La reciente aprobación de la Ley Antitabaco supone la enésima agresión a derechos y libertades fundamentales -el de la propiedad lo es- perpetrada a mayor gloria del proyecto de ingeniería social de José Luis Rodríguez Zapatero. Pero al margen de eso y de la posibilidad de que la ley termine siendo tumbada en los tribunales por no haberse tramitado como Ley Orgánica, hay una realidad sociológica innegable tras la aprobación de esta ley: La mala educación de los fumadores.
Digámoslo ya: El humo es molesto. Y de la tolerancia y la paciencia de los no-fumadores han venido abusando durante décadas los adictos al tabaco.
- La primera señal de que algo iba rematadamente mal la vivimos en colegios y hospitales. A los que gustaban de fumar les parecía una idea excelente hacerlo en este tipo de centros... en los que no se prohibió el tabaco hasta 1988. El sentido común y la educación elemental de los fumadores estaba fallando hasta en lo más elemental y obvio. Si no empezaban a cambiar, era evidente que la cosa solo podía ir a peor.
- El segundo aviso llegó en los transportes públicos. La ley de 1988 había limitado limitó el tabaco en los autobuses de tal forma que desde entonces, solo se podría fumar en la parte de atrás de los mismos. Es decir, que no lo había limitado en absoluto. La misma prohibición se aplicó en 1992 a los aviones. Por supuesto, esto no resolvió el problema: No solo el humo del tabaco en un espacio cerrado es una pésima idea... sino que además los fumadores no respetaban los compartimentos designados como libres de humos para los que no compartían su vicio. Esa situación la viví yo de pequeño en un horrible viaje en tren (RENFE no se sumó a las prohibiciones del tabaco hasta 2003, pero diferenciaba entre vagones de fumadores y de no-fumadores mucho antes) Madrid-Alicante.
Si este mínimo de sentido común, si este mínimo de educación, no entraba en las cabezas de los fanáticos de la nicotina, no podían esperar cuartel: Finalmente se optó por imponer la prohibición total de fumar en aviones y autocares en 1999.
- Posteriormente hubo que prohibir completamente fumar en centros de trabajo. Esto sucedió en el año 2006. Hasta ese momento y por increíble que pueda parecer en retrospectiva, el mero hecho de firmar un contrato laboral significaba que quedabas obligado a tener que convivir diariamente con los pitillos y los ceniceros de los fumadores empedernidos de turno. Quiero insistir, porque esto es importante: Hubo que prohibirlo. Era un coñazo, era molesto, era insoportable... pero no había forma de defenderse socialmente de ello. Sobre esto volveremos más adelante.
- Después llegaron las limitaciones a los bares y restaurantes. Que fue, posiblemente, el que quizá ejemplificó mejor que ninguno el problema sociológico de la excesiva paciencia del no-fumador con el confianzudeo generalizado de los fumadores. Ya hacía muchos lustros que se había acuñado el "¿Te importa que fume?", como fórmula social que daba carta de naturaleza a tener que tomarte el postre mientras te echaban el humo en la cara so pena de quedar como un rudo intolerante.
El éxito de esta fórmula social era ya sobradamente conocido en los centros de trabajo: No tenía ningún sentido crear un conflicto constante con los que son tus compañeros o jefes... así que el "¿Te importa que fume?" dio paso a una tolerancia tan tácita como forzada, quizá mucho mayor que la que había existido en los transportes públicos -donde, a fin de cuentas, no tenías porqué volver a coincidir con nadie y era menos comprometido protestarle al incívico de turno.
Fue el puro formulismo , la educación y la tolerancia de los no-fumadores, lo que determinó el fracaso rotundo de las limitaciones parciales a fumar en bares y restaurantes impuestas en 2006. La tolerancia al tabaco era una carga social para el no-fumador tan obligada como ir a visitar anualmente a la tía Euduvigis o quedar por Navidad con los brasas de tus cuñados: Algo que se detestaba pero que se daba por hecho. Una servidumbre en toda regla. El 80% de no-fumadores aceptaba con aparente naturalidad el respirar las emanaciones pitilleras del 20% restante por haberse impuesto como obligatoria cortesía social el hacerlo.
Voy a ser muy claro: Creo que existía un deseo generalizado y reprimido en gran parte de los no-fumadores de que se prohibiera de una buena vez fumar en bares y restaurantes. Lo creo sinceramente. Y por eso el nivel de protesta contra la nueva ley está siendo testimonial: Las turbas no entienden de libertades individuales por más que miremos compasivamente a los fumadores mientras ponemos caras comprensivas para decirles que, efectivamente, "se han pasao con esta ley".
Al final, la Ley Antitabaco se mantendrá. O será derogada. O habrá que modificarla. Pero los no-fumadores habremos ganado cuando menos una batalla de sentido común: La buena educación y las normas sociales no pueden imponernos el tragarnos el humo de los vicios de los demás. No les vendrá mal a los fumadores meditar sobre ello mientras cierran la puerta de los locales para salir a la calle a disfrutar de su afición el tiempo que dure vigente esta ley.
Autor: Atreides6
Fecha: miércoles, 05 de enero de 2011
Hora: 0:24
Recuerdo que cuando empecé a estudiar en la universidad, en Málaga, en el aula se podía fumar ¡durante las clases!. La mitad de los alumnos lo hacía, de modo que el aula se convertía en una nube de humo de tabaco.
En un vuelo de Munich a Madrid, allá por 1991/92, justo antes de prohibirse fumar en los aviones, tuve que ir en la zona de fumadores por cambio de vuelo. En mi fila iba un fumador compulsivo (debía haberse fumado dos paquetes durante este vuelo, un pitillo tras otro). Fue un horror tener esa chimenea cerca, poprque fumaba por todos los pasajeros no fumadores a la vez.
Tras la entrada en vigor de la anterior ley antitabaco estuve encantado en una discoteca que no permitía ya fumar. AL final la ropa olía normal, no a tabaco. Y se respiraba mucho mejor.
Autor: Atreides6
Fecha: miércoles, 05 de enero de 2011
Hora: 0:25
Realmente la prohibición es positiva, a pesar de la invasión de la libertad individual o la de los hosteleros de decidir si dejan fumar o no. Pero tiene que prevalecer la libertad de los no fumadores de no tener que tragarse el humo de los demás que sí fuman. Y finalmente, fumar es nocivo para la salud, de modo que se hace un favor a los fumadores porque al final fumarán mucho menos o a lo mejor dejan de fumar por lo incómodo que resulta.
Si hoy en día se ven películas de los años 50-60, se nota cómo ha cambiado la situación: ¡Entonces fumaban que da náuseas! Y mucha culpa tendrán los directores y estudios de cine en que el fumar se convirtiera en un hábito bien visto y hasta obligado.
Quizás ésta sea la única prohibición acertada de este gobierno que todo quiere prohibir.
Autor: Anonimo
Fecha: miércoles, 05 de enero de 2011
Hora: 1:41
Hablar de libertades individuales en el caso de adicciones es entrar en terreno resbaladizo. Es libre una persona que no puede pasar sin su pitillo? ;-)
Eso por no hablar de la agresión que supone el humo del cigarrillo: no es como una bofetada, pero un no-fumador tiene el derecho (tan fundamental como lo sea el derecho a la propiedad) a que el aire que respira esté limpio de agentes cancerígenos, y a que sus ropas y su pelo no huelan al tabaco de los demás.
Por estos y otros motivos, creo que es exagerado decir que una ley que impide fumar en los lugares comunes es una agresión a las libertades fundamentales. Otra cosa sería que prohibieran a la gente fumar en su propia casa o en su propio coche...
Autor: Orisson
Fecha: miércoles, 05 de enero de 2011
Hora: 2:27
Fraile, macho, que patinas: que a ti no te guste que una persona fume en tus morros, cosa que me parece muy bien (que no te guste y que fume, ambas dos), no significa que, porque tú lo vales, está bien que el Estado obligue a los particulares a hacer lo que no quieren en sus propiedades. Es decir, que te parezca bien que se cercene la libertad fundamental de la propiedad privada conforme a un exquisito olfato, el tuyo, es bastante peligroso. Y esto unido a tu aplauso irredento al golpe de Estado que se dio hace un mes, hace que me replantee el ajuntarte. Que cualquier día vas a ir por ahí delatando que fumo mientras escribo o algo así.
Y, tío, quita la publicidad antes de los comentarios que es un coñazo.
Un saludo
Autor: Fray_Fanatic
Fecha: miércoles, 05 de enero de 2011
Hora: 10:38
Dos cuestiones:
- A mí no me parece bien el que el Estado le diga al hostelero lo que se puede hacer y lo que no en su local, es decir, estoy en contra de la ley.
- Creo, no obstante, que si los fumadores como colectivo hubieran tenido la educación mínima indispensable como para cortarse un pelo en situaciones de sentido común (aulas escolares, transportes colectivos, centros de trabajo...), no se hubiera tenido que llegar a esta ley.
Hay una cuestión más: No me resultaría extraño que de aquí a poco la conciencia social general sea la de que lo de no fumar en los bares es algo tan palmario y evidente como no fumar en los colegios, en los aviones o en las oficinas. Porque el derecho -cierto- que reclaman los hosteleros se reduce finalmente a no perder el 30% de la clientela al amparo de la tolerancia del 70% restante... que en gran medida está hasta los huevos.
Autor: Feynman
Fecha: miércoles, 05 de enero de 2011
Hora: 20:29
La ley me parecía muy necesaria. Puede que efectivamente sea un ataque al derecho de propiedad del hostelero (como también lo fue en su momento al derecho de propiedad de los propietarios de un colegio privado o de un autobús, y se asume), que la prohibición absoluta se debiera haber hecho en 2006 en la anterior ley (porque era evidente cuál iba a ser el resultado), y que esta ley ha ignorado las inversiones en compartimentos separados que han hecho los fumadores (y que deberían haber respetado).
Pero llega un momento en que el humo era ya inaguantable. Hoy ha sido un placer poder ir a uno de mis restaurantes favoritos, habitualmente infestado de humo, y poder disfrutar de la comida sin oler a mierda, sin tener que luego airear el traje y pegarme una ducha al llegar a casa para quitarme el olor de encima. Los fumadores no me dan ninguna pena: esa misma indiferencia que mi salud, mi disfrute de la comida y mi olor siempre les ha provocado.
Autor: Canariote
Fecha: sábado, 08 de enero de 2011
Hora: 2:16
Lo más ilogico de esta ley, y que me corrijan si me equivoco, es la posibilidad de denunciar de forma anonima al infractor. Antena 3 dio el curioso dato que a fecha de 3 de enero habian puesto ya 340 denuncias y habia habaido mas de 180 intervenciones policiales (¿¿??).
Si esto es cierto, se ha abierto una via al puteo del prójimo gratuito y es increible que pueda ser anonimo en este caso el denunciante y en otros en los que seria más logico que fuera anonimo no pueda serlo
Autor: Anonimo
Fecha: sábado, 15 de enero de 2011
Hora: 15:15
No hay denuncias anónimas sino que simplemente no le dicen al denunciado quien le denunció de la misma forma que si un vecino maltrata a su perro y lo denuncias a la policía local no le dicen quien lo denuncó para evitar represalias. La cuestión es que los fumadores siempre iban como ganadores y hacían lo que les daba la gana y ahora no pueden de la misma forma que si se hicieran las cosas bien no habría trapicheo de drogas o putas asaltandote por la calle.