Naturalmente que el juicio a Otegui es nulo
Ya dijimos en su día, hace casi exactamente un año, que el exabrupto de la juez Murillo comprometía el proceso contra Arnaldo Otegui. Y resulta que nuestros argumentos y nuestras cautelas al respecto, así como nuestra firme reprobación hacia la actitud de una magistrada que se dedica a prejuzgar públicamente a un reo y a menospreciar a su representación Letrada se han visto refrendados por el Tribunal Supremo, que ha anulado la condena impuesta al dirigente batasuno por la más que evidente falta de imparcialidad de Ángela Murillo.
Habrá, naturalmente, que repetir el juicio.
Al Tribunal Supremo, eso sí, le toca ahora aguantar el chaparrón de los mismos que en su día jalearon la actitud de la jueza, mientras censuraban duramente al Juez Bermúdez por expulsar de su Sala a unos cuantos portadores de pancartitas que reivindicaban que el etarrita José Antonio Zurutuza Sarasola (a) "Capullo" fuera juzgado por un crimen declarado prescrito por la Audiencia... con el voto discrepante del propio Bermúdez.
¿Las diferencias entre Bermúdez y Murillo? Pues que el primero no permite pancartitas en su Juzgado y a la segunda solo le falta colgárselas ella misma. Y que el juicio de Bermúdez contra "Capullo" ha resultado íntegramente confirmado por el Supremo mientras que a Murillo le han tenido que recordar que una toga de magistrado no es una licencia para la chabacanería.
En cuanto al editorial de Libertad Digital de hoy, simplemente recordarle al editorialista que para que la Justicia sea justa es necesario -si bien no es lo único- que esté debe estar revestida de determinadas formas. Si esas formas se respetan, no hace falta salir del planeta para buscar un juez que ignore quien es Otegui. En cambio, si cundiera -que no cundirá- el ejemplo de Murillo, el juicio de Otegui se seguiría repitiendo con sucesivas sentencias nulas, una y otra vez hasta el infinito y más allá.
Y tengamos claro cual era la alternativa del Supremo: Si el Alto Tribunal cerraba los ojos ante lo evidente, hubiera sido el Tribunal Europeo de Derechos Humanos -cuyos jueces, por cierto, seguro que ignoran quien es Otegui- el que le enmendara la plana a Murillo por su parcialidad manifiesta, al Supremo por mirar para otro lado y al Reino de España por permitir que su Poder Judicial vaya por ahí dictando sentencias al estilo compadre.












