Pinganillos en el Senado
El asunto del uso de las lenguas regionales en el Senado, traducción simultánea incluida, es tan insostenible que a los defensores de la medida les están cayendo palos por todos lados, hasta el extremo de haber hecho llegar a los progres de guardia a la brillante conclusión de que el debate no es entre izquierdas y derechas, sino entre centro y periferia.
Naturalmente, se equivocan. Porque los términos reales de este debate van en realidad en términos de imagen: Imagen de participación en el proyecto político común de la Nación española versus imagen de nacioncita diferenciada y oprimida.
Las lenguas cooficiales lo son solo en sus respectivos territorios, administraciones y organos. Y la lógica más elemental nos dicta que en los órganos de la administración del Estado y en la sede de su soberanía nacional -porque nuestras Cortes son eso, y no un legislativo de vuvuzela como el Parlamento Europeo con el que se ha llegado a comparar a raíz de esta idiotez- el idioma que debe emplearse es necesariamente el común.
Pero en el Estado de 1978 la lógica más elemental quebró hace ya mucho tiempo, hasta el extremo de que se va a permitir la visibilización al más alto nivel del discurso victimista y aldeano del separatismo vasco, catalán y gallego. Hablar una de estas tres lenguas no te convierte ni mucho menos en un separatista...pero pretender al cabo de más de mil años de existencia del castellano como lengua común de España que un senador del Reino pueda tener dificultades en expresarse en esta lengua por no ser su lengua materna es simplemente reírse del país entero.
La cuestión de fondo es presentar a España no como una Nación con una lengua común en convivencia con idiomas propios hablados en algunas regiones, sino como un ente plurinacional fruto de los azares de la Historia -como la antigua Yugoslavia o la actual Bélgica- o de la conveniencia pactista del momento -como la Unión Europea.
Durante treinta y tres años, en España se ha dado permiso para existir a una anormalidad histórica y política. De momento, la locura autonómica y la tolerancia hacia el separatismo solo nos está costando cantidades ingentes de dinero al lado de las cuales los 315.000 euros/año que gastará el Senado en traductores no representa ni el chocolate del loro. Pero es precisamente en este tipo de operaciones de imagen en donde reside el peligro.
Los pinganillos en el Senado no son cuestión de dinero, sino de proyecto común.De tener una Cámara de representación territorial a una que visibilice una situación de enfrentamiento, diferenciación o ruptura que solo existe en las enloquecidas mentes de los ideólogos del separatismo que, con la connivencia de un Zapatero que ve España como "concepto discutido y discutible" no deja de abrir una Caja de Pandora tras otra.












