Sarkozy nos lleva a la guerra
Tengo el firme convencimiento de que si la Guerra de la ex-Yugoslavia duró lo que duró fue debido esencialmente a la actuación irresponsable de Alemania. El país germano, en efecto, reconoció el 5 de Enero de 1992 la independencia de Croacia, donde había triunfado el "Sí" a la independencia en un referéndum celebrado el 25 de junio del año anterior y que pese a las recomendaciones de una Comisión Europea proclamó su independencia tres meses después.
Al reconocimiento del aventurero Helmut Kohl se le sumó ocho días después el del no menos preclaro Karol Wojtyla. Y el resto es la triste historia de como lo que hubiera podido ser un proceso razonable de delimitación de fronteras y de aseguramiento mediante tratados del respeto adecuado a una realidad tan obvia como la existencia en Croacia de regiones de mayoría serbia se convierte en una sangrienta guerra de cinco años para imponer el restablecimiento de las fronteras anteriores a 1918 -año en el que, por cierto, Croacia ingresó voluntariamente en el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos que se convertiría 11 años después en el Reino de Yugoslavia- al margen de la realidad política de aproximadamente la cuarta parte del pretendido territorio croata.
Y todo ello, naturalmente, generando de paso la excusa para que los Estados Unidos de América crearan dos tumores islámicos y turcófilos -llamados Bosnia y Kosovo- en el corazón de Europa.
La actuación de Sarkozy reconociendo como Gobierno de Libia al consejo rebelde encabezado por el que fue hasta hace semanas -y durante seis años- Ministro de Justicia de Gadafi me recuerda y mucho a la de aquel Helmut Kohl en lo que a irresponsabilidad, consecuencias imprevisibles e imperialismo de andar por casa se refiere. Y el seguidismo vergonzoso de nuestro Gobierno, que desde que está Zapatero en la Moncloa casi parece actuar al dictado de París, no ayuda ni a España, ni al pueblo libio, ni a la estabilidad futura en el área del Mediterráneo.
Aquí la pregunta no es si Gadafi debe o no debe irse. La pregunta básica es si hay consenso bastante entre el pueblo libio respecto a si quieren un futuro sin Gadafi. Y después de esta pregunta, hay que saber si existe en Libia un poder armado organizado capaz de desalojar a Gadafi del poder y, de existir, quienes conforman ese poder y de qué forma planean ejercerlo.
Respecto a la primera pregunta, a estas alturas parece obvio que la respuesta variará radicalmente según se pregunte a las tribus del este o del oeste del país. Es cierto que Gadafi perdió al inicio de la crisis el apoyo de dos de las más importantes tribus de la Tripolitania, pero los equilibrios tribales forman parte de la política en muchos países de África -e incluso de Oriente Medio- y cuando se trata de alianzas tradicionales contra rivales ancestrales se recomponen con la misma facilidad con la que se rompen. En este momento, con el oeste del país en manos de Gadafi, con el avance de sus tropas detenido en Bengasi y con el precedente histórico de la imposibilidad de someter por tierra una mitad de Libia desde la otra, se diría que el juego de Sarkozy consiste simplemente en dividir el país.
Solo que no es tan sencillo. El ejército de Libia suma alrededor de 76.000 efectivos, de los cuales 45.000 se encuadran en el Ejército de Tierra. Se habló de un gran número de deserciones, pero estas se habrán producido fundamentalmente entre miembros de las tribus del este del país -que en lógica tribal serán una fracción pequeña del total de efectivos- y por lo que parece se ha tratado más de acontecimientos individuales que de deserciones en masa: Las fuerzas gadafistas han tenido y tienen en todo momento estructuras de mando y armamento pesado y en las milicias rebeldes tales cosas brillan por su ausencia.
En cuanto a la Fuerza Aérea, salvando dos deserciones a Malta se ha mantenido fiel al régimen desde el inicio de la revuelta hasta que el Reino Unido anunció su destrucción. Y se desconoce cual es el papel que esté jugando la Armada del país, si bien el hecho de que no se hayan anunciado a bombo y platillo deserciones de unidades o buques me hace imaginarme una situación muy similar a la del Ejército del Aire.
Con todo, la segunda pregunta no se responde mirando las tropas oficiales, sino con las estimaciones de tropas mercenarias: 120.000, en su mayor parte chadianos y en otros muchos casos, especialistas europeos o cubanos. A algunos de los primeros les hemos visto en los telediarios recién capturados por los rebeldes, posando ante las cámaras con chándals de equipos de fútbol y siendo obvio por su estado físico que se habían rendido sin disparar ni un solo tiro.
Y es que, efectivamente, el negroafricano es el peor soldado del mundo: Indisciplinado, dado a la molicie y al sadismo, e incapaz de guerrear en conflictos prolongados o alejados de su región de origen. No es de extrañar -y no nos extraña- que la figura del niño-soldado sea oriunda del África Negra: La inmersión desde la infancia en la vida militar es lo único que permite superar estas tendencias -particularmente las dos últimas- y alimentar conflictos de décadas en el continente negro.
Pero al margen de la calidad individual de los mercenarios chadianos de Gadafi, su despliegue en masa y con apoyo masivo de artillería mantiene Bengasi cercada a estas horas. Y cuando lo que tienes delante es una ciudad y lo que tienes detrás es un desierto, se entiende mucho mejor que los peores soldados del mundo no hayan huido en desbandada ni siquiera ante los ataques aéreos de la OTAN. Máxime teniendo en cuenta que un bombardeo es muy eficaz contra una instalación física o incluso contra un vehículo blindado... pero no contra unidades de infantería o piezas de artillería móviles.
Así que no. Probablemente no hay en Libia ningún poder armado capaz de desalojar a Gadafi ni del poder, ni del este del país. Lo cual no significa que este poder armado no pueda crearse con apoyo exterior (tal y como sucedió en la ex-Yugoslavia), en una labor que requerirá tiempo y que -seguro- recrudecerá el conflicto.
Y aun queda sin responder una tercera cuestión: Que habrá en Libia después de Gadafi cuando y si este cae. En este sentido, no me cabe la menor duda de que venga lo que venga tras Gadafi el petróleo -que está en el este- y los contratos estarán en manos francesas. Me da la sensación de que Cameron se ha dado cuenta demasiado tarde de la jugada de Sarkozy y, por cortarla, proclama ahora que el futuro de Libia sigue pasando por el mismo Gadafi al que bombardean sus aviones y los nuestros. Ya no es solo que Gadafi sea nuestro hijo de puta, sino que además los contratos que ha otorgado a Repsol, a BP o a Indra no deben ser sustituídos por otros a nombre de Total o de Maxtone.
En el caso de España, esos contratos son tan importantes que ha bastado que Cameron le cuente la jugada de Sarko a la inútil de nuestra Trinidad Jiménez para que esta se ponga a decir chorradas: Hay base común suficiente en el pueblo libio para la reconciliación, dice la muy ignorante. Pues ya veremos como, cuando y a que precio.
Porque ya es triste que a falta de una Alemania jugando a ser el árbitro de centroeuropa, un Vaticano jugando contra Belgrado el papel de protector de los católicos que se ha negado a jugar contra Jartum y unos Estados Unidos creando campos minados de Islam en los Balcanes, vaya a ser el capricho político de Sarkozy el que nos cueste una guerra de años en un país en el corazón de lo que en toda lógica debe ser un área de influencia europea y además clave para la seguridad de nuestro suministro energético.
En todo el resto del Magreb se les ha permitido llevar sus revueltas a su manera. En Libia, ha sido Francia quien ha forzado una situación explosiva. Espero equivocarme, pero esto no pinta bien... salvo que seas francés.












