Las prisas de los zapateristas
El problema del Gobierno es su propia configuración no como órgano colegiado unitario, sino como ente rector de la variopinta coalición que sustenta el zapaterismo. Con cada miembro del Gabinete ejerciendo las funciones de representante y conseguidor de "los suyos" (PSC, feministas, Banda de la Zeja, sindicatos, vieja guardia socialista, etc...) proliferan las prisas, la descoordinación, las filtraciones... y los nervios de que el próximo tijeretazo afecte a "los suyos".
En este sentido, lo tenemos claro: La casta de supercincuentones está dispuesta a hacer arder el país antes que pagar el precio de su salvación. Lo que está pasando en Murcia no es más que una clara advertencia de hasta donde pueden llegar a subir las apuestas, con sindicalistas agrediendo a senadores y altos cargos y posiblemente -suponiendo que no estemos ante otro caso Herman Terstch- a un consejero autonómico.
Con tantos puestos de trabajo en juego y tante gente jugándose las habichuelas no nos puede extrañar que la desesperación de paso a la violencia, ejerciéndola cada uno de los sectores coaligados en el zapaterismo a su nivel: Por ejemplo, la Banda de la Zeja empezó hace ya semanas con durísimos exabruptos a los que se van sumando ya los académicos con sillones comprados por editoriales. Por ejemplo, la imbécil de la Pajín demuestra que el feminazismo gubernamental está dispuesto a morir legislando totalitarismo hasta el último momento.
En el sector autonómico las cosas se van a poner particularmente feas. Que Duran Lleida ponga las barbas en remojo es suficientemente significativo de las posibilidades que se están barajando como reales para salir de esta. Y más de uno se va a quedar con cara de tonto mientras ve caer lo que le vendieron a finales de los 70 como indestructible.
Todo esto mientras Yogui y Bubu escenifican para el populacho un amago de huelga general cuya evitación vía inyección de dinero público ha estado cuidadosamente sincronizada con la simultánea escenificación de Zapatero de un amago de reforma laboral con la vana esperanza de que los mercados sean tan fáciles de engañar como los votantes.
Desde luego, los que se barruntan que a partir de Mayo el horno no va a estar para bollos, están apresurándose a sacarle al zapaterismo todo el provecho que puedan. Y por eso las prisas de los zapateristas son, sin lugar a dudas, el mejor termómetro de la gravedad de la situación por la que atraviesa el país. Y de lo que nos queda por ver.












