Lunes, 02 de abril de 2012

El mal menor: Arnaldo Lehendakari

Ayer al mediodía escuché, atónito, la siguiente noticia en Intereconomía: "Los presos de ETA, muy descontentos con la candidatura a lehendakari de Arnaldo Otegui". Traducido al castellano: Sigue el "proceso de paz", todo el pescado está ya vendido y Otegui va a ser -candidato a- Lehendakari. 

Y como el sapo es difícil de tragar, empezamos poquito a poquito con la operación de imagen: Ahora resulta que Otegui no gusta a los etarritas presos. Motivo por el cual, naturalmente, Otegui es un poco menos malo. ¿Es que acaso preferirían ustedes de -candidato a- Lehendakari a Pakito Mújika? ¿O al inaprensible Ternera? Malminorismo en estado puro. 

Pero, aunque parezca mentira, algo hemos avanzado. Hasta este momento, el discurso oficial era que a ETA se la vencía desde las instituciones democráticas. Ahora ya está claro que no: Que desde el Sistema constitucional de 1978 es imposible vencer a ETA. Imposible, sin paliativos. Solo así se puede aceptar que un Otegui como candidato a Lehendakari con bastantes probabilidades de salir elegido toda vez que Batasuna ha logrado una coalición bajo su predominio con toda la izquierda abertzale presentable (Eusko Alkartasuna + Aralar) sea el mal menor respecto a algo. 

La derrota del separatismo dentro de los mimbres del 78 fue siempre un imposible político y estratégico: Batasuna no es deslegitimable con un PNV hiperlegitimado, gobernando en Vitoria (con todo el poder adoctrinador que ello conlleva) y negociando en Madrid (con todo el poder político que eso otorga). Si Batasuna no es deslegitimable, no es aislable. Si no es aislable, se convierte en parte imprescindible de la política vasca.

La situación de verdadero guantánamo electoral creada en el País Vasco estaba condenada al fracaso toda vez que requería no solo una total entente PP-PSOE -y el PSOE nunca ha creído que las tesis independentistas vascas fueran ilegítimas per sé- sino también una campaña de deslegitimación activa del separatismo. Ni el PSOE se ha mantenido en la estrategia, ni el patriotismo y el amor a España han sido promovidos en modo alguno... Lo que ha determinado finalmente la imposibilidad de derrotar no a la "lucha armada" de ETA, sino a su brazo político.

Brazo político que va mucho más allá de la propia Batasuna. Y que -y por eso digo que hemos avanzado- es invencible dentro de una Constitución inútil para combatir el separatismo. 

La buena noticia, la justificación del "mal menor" de ver a Otegui como Lehendakari, es que por fin se asume que dentro de la Constitución de 1978 no se puede vencer a ETA. La mala, lamentablemente, es que en vez de a unas Cortes Constituyentes que elaboren un texto más capaz de defender lo que es España, la clase política española está optando por asumir como inevitable que Arnaldo Otegui sea Lehendakari. 

Hecho que no me cabe la menor duda de que vamos a ver pronto, y con consecuencias imprevisibles. O demasiado previsibles. 


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