Una de romanos yankis: La Legión del Águila
Los intentos del cine americano por convertir a su país en heredero de Roma vía Inglaterra no paran de sorprenderme. Los intentos anteriores que recuerdo son, respectivamente la versión de El Rey Arturo lanzada en 2004 y algo más recientemente, La Última Legión y Centurión. La primera película parte de la imposible base histórica de que el ya de por sí improbable Rey Arturo fuera un oficial de las legiones romanas y el conjunto de inexactitudes, invenciones, mentiras, puras fantasías y anacronismos convierten a este pintoresco western en algo completamente desechable desde el punto de vista de la realidad histórica. Por más que la película sea realmente entretenida.
La Última Legión recoge una certeza histórica más o menos contemporánea a las leyendas artúricas: Es perfectamente defendible históricamente que Rómulo Augústulo siguiera vivo a principios del Siglo VI. El problema está en que el viaje a Britania del Emperador-niño es pura fantasía ya que se sabe que su confinamiento en Campania (acompañado de una sustancial pensión vitalicia) duró desde su deposición en el año 476 hasta su muerte, que se produjo a más tardar en el año 511. Rómulo no pudo, por lo tanto, ni viajar de niño al muro de Adriano, ni encontrarse allí con la desaparecida IX Legión (luego hablaremos de ella), ni mucho menos quedarse a engendrar al que sería el Rey Arturo como pretende La Última Legión.
Y todo esto dejando aparte la total y absoluta certeza histórica de que Rómulo Augústulo era, de hecho, un usurpador. El legítimo Emperador de Roma -y realmente el último en ostentar tal título- fue Julio Nepote, reconocido tanto por Odoacro como por el Imperio Romano de Oriente hasta su asesinato en Dalmacia en el año 480.
Siendo indefendible una suerte de sucesión entre el Imperio Romano y lo que después sería conocido como el mundo anglosajón, todos los intentos cinematográficos en este sentido están condenados a la falta de rigor o al ridículo. Esto es lo que le pasó a Centurión, absurda película de serie B en la que siete supervivientes de una emboscada que ha terminado con la destrucción total de la IX Legión (segunda vez que sale), entre los que no faltan ni el cowboy-protagonista ni el negro de cuota huyen de los salvajes pictos con apoyo de una druida local.
El tema de los negros en el ejército romano no es para echarse las manos a la cabeza. En las Auxilia (tropas auxiliares) su presencia debía ser bastante normal y aquellos que servían en los cuerpos de Auxilia obtenían la ciudadanía romana, transmisible automáticamente a sus hijos. Dado que para servir en las Legiones solo se requería una buena forma física, órganos genitales masculinos, ciudadanía romana y no haber sido esclavo (aunque los hijos de los libertos sí eran admitidos), no me cabe duda de que en el Siglo II los negros eran una visión no común pero desde luego no infrecuente en las Legiones. Pero me desvío del tema.
Estaba hablando de tres películas de romanos, las tres ambientadas en Britania y las tres contándonos poco más o menos una fusión entre Roma y el mundo anglosajón ya sea mediante la legitimidad militar (Rey Arturo), dinástica (La Última Legión) o simples simpatías entre los britanos (Centurión). A mí la pauta se me hace evidente.
Y no hay tres sin cuatro y La Legión del Águila sigue esta pauta completamente. La película parte de la desaparición de la totalidad de la IX Legión (y van tres veces) tras una batalla contra los pictos en la cual se pierde la valiosa águila de la Legión. El hijo del portaestandarte, que ha vivido toda su vida atormentado por tal deshonra, tratará de lavarla intentando rescatar la preciada insignia viajando a las Tierras Altas con la ayuda de su esclavo picto que es -encima- hijo de uno de los jefes tribales muertos por los romanos en tal batalla.
El primer problema es que la IX Legión -y ya iba siendo hora de hablar de ella- no se perdió en Escocia en el 117 d.C. Es totalmente falso. Simplemente, la Legio IX Hispana fue reemplazada de sus funciones en Britania por la Legio VI Victrix y redesplegada en la actual Nimega (Holanda), donde permaneció hasta el 131 d.C. en el que fue enviada a combatir a Oriente. Fue allí donde probablemente fuera diezmada o aniquilada en algún momento anterior al año 161 d.C.
Dejando de lado el falso misterio de la Legión desaparecida, La Legión del Águila es la historia de la improbable amistad entre un centurión romano y su esclavo britano y de como solo mediante la necesaria fusión entre los talentos y las lealtades de ambos logran el objetivo común de recuperar el águila de la IX Legión y de paso poner en evidencia a la oficialidad de Roma. Franquear el Muro de Adriano. Engañar al Pueblo Foca. Reunir a los desertores de la Legión perdida para embarcarles en una última batalla desesperada en la que al final no vence Roma, sino la utópica Britania romanizada.
Nada, en definitiva, que no hayamos visto ya. Más de lo mismo. Y ya me cansa.












