Dimisión SINDEmora
Lo que ha sucedido ayer en el Congreso no es una victoria ni de la democracia ni de los ciudadanos, ya que en España impera una partitocracia de representatividad nula. En este sentido, el rechazo a la Disposición Adicional Segunda (lo que llamamos "Ley Sinde") de la Ley de Economía Sostenible ha sido el resultado final de una lucha entre dos grupos de presión distintos.
En el primero de ellos, figura todo el sindicato habitual de vividores del cuento en sus vertientes filmográfica y musical amparados por la mismísima AntiMinistra de Cultura y con el nada despreciable apoyo de las presiones que es capaz de ejercer la potencia hegemónica de la época. Enfrente, una amalgama de individualidades abrumadoramente más numerosas, pero sin apenas estructura de ningún tipo. El márketing viral traducido en clamor social ha logrado finalmente movilizar los votos de una serie de partidos regionalistas o separatistas absolutamente sobrerrepresentados que, en conjunto con el principal partido de la Oposición deseoso de darle un revolcón al Gobierno, ha sumado 20 votos frente a 18 del PSOE.
Lo que se ha ganado con la desaparición de la Disposición Adicional Segunda del articulado de la LES no es el derecho a realizar descargas de contenidos de música o cine. De hecho, era imposible que con esta ley, que no persigue contenidos sino enlaces, se llegara a impedir descarga alguna: La mayor parte de los protocolos P2P existentes hoy día no requieren de enlace alguno, sino sencillas búsquedas masivas en nodos descentralizados imposibles de desactivar individualmente... con los contenidos alojados en los ordenadores privados de los usuarios de la red, quienes muchas veces comparten fragmentos de archivos que no poseen en su totalidad.
Así las cosas, la derrota de la Ley Sinde es en realidad la derrota de una legislación desproporcionada, inconstitucional y estrafalaria que dejaba el cierre de cualquier tipo de página web en manos de una comisión administrativa bajo la pretendida tutela judicial de un órgano que debería decidir sobre el cierre de la web previas alegaciones del afectado en un plazo de cuatro días... plazo que no es sino una burla al derecho de defensa. No eran las descargas las que estaban amenazadas, sino la misma libertad de expresión en Internet la que estaba siendo puesta en solfa para obtener el cierre de doscientas páginas web... en favor de las cuales se habían pronunciado ya una y otra vez los Juzgados y Tribunales del Reino.
La derrota de la Ley Sinde ha sido también la derrota de una muy concreta forma de hacer política: Someterse a los deseos de un Gobierno extranjero, colar en un Consejo de Ministros una disposición adicional inesperada, ignorar las protestas ciudadanas y terminar votando en una comisión -y no en un pleno- a las diez y media de la noche de la víspera del sorteo de la Lotería de Navidad... toda la tramitación de la Disposición Adicional Segunda ha sido un ejercicio de abracadabrismo político de la peor especie y es justo estar contento de que finalmente se haya visto truncado, salvando la posibilidad de que el Senado la resucite.
Tras todo esto, quedan suficientemente claras las razones por las que es necesario pedir, una vez más, la dimisión de Ángeles González-Sinde. Ha empleado las peores artes políticas para tratar de aprobar por razones equivocadas una legislación liberticida. Y además ha quedado en evidencia al fracasar en su empeño.
Lamentablemente, queda claro también y por las mismas razones porqué Sinde no va a dimitir: Porque el zapaterismo es ante todo y sobre todo una suma de lobbys progresistas. Y la canalla de la cultura no va a renunciar tan fácilmente a su representación en esa ecuación.












