Álvarez-Cascos y la Pax Popular
Ya hace meses anticipamos que no había calma interna en el Partido Popular y que Mariano Rajoy tendría dificultades para gobernar un partido de barones cada uno con su BOE mientras él estaba aislado en Génova. El caso es que Rajoy ha debido pensar lo mismo y ha decidido evitar en la medida de lo posible que surjan liderazgos alternativos al suyo: Con el de Aguirre tiene bastante.
El resultado final es que Génova ha frenado en seco la operación paracaidista en la que Francisco Álvarez-Cascos se proponía a sí mismo para liderar al Partido Popular en el Principado de Asturias. Los argumentos de Génova se basan simplemente en la sumisión al líder y la derecha aguirrista exige democracia interna mientras se olvida de la ejecución política de Alejo Vidal-Quadras a manos del hoy santificado Álvarez-Cascos en uno de los movimientos más viles dentro de la derecha española en los últimos años.
Pero a Álvarez-Cascos le dan igual sus actuaciones pasadas, porque Álvarez-Cascos quería presidir porque él lo valía el Principado de Asturias. No se ofreció para mancharse las manos en la Oposición, ni se ofreció en 2004... sino que pedía encabezar la lista a las elecciones autonómicas y lo pidió a principios de 2010, ya con el zapaterismo en evidente declive. Su carencia de apoyos dentro del PP asturiano y la evidente hostilidad de su aparato le daban exactamente igual. Y claro, así no se puede ir por el mundo porque aparecer a principios del año pasado exigiendo ser cabeza de lista autonómica tras estar desaparecido seis años es echarle mucha cara a la vida. Incluso en el PP.
Al final, Álvarez-Cascos le ha solucionado a Rajoy varios problemas: Le ha dado la oportunidad de elegir a una candidata desconocida que se lo va a deber todo a él. Se ha garantizado la lealtad del aparato del PP en Asturias, obviamente espantado ante el desembarco de Cascos. Y se ha quitado de en medio a un tipo que -a los hechos me remito- le hubiera sido fuente segura de conflictos. Lo ha hecho, desde luego, con el peor estilo posible. Pero nadie dijo que para ser Rajoy hiciera falta gallardía.
Al final Álvarez-Cascos montará su partido... o, más probablemente, no lo montará. Pero la Pax Popular persistirá porque el PP no es otra cosa que una máquina de repartir prebendas entre los afines.












