El grito de Kim
Organizar maniobras militares conjuntas justo al límite de uno de los Estados más militarizados del mundo y con el que, además,mantienes un alto el fuego desde hace más de cincuenta años no puede ser considerado una buena idea. Cierto que esas maniobras son anuales y en fecha más o menos fija, pero uno se arriesga a que sucedan incidentes como el último entre las dos Coreas.
Sabemos seguro que el Norte ha disparado al Sur. Y por una vez y sin que sirva de precedente, estoy dispuesto a creerme que el régimen de la familia Kim más que atacar, probablemente ha respondido a algún disparo o tiro más o menos suelto de las fuerzas conjuntas USA-Corea del Sur. En unas maniobras militares, ese tipo de cosas pueden pasar.
En cualquier caso, tanto da que la culpa de este incidente concreto sea del Norte o del Sur. Lo verdaderamente preocupante es que ante una situación que realmente no es hoy mejor ni peor que hace cincuenta años, la situación entre las dos Coreas siga siendo de mero alto el fuego provisional, a pesar de líneas divisorias clarísimas y aceptadas por ambas partes.
El problema de fondo es la exigencia norcoreana de que a la Guerra de Corea se le ponga fin definitivamente en un tratado multilateral que incluya no solo a Corea del Sur, sino también a China, la Federación Rusa, Japón y Estados Unidos. En definitiva, Corea del Norte exige ni más ni menos que las más absolutas seguridades para sus fronteras y régimen.. y aquí a Estados Unidos le pesan las razones de prestigio imperial más que cualquiera otras. Que también las tiene.
Porque no nos olvidemos lo que fue, en esencia, la Guerra de Corea: Una invasión del Estado Norcoreano a su vecino del Sur, repelida por cascos azules de Naciones Unidas y con la intervención de presuntos voluntarios chinos en favor del Norte, hasta llegar al largo impass actual.
Digámoslo ya: Legalmente, en la Guerra de Corea no hay más contendientes que el Norte y el Sur. Las tropas chinas no eran sino voluntarios actuando bajo soberanía norcoreana y el ejército americano era, sobre el papel, una fuerza multinacional de las Naciones Unidas. En este sentido, la pretensión norcoreana de firmar la paz con quien técnicamente jamás ha estado en guerra con su país es completamente inasumible, especialmente cuando serviría a la familia Kim para legitimarse como líderes tercermundistas con arsenal atómico.
Y hay otra cuestión de capital importancia: Por muy desesperado que esté el Querido Líder por consolidar la posición de su hijo el Comandante Brillante como próximo sucesor de la dinastía fundada por el Presidente Eterno, no se puede confiar en que Corea del Norte respete las fronteras, soberanía e independencia del Sur... que ya violó flagrantemente una vez.
Con todos esos elementos en la mesa, se comprende mejor la política seguida por Estados Unidos en la península de Corea en los últimos años: Esperar -con paciencia cuasi-asiática- un cambio importante o (mejor aún) una descomposición interna del régimen comunista norcoreano.
El problema está en que esto comenzó a cambiar cuando Corea del Norte se convirtió en una amenaza nuclear para sus vecinos. Si Estados Unidos, Rusia, Japón y Corea del Sur no estuvieran genuinamente convencidos de que los Kim tienen realmente un botón atómico que pulsar, muy probablemente habrían abandonado a la monarquía stalinista a la caridad china, en lugar de sostenerla -pura y simplemente- con ayuda humanitaria con cargo a Naciones Unidas pero distribuida según los criterios del gobierno Kim.
Si, como parece, fue el presunto armamento nuclear norcoreano lo que cambió la situación y convirtió al norte en un problema subsidiado por la ONU, a lo mejor tampoco es tan descabellado pensar que se termine firmando alguna suerte de tratado multilateral como el que desen el Pyonyang.












