empuja... pero ya está dentro. Cabrón.]
@Fray_Fanatic (Cogiendo al gato y colocándole fuera del cuarto de nuevo): Esto no ha valido, era muy fácil. 
@Moncrespo (Muy digna): Javier, esto que has hecho es una fascistada. 
@Fray_Fanatic: Fascistada sería si hubiera cumplido mi palabra. Mentirle al gato es una comunistada. 

A @Moncrespo le hace gracia la broma y yo me apresuro a bajar la persiana para que no le vuelva a dar pena ver al gato.

Afortunadamente, @Moncrespo no es Rajoy y lo de las fascistadas se la trae bastante al pairo. Porque sé de muy buena tinta que cuando Wert le llevó a Rajoy un proyecto de Presupuestos Generales del Estado en el que el Ministerio de Cultura había recortado los 414 millones de euros que se llevan crudos en subvenciones los diferentes miembros de la élite cultureta española (SGAES, guionistas, cineastas, productores, libreros y bandas de la Zeja varias), el Presidente del Gobierno los rechazó de plano:

@Mariano_Rajoy: ¿Pero tú sabes la de gatos que tiene el PSOE viviendo de esto? Como lo quitemos, nos van a decir que es una fascistada. 

En vez de eso, instauró el copago farmacéutico. Ahora los ancianos pagan por las recetas y está por verse que un montón de gente de mi edad tenga cobertura sanitaria. Pero a cambio Almodóvar podrá rodar algún bodrio guionizado por Sinde en el que un miembro del Clan Bardem salga haciendo exactamente lo mismo que está haciendo mi Horus mientras yo escribo estas líneas: Lamerse el rabo sobre la cama como si no hubiera nada más importante en todo el continente. 

Y es que al gato le gustan las subvenciones. Así que de suprimirlas, nanay. Es más, todo el gasto público y todos los recortes y ahorros que nos imponga Bruselas habrán de realizarse de forma que le gusten al gato. Pero es que toda la estructura territorial del Estado es un gigantesco parque rascador en el que triscan alegremente 400.000 gatos, representando todas las sensibilidades políticas y sindicales del país. Las embajadas autonómicas. Las setenta y tantas televisiones públicas. Las fundaciones, direcciones generales, diputaciones, mancomunidades de municipios, municipios, los grupos municipales, las empresas públicas... Todos con sus correspondientes cuotas de asesores, secretarias, jefes de gabinete... enchufados, todos ellos. Elegidos a dedo. Gatos. 

Mi Horus podría perfectamente recorrer España desde Badajoz a Irún saltando sobre las cabezas de tanto gato setentayochista como hay suelto. Y si en algún momento tocara tierra, existe una muy elevada probabilidad de que muriera atropellado por uno de los once mil coches oficiales que mantienen nuestros ocho mil municipios. Cada uno de ellos conducido por un gato-chófer, puesto de confianza  al que a veces le cae una chuchería extra en forma de ERE ficticio o raya de cocaína. 

Así que una vez aclarado que de reducir gastos nanay (¡con lo que le gustan al gato los dispendios!) toca encontrar el modo de financiarlos. De pronto estás durmiendo un domingo amanecer (cosa que en estos meses de verano puede significar que no son ni las seis de la mañana) cuando de pronto algo peludo me lame, me empuja, me topa con la cabeza... Me despierta, en definitiva, para ponerme frente a frente a un gato rubio atigrado con un par de ojos más negros que el alma de un concejal de urbanismo: Horus no comprende que los Poderes Públicos y el Buen Pueblo Español tengan algo más vital o algún interés superior a mantenerle el comedero lleno, el bebedero con agua limpia y sus ganas de jugar razonablemente satisfechas. 

Solo que no es Horus. Es el Boletín Oficial del Estado, que trae una nueva subida de impuestos. 

@Fray_Fanatic: Mon, cielo... ¿Te dejaste la puerta abierta anoche? 
@Moncrespo (que tiene el sueño ligero y que, con seguridad, ha dejado la puerta abierta adrede): Anda, no eches al gato... ¿Es que no te da pena? 
@Fray_Fanatic: ¿Y yo? ¿No te doy pena yo? 

Pero no se la doy. Porque lo importante no es lo mal que lo pase el populacho cuando le despiertan de madrugada, sino seguir haciendo lo que le guste al gato. Así que o me levanto yo mismo a cazar al gato (yo medio dormido y él, en plena hora de caza y recién descansado) o trato de capear como pueda el vivir en un infierno fiscal con un 52% de IRPF en el que, además, me van a subir el IVA.

@Fray_Fanatic: Cielo... ¿Lo coges tú y lo sacas fuera?
@Moncrespo: Javier, lo que le guste al gato.  

Me lo imaginaba. 


Comentarios

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Autor: amdg
Fecha: Viernes, 06 de julio de 2012
Hora: 22:10

¿? Aun no me he repuesto del susto. ¡Un gato! Solo te imagino con un doberman, o un pastor o al menos un podenco...