Primar el robo sobre la defensa
Parece mentira que después del escándalo del crimen multicultural de Pozuelo del año 2001 (en el que un moldavo asaltó un chalñet, mató al padre, hirió a la madre y a una de las hijas y además violó a la otra) sigamos criminalizando la autodefensa individual en España, pero así es: El yerno de los Tous (ya saben, la familia de joyeros) se enfrenta a 11 años de prisión por matar a uno de los tres albanokosovares que asaltaron el domicilio de la familia. 11 años y 210.000 euros de indemnización para la mujer y el hijo del muerto, de los cuales ya ha tenido que consignar 150.000.
No me digan que no es genial: Veinticinco milloncejos de las antiguas pesetas para compensar al albanokosovarín de marras y a su señora esposa -cuyo estatus legal en España en el momento de suceder los hechos podemos imaginar- porque papaíto asaltante entró a robar a casa de una familia con posibles y le dieron matarile. ¿Somos o no somos el asombro del mundo?
La buena noticia es que será juzgado por un jurado popular. Por personas corrientes que, a fin de cuentas, deben tener muy claro que el sentido común debe primar sobre legislaciones penales absurdas que convierten a cualquier particular en un castrado a la hora de defender su hogar. La mala es que el Ministerio Fiscal -que representa, se supone, los intereses colectivos en lols procesos penales- está exigiendo penas máximas contra el acusado Corominas, pese a que este no hacía nada más que defender su propiedad, sus bienes y las vidas y libertades sexuales de los suyos.
¿Sus vidas y sus libertades sexuales? Exactamente. Porque -y esta es la falacia principal de quienes, empezando por nuestro propio Código Penal, exigen proporcionalidad en la defensa en este tipo de casos- en el momento en el cual entra en tu casa un desconocido armado, tú no tienes ninguna razón para suponer que va a limitarse a robar: Puede pretender asesinarte. Su objetivo principal puede ser cometer una violación. Un asaltante ha entrado en tu domicilio tratando de maximizar todas sus ventajas para cometer cualquier crimen (sigilo, armas, nocturnidad...) y tú no conoces ni su historial, ni sus intenciones, ni sus capacidades. No hay absurdo mayor que exigir proporcionalidad ante amenazas cuya intensidad y alcance te son desconocidos.
Y además de desconocidos, te son indiferentes. Porque el derecho de un extraño a entrar en tu casa de madrugada es cero. Ninguno. Nulo. Y el mío a impedírselo debe ser, en buena lógica, absoluto. Sin que tenga la más mínima importancia si su objetivo final es robar el televisor, violar a la primera hembra que pille en una habitación o huir de la casa con mi colección de sellos. Su derecho a hacer todas esas cosas sigue siendo cero y mi derecho a defender todos esos bienes debe ser total. Es el criminal y no la víctima quien crea la situación que me obliga a defenderme y es por lo tanto él quien debe cargar con todas las consecuencias que le acarree su decisión de atentar contra mis bienes, incluida su propia muerte.
Lo contrario, es decir, la limitación de mi defensa a una proporcionalidad respecto a un grado de amenaza que me es desconocido y en atención a un baremo de valoración de bienes que no deja de ser siempre subjetivo, no hace sino crear un incentivo extra para la criminalidad al multiplicar infinitamente la asimetría de la situación: Él -y solo él- conoce su objetivo, su propia capacidad y el nivel de violencia que está dispuesto a emplear y no está obligado a proporcionalidad alguna, mientras que a ti -que solo sabes que alguien ha entrado en tu casa de noche y por la fuerza- solo te queda encerrarte en tu habitación y rezar porque la Policía llegue pronto, no vaya a ser que se te ocurra defenderte antes de preguntar y termines teniendo que pagarle a su hijo el instituto, su primer coche y la educación universitaria.












