jueves, 07 de abril de 2011

La caída de Portugal

Finalmente Portugal ha resistido seis días más de lo que indicaban nuestras predicciones más optimistas, allá por el mes de Enero: Hace escasas horas, el Presidente luso acaba de solicitar formalmente el rescate de la Unión Europea. Para gran alivio de los inversores que estaban comprando una deuda lusa considerada de muy alto riesgo a intereses superiores al 10%, confiados precisamente en que al final sería el ahorrador europeo el que los terminaría pagando, vía eurobonos o fondo de rescate, según el mecanismo que ya comentamos aquí

Hablando claro y pronto, eso es una completa inmoralidad. Portugal, Irlanda, Grecia y posiblemente España (que será probablemente la próxima) deben quebrar. Y sus acreedores deben aceptar quitas. Nos parece perfectamente justo que los riesgos del capital se remuneren mediante intereses... siempre que estemos hablando de riesgos reales. Porque la posibilidad de quiebra del deudor es uno de esos riesgos del capital que justifican moralmente el cobro de intereses en los préstamos. Y bajo esta perspectiva, es absolutamente inmoral que un señor pueda jugar a la ruleta rusa de comprar deuda con altísimo riesgo de impago remunerada a intereses parejos con la absoluta seguridad de que ese bono-basura en el que está invirtiendo se lo va a acabar pagando, principal e intereses, el conjunto de la ciudadanía. 

El rescate de Portugal era inevitable. No tanto porque lo quisiera Portugal (no puede ser deseado un rescate tras ver las durísimas medidas de ajuste tomadas con Grecia o Irlanda) como porque era un clamor entre los mismos prestamistas institucionales (bancos europeos y fondos de capital-riesgo) que invertían en los bonos-basura portugueses sabiendo que era imposible que Portugal pagara las astronómicas tasas de interés que su riesgo-país requería... pero también que era imposible que la burocracia de Bruselas no terminara saliendo en tromba para lograr que los contribuyentes europeos pagaran el pato. 

Digámoslo ya: Sin la seguridad de un eurorrescate, Portugal no hubiera encontrado financiación para su déficit público ni a tipos 10%, ni probablemente a tipos del 15%. La república lusa se hubiera visto obligada no solo a equilibrar sus gastos de acuerdo a sus ingresos... sino incluso a reducir aquellos o aumentar estos de forma mucho más drástica de lo que ha venido haciendo desde el inicio de la crisis. En lugar de ello, Portugal ha ido huyendo hacia delante financiando su deuda a tipos de interés absurdos en perjuicio de unos pocos que hubieran sido los primeros afectados en caso de una suspensión de pagos del país luso. 

Por supuesto que una suspensión de pagos -una quiebra soberana- no es ni mucho menos un escenario idílico. Pero en una quiebra soberana, tras un breve periodo de tiempo muy malo -turbulento incluso- se renace. Lo que se va a hacer con Portugal -que es lo que se está intentando con Grecia- es obligar a sus ciudadanos a que se echen sobre los hombros una deuda impagable, asumiendo recortes sociales durísimos... para a la postre, terminar exactamente igual: Fuera del euro y suspendiendo pagos. Porque la deuda portuguesa es -como la griega, como la irlandesa- matemáticamente impagable. 

¿Y España? España no es Portugal. Es infinitamente peor. Portugal no se ha dedicado en los años de tipos de interés bajo a construir ciudades fantasma, ni aeropuertos condenados al cierre y nisiquiera a expandir absurdamente la administración pública. Pero tampoco han invertido en I+D+i, ni han modernizado su sistema tributario, ni han permitido una competencia real en sectores clave. Los gobiernos lusos de los últimos diez años se han limitado a no hacer nada y financiar sus gastos corrientes aprovechando el crédito barato.  Y eso ha sido suficiente para generar una deuda tan salvaje que les ha llevado al hundimiento.  

España tiene cuatro veces el déficit luso. Con el atenuante de tener cuatro veces la población de nuestro vecino. Y con el agravante de habernos dedicado los últimos lustros a expandir los gastos fijos del Estado y a crear una inmensa burbuja inmobiliaria que nuestro sistema financiero está digiriendo despacio, muy mal y con cargo a un presupuesto público que tampoco reconoce realmente la magnitud de su deuda, por la vía de ocultarla en empresas públicas.

Aguantaremos unos cuantos meses más a base de no reconocer datos PIB negativos por más que retroceda la industria, el comercio caiga un 8% o el déficit de la balanza comercial (es decir, la diferencia entre lo que compramos fuera y lo que vendemos al exterior) siga aumentando. Los compradores de deuda empezarán a darse cuenta del riesgo que supone España de aquí a unos meses (tal vez Septiembre) cuando se conozcan los datos de déficit por cuenta corriente. 

Antes -y muy concretamnete, tras el 22-M- empezaremos a ver intentos por hacer recortes muy drásticos de gasto público. El objetivo va a ser evitar un rescate hasta después de las generales de 2012. Pero mucho nos tememos que no va a poder evitarse que sigamos el mismo camino que nuestro hermano: Dudas impagables, intento de rescate a mayor gloria de nuestros acreedores y finalmente salida del euro. Ojalá me equivoque. 


Comentarios

Añadir un comentario