A cada España le llega su San Martín
Que en España la política se concibe como el fútbol es un hecho innegable. No hay más que ver la cantidad de votos que a pesar de todos los pesares ha obtenido al Partido Socialista Obrero Español en las últimas elecciones pese a la situación institucional y económica del país.
Tampoco es cuestionable que los españoles somos gente de corta memoria y drogada por la desinformación masiva de los medios-camellos de guardia: No hay más que ver como el mismo Partido Popular que sin ningún género de dudas activó y cargó la bomba de la burbuja inmobiliaria que se nos lleva por delante va camino de convertirse en el Partido Único del país sin aclarar siquiera su programa económico.
José Luis Rodríguez Zapatero ha sido el San Martín de la izquierda. De la España de fantasía que dio el coñazo en el 68 francés, corrió delante de los grises y aupó a Felipe González al Gobierno. ZP ha sido el San Martín del progresismo chachiguay, con su LOGSE, su feminazismo, su puesta en tela de juicio del mismo concepto de España, su temeridad en lo tocante a las instituciones básicas del Estado, su estúpido buenismo y su Alianza de Civilizaciones.
El resultado final de todo esto, envuelto en una crisis económica de raíz inmobiliaria y crediticia que se conocía sobradamente en 2004 y cuyas consecuencias más graves se podían haber atajado entonces ha sido la desolación para el país y el hundimiento del Partido Socialista, que se va a pasar al menos un ciclo electoral en cotas mínimas de poder y eso suponiendo que levante cabeza.
Y en 2012 llega Mariano, destinado a ser el San Martín de la otra España, la de la Derecha De Toda La Vida. El santo laico al que dirigen sus preces los millones de votantes que esperan con hambre y sed de Justicia la Segunda Venida del PP, convencidos realmente de que esto será como en el 96 y de que solo hace falta que llegue al poder uno de los suyos para que los mercados vuelvan a confiar en España, los bancos vuelvan a dar créditos, los andamios vuelvan a llenarse de millones de albañiles recién llegados del Ecuador y encima -esta parte de la profecía me dejó patidifuso el pasado sábado- nos bajen los impuestos.
No, no es coña. Con una deuda pública reconocida equivalente al 63,3% del PIB (¡679.779 millonces de euros, nada menos!) y compromisos de avalar al menos un 50% más de esa cantidad en concepto de deuda contraída por nuestras Cajas de Ahorros, aún hay ilusos en España que creen que San Mariano Rajoy nos va a bajar los impuestos. El razonamiento es, desde luego, todo un testimonio de fé: Llegará Mariano (no sabemos si descenderá envuelto en una nube), volverá la confianza internacional en las posibilidades de España (a fin de cuentas un tipo barbudo siempre inspira confianza), subirá la actividad económica (no sabemos como o haciendo el qué) y así Hacienda recaudará más dinero con el que pagar la deuda pública (¡milagro, milagro!) y al aumentar la actividad económica, el sector privado podrá pagar la suya (¡santo súbito! ¡santo súbito!).
El conjunto de falacias en este Evangelio del Marianismo Económico es tan enorme que merece la pena despiezarlo:
1) Volverá la confianza internacional en España: Desde el punto de vista económico, la confianza internacional no es tanto la confianza que inspire tal o cual dirigente, sino la confianza en que un país puede afrontar el pago de sus deudas. El dirigente influye en cuanto a su credibilidad para llevar a cabo las reformas necesarias para ello. Ya sospechamos que el nivel de reformas que está dispuesto a realizar Zapatero es próximo a cero, ergo la confianza en que España pague sus deudas con él al timón baja al mínimo, porque nuestros acreedores y posibles prestamistas exigen esas reformas que incluyen no solo la flexibilización del mercado laboral, sino también subidas generalizadas de impuestos. La confianza que inspire la futurible España de Rajoy, por lo tanto, irá directamente ligada al grado de cumplimiento que el líder del PP esté dispuesto a dar a estas dos exigencias.Es decir, a su transformación de San Mariano en San Martín.
2) Subirá la actividad económica: Ese hipotético aumento va directamente ligado a nuestra competitividad. Es decir, a que aumente espectacularmente nuestra productividad, a que se reduzcan nuestros costes (salariales, sociales, inmobiliarios) o a que estemos en condiciones de realizar devaluaciones competitivas... es decir, a que salgamos del euro. Dado que una salida del euro nos abocaría a una quita soberana importante, esta última no es la mejor opción para inspirar ningún tipo de confianza internacional. En cuanto a las otras dos, el aumento de la productividad se logran mediante inversiones en tecnología o I+D+i... para las cuales carecemos de capital. Queda la vía del recorte de costes. Es decir, la de convertir a San Mariano en San Martín.
3) Y así Hacienda recaudará más dinero para pagar la deuda pública: Aunque los puntos 1 y 2 se cumplieran tal como predican los profetas del marianismo, el mero aumento de la actividad económica no va a servir para un aumento en la recaudación suficiente para ir pagando la deuda. Aznar pudo hacerlo, sí. Pero pudo hacerlo porque el montante global de la deuda era mucho menor. Aquí los intereses simplemente nos aplastan y nos obligarán a sucesivas subidas de impuestos. Es decir, a convertir a San Mariano en San Martín.
4) Y al aumentar la actividad económica, el sector privado podrá pagar la suya: Esto, simplemente, es mentira. De entrada porque el sector privado no es un ente con responsabilidad individualizable como lo es el Estado, sino que se compone de cientos de miles de empresas y particulares cuyas deudas que pueden ser o no cobrables y que pueden tener relación o no con deudas contraídas anteriormente. El grueso de esta deuda es de las Cajas de Ahorros, es de naturaleza inmobiliaria, ha sido avalada por el Estado y solo es pagable por las propias Cajas en la medida en la que reactivemos la burbuja inmobiliaria, es decir, en la medida en que volvamos a unos precios inmobiliarios absurdos. Dado que esto no va a suceder (de hecho, nuestros costes inmobiliarios tendrían que seguiur bajando hasta hacernos competitivos con China, ya que cuanto más bajen los inmuebles menos tendrán que bajar los salarios), el Estado seguirá haciéndose cargo de los vencimientos de deuda de las Cajas.... lo cual nos lleva necesariamente a un aumento de impuestos a corto plazo y muy probablemente a una quita soberana al medio. Es decir... a que San Mariano se convierta en San Martín.
¿Qué harán los devotos de San Mariano cuando en 2014 o en 2015, en plena Segunda Venida del PP, la situación sea aún más dramática que ahora? ¿Qué dirá Intereconomía? ¿Se atreverán por fin entonces a decir que el Emperador va en bolas y a echar a San Mariano y a su secta a los leones? ¿O lo importante será entonces evitar que lleguen Rubalcaba o Chacón, como lo es hoy echar a Zapatero?
Tiren un comodín. Y récenle a San Mariano, con suerte el último cartucho de los cincuentones que nos gobiernan. Y el San Martín de la otra España. La de la derecha.












