El cine español como guarrería
He visto recientemente una película de cine español. No, no se trata de Torrente 4, obra de la cual su propio creador reconoce que es un conjunto de zafiedades sin cuento sin más intención que hacer reír, sino Mentiras y Gordas, una película creada por la presunta élite intelectual del país hasta el extremo de que la guioniza la actual Ministra de Cultura.
La película declaró un absurdo e injustificable presupuesto de tres millones de euros, fue vista en España por medio millón de espectadores, recaudó cerca de cinco millones de euros en taquilla por parte de cerca de seiscientos mil espectadores y recibió un año después de su estreno una subvención extra de un millón de euros por el Ministerio dirigido por su guionista.
Valga todo esto como preámbulo a lo que tengo que decir de una película que retrata a la perfección el auténtico cáncer social, económico, político en el que se ha convertido el cine español en las últimas décadas. Valga todo esto como preámbulo para empezar a entender porqué debemos rechazar en bloque el actual cine español, al que solo cabe calificar como el fenómeno cancerígeno y degradante que es para el país que lo produce, lo sufre y, además, lo paga de su bolsillo.
Digámoslo ya: La película es un insulto y un ultraje para toda la juventud a la que presuntamente retrata. Es una sucesión sin ton ni son de escenas pornográficas. Es un desfile interminable de superficialidades, una enciclopedia filmada de las drogas y un ejemplo de mal gusto, pobreza argumentativa, escenarios oscuros y cutres, transmisión de contravalores y búsqueda a conciencia del embrutecimiento del espectador.
Y todo esto -presuntamente, porque esa es otra- guionizado por la persona a la que el zapaterismo ha encumbrado como la máxima responsable de la cultura patria.
Si alguien tiene alguna duda de que el cine español es un tumor social, le animo a que se descargue esta película. Y a que, una vez vistos los minutos que haya podido soportar, se atreva a rebatirme lo que voy a decir ahora: Santiago Segura es un genio. Torrente no arrasa por su zafiedad, ni por sus gags ni por caricaturizar a uno u otro sector social: Torrente arrasa porque realiza un retrato vívido y real como la vida misma de lo que es el cine español. Donde los creadores de Mentiras y Gordas van de vanguardia de la intelectualidad para camuflar su pura y simple falta de luces, Santiago Segura les pone en su justo lugar creando un fenómeno social con la zafiedad de su saga, sin ninguna pretensión intelectualoide pero con dosis infinitamente mayores de talento y gracia.
Por eso nunca le van a dar un Goya. Porque reconocer el talento existente en la guarrería que es Torrente supone automáticamente reconocer que en la guarrería que es el resto del cine español, tal talento brilla por su inexistencia.
Estamos llegando al punto en el que el cine español ya no puede ser ignorado: Debe ser, directamente, combatido sin paliativos. Porque ese cine no nos representa. Y porque no queremos que la sociedad española de nuestra época sea recordada por las generaciones venideras como la tribu de cafres cuya mayor expresión artística fue precisamente esa.












