Jueves, 21 de junio de 2012

Sortu: Los complejos nos cuestan caros.

El Tribunal Constitucional -ese órgano controlado por los políticos para mangonear en el Poder Judicial- ha declarado legal a Sortu y autorizado su inscripción en el Registro de Partidos Políticos del ministerio del Interior. Voy a ahorrarme consideraciones políticas sobradamente conocidas ya que si a estas alturas queda alguien que no se haya dado cuenta de que estamos ante un final pactado de ETA con TODAS las instituciones del Régimen (desde el Rey hasta el PP pasando por PSOE y Judicatura) en el ajo, no se va a caer del guindo porque leérmelo a mí. 

No obstante, no me resisto a un par de comentarios jurídicos sobre el asunto: 

- El frente jurídico de la lucha contra los brazos políticos de ETA que abrió Aznar y que culminó con la Ley de Partidos ha tenido frutos importantes: Se forzó un relevo generacional en Batasuna (de la generación de Idígoras a la de Otegui), se reventó el Pacto de Estella, se posibilitó el puro y simple secuestro del censo electoral vasco necesario para que un no-nacionalista llegara a Lehendakari. 

- La ilegalización de ideas no es ningún tabú. Muchos países de nuestro entorno tienen ilegalizadas la expresión política de determinadas ideas: Alemania tiene prohibido el nazismo y el comunismo, por ejemplo. El problema fundamental es que en España se quiso ilegalizar ideas... pero sin ilegalizarlas. Y la construcción jurídica resultante era tremendamente débil.

- Me explico: Bien está que una banda armada no pueda tener un brazo político subordinado. Desde el punto de vista jurídico, esto es inatacable: No se puede permitir ninguna asociación (ni política, ni de ningún otro signo) cuya estructura esté al servicio del delito. Hasta aquí, perfecto. 

El problema lo tienes una vez has ilegalizado Batasuna (¡no por estar subordinada a ETA, sino por no condenar el terrorismo!) y te encuentras automáticamente con sucesivas marcas políticas encaminadas a agrupar electoralmente a los simpatizantes de Batasuna. Si quien se presenta en el Registro de Partidos es Idígoras u Otegui, el fraude de ley es obvio. Pero si quien se presenta es su cuñado, que no sale en sumario alguno, la cosa se complica. No digamos ya si quien se presenta es uno que tapea con él o, simplemente, uno perfecto votante anónimo de Batasuna que da el paso de comprometerse políticamente. 

La clave aquí es que vas a tener que demostrar bien la subordinación de cada uno de esos partidos bien directamente a ETA, bien a una estrategia de continuidad de Batasuna. Y en medio, y aquí viene el problema, tienes los derechos civiles y políticos de mucha gente   que jamás ha cruzado la puerta de un Juzgado.

Y como lo que has ilegalizado no es una idea sino una subordinación política, te ves obligado a inventarte conceptos jurídicos como el de la "lista contaminada", que presupone la existencia de personas que por el mero hecho de -hablo de listas de ANV ilegalizadas por el Supremo- ser familiar de etarra o ex-concejal de Batasuna "contaminan" de subordinación a ETA cualquier lista en la que se presenten sin que juez alguno haya suspendido sus derechos políticos. Acabas de crear una casta de parias políticos en toda regla. 

Tengo la sospecha de que el Tribunal Constitucional ha hecho ahora y por razones de Estado lo que el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo hubiera hecho dentro de un año por razones jurídicas básicas: A un señor que no ha cometido delito alguno no se le puede expulsar de la vida política por ser pariente de un etarra. O porque Otegui pida que se le vote. 

¿A dónde nos lleva esto? A que se deberían haber ilegalizado, pura y simplemente, las ideas. Es mucho más fácil -y más presentable- discriminar entre una organización que defiende el separatismo y una que no lo hace que declarar apestado ad hoc a tal o cual componente de una lista electoral. Y desde el punto de vista constitucional, la base para la ilegalización de los partidos separatistas me parece infinitamente más consistente que la que se utilizó para ilegalizar retroactivamente a Batasuna por no haber condenado la violencia. 

¿Y porqué no se ilegalizó el separatismo? Pues porque Aznar, mal que les pese a algunos, no dejó en ningún momento de ser un pilar de la Banda de los Cuatro (PP, PSOE, CiU, PNV) que secuestró la soberanía española hace ya lustros. Pero eso es otra historia y de ella podemos hablar otro día. 


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