Domingo, 10 de junio de 2012

Diez breves impresiones sobre el rescate a los bancos

La Unión Europea pone encima de la mesa 100.000 millones de euros al 6% para salvar a nuestro sector bancario. Sin someter su entrega a ninguna reforma que garantice su reembolso y sin intervenir las cuentas del Estado para asegurar que el dinero se destina del modo y manera previsto por el prestamista.

Unas breves ideas sobre tan gozoso acontecimiento: 

Primera: Es mentira que no vaya a haber condiciones, salvo que Barroso, Draghi y Merkel hayan sido sustituidos por San Francisco de Asís, Willy Wonka y la Madre Teresa de Calcuta. Es más, el hecho de que no se quieran reconocer las obviamente existentes condiciones me sume en la más profunda inquietud. 

Segunda: Aunque los medios de comunicación se esfuercen en ocultarlo, 100.000 millones es muy poco dinero para sanear nuestro sector bancario, que necesitaría al menos cuatro veces esa cantidad y muy probablemente de cinco. Yo me mantengo en lo que vengo meses diciendo en Twitter y Facebook: Solo Bankia va a necesitar 100.000 millones. Y en el extranjero lo saben

Tercera: El rescate va directamente contra la solvencia del Reino de España, al ser dinero que se presta al FROB, es decir, al Estado.

Cuarta: Se aprueba un absurdo artificio contable según el cual, a ojos de Eurostat, este dinero no va a computar a efectos de déficit público. Pero el caso es que diga lo que diga Eurostat, el rescate hace acumular a España una deuda pública equivalente al 90% del PIB del país, siendo que la recaudación anual de nuestra Hacienda apenas llega al 38% del PIB y está bajando. (El PIB español es aproximadamente de un billón de euros).

Quinta: Para víctimas de la LOGSE, lo expuesto en los dos puntos anteriores quiere decir que quien le preste dinero a España hoy corre mucho más riesgo de impago que el que lo haya hecho ayer. Y eso lo vamos a ver en la prima de riesgo y en los tipos de interés que va a tener que pagar España cada vez que saque deuda pública a subasta.

Sexta: Los bancos van a seguir sin dar crédito, por las razones que explica Juan Ramón Rallo en el apartado quinto de este artículo. Huelga decir que el Profesor Rallo me parece un optimista.

Séptima: Como ya dijimos hace tres años, avalar la deuda del sistema financiero es, sin paliativos, una autopista al corralito. Por supuesto, mantengo lo dicho en 2009 y añado: Cuando el Gobierno se vea incapaz de sostener a los bancos, habrá que aceptar la intervención del Estado o ir directamente al default.

Octava: Como el problema de fondo que hay con nuestro sistema financiero es que está quebrado, tanto el principal como los intereses de este rescate y del/los que vengan después (recordemos: 100.000 millones son muy poco) los vamos a acabar pagando vía impuestos. Estas son las consecuencias de no haber seguido el orden lógico de las cosas, que consistía en que a partir de 2008 hubieran quebrado Caja Castilla-La Mancha, las siete cajitas que componen Bankia, a las tres que conforman Catalunya Caixa, a las tres de NovaCaixaGalicia y al Banco Pastor. 

Novena: Quiero recalcar que el hecho de que un prestamista perciba interés por su préstamo me parece justo... a condición de que asuma el riesgo de impago que ese interés remunera. Lo increíble es que ni uno solo de los prestamistas a los que estos bancos y cajas que hoy hay que rescatar deben dinero vayan a perder ni un euro y que las consecuencias de sus ruinosas inversiones las vayamos a pagar los contribuyentes del Reino de España.

Décima: Casi huelga decirlo, pero el papel de la prensa española en esta situación, particularmente entre los medios más cercanos al Ejecutivo, no puede ser más patético


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