Canon a las radios
¿Entra en alguna cabeza que las radios no paguen ni un céntimo por retransmitir desde los propios estadios partidos de fútbol u otros eventos deportivos? Pues sí. Concretamente en la de los directivos radiofónicos y periodistas del ramo, verdadero hatajo de hipócritas que masacraron a Jesús Gil cuando se convirtió en abanderado de algo tan evidente y obvio como que la retransmisión en directo de un evento deportivo era algo que no solo excedía totalmente lo que es el derecho a la información y que además generaba un flujo económico del que los organizadores del evento podían, en toda lógica, exigir su parte.
Digo hipócritas porque lo son. Porque estos mismos que defienden el parasitismo y lo llaman "derecho a la información" no dudan un solo instante en pagar los cánones que se les imponen en otros países donde no todo el monte es orégano para el Cuarto Poder: Por supuesto que por retransmitir la Superbowl se paga dinero. Por supuesto que por retransmitir el All Stars se paga dinero. Y por supuesto que por retransmitir el Mundial de Fútbol de paga dinero, porque -que a nadie le quepa la menor duda- la FIFA existe, ante todo y sobre todo, para poner el cazo.
Aquí no estamos hablando de copias ilimitadas e incontrolables. Aquí estamos hablando de retransmisiones de eventos únicos que tienen interés prácticamente solo durante el tiempo en el que suceden y que, además, son emitidos por canales tan absolutamente controlables que se conceden por decisión administrativa a un número limitadísimo de empresas. Esto no es, pues, ponerle puertas al campo: Esto es simplemente terminar con una suerte de derecho de pernada que permite a las cadenas de radio ir directamente a los estadios a retransmitir "gratis total" lo que a las televisiones les cuesta cifras astronómicas y además lucrarse con ello de forma directísimamente mensurable.
Cuestión reñida puede ser la retransmisión del evento deportivo no desde la propia sede del mismo, sino desde un estudio amparándose en las imágenes que emite la televisión. Aquí los clubes de fútbol -y las televisiones- van a tener un problema esencialmente similar al que vimos en el caso de rojadirecta.org: A priori, parece complicado argumentar que lo que están haciendo sea ilegal en España, ya que en el momento en el que las imágenes son retransmitidas en directo a todo el mundo para su consumo público parece complicado impedir que nadie las comente en tiempo real.
Las emisoras de radio son concesiones administrativas... pero las cada vez más extendidas emisoras de radio por Internet son realmente incontrolables a efectos económicos y es perfectamente argumentable que en el momento en el cual estás difundiendo las imágenes públicamente, pierdes todo derecho a controlar quien las comenta o aporta datos sobre ellas... porque ahí sí que entra de lleno no solo la libertad de información, sino también -y sobre todo- la de expresión. La imposición de la exclusividad total de las retransmisiones de radio ya era complicada en la época analógica... pero en el mundo digital, pierde del todo cualquier posibilidad de realizarse.
Así las cosas, el verdadero valor del canon a las radios y de eventuales exclusividades que puedan darse no va a estar en retransmitir desde una cabina en el estadio (por más que sea superior a comentar desde un estudio siguiendo el partido por televisión), sino en el acceso al terreno de juego, túnel de vestuarios o palco y la obtención de entrevistas y declaraciones tanto en los minutos previos al partido como al finalizar el mismo y en los valiosos -incluso desde el punto de vista publicitario- tiempos de descanso.
Esto significa que los clubes tendrán que esforzarse por aportar este valor: A lo mejor resulta que de pronto los Mourinhos, los Guardiolas y los Casillas de turno o incluso los propios directivos se ven obligados a hacer declaraciones en estos momentos. Porque los comentarios sobre las imágenes pueden ser incontrolables pero el acceso al estadio y a zonas sensibles en momentos clave no lo es en absoluto. Y por ahí es por donde, me imagino, irán los tiros.












