lunes, 15 de noviembre de 2010

Aznar se caricaturiza

Temo por la salud mental de José María Aznar. Tengo la teoría de que el empezar a ser consciente de que no van a ser los supercincuentones quienes retraten para la historia su periodo de gobierno se está cobrando un precio en la psiquis del ex-Presidente. Hace un año y medio hablamos de sus impertinencias  y antes del verano tuvimos que hacernos eco de sus idioteces. Pero lo último ya es, directamente, una locura: Ha acudido a unas Jornadas de Kárate Inmobiliario donde ha sido vitoreado por doscientos agentes inmobiliarios ataviados con sus correspondientes kimonos, todo ello mientras suena la banda sonora de Rocky.

La escena es tan ridícula, tan absurda, tan grotesca, tan propia de una película de Berlanga, tan indiciaria en definitiva de que un señor que lo fue todo ha perdido por completo el norte... que la prensa fue invitada a salir en cuanto el Presidente de Honor del PP empezó a hablar. No hay, de momento, ni vídeo ni fotos. Aznar se caricaturizará a sí mismo todo lo que le parezca oportuno, pero al menos nadie tendrá razones para dudar de que su departamento de prensa ha hecho todo lo posible por evitarlo

Las frases para la historia que dejó el Presidente de FAES para este peculiar coletivo de practicantes de artes marciales no tienen desperdicio. Aznar declaró a los reunidos que acudía a aquellas jornadas "a dar ánimos" a  los agentes inmobiliarios -provocando los aplausos de los karatekas- ya que  son "una especie a proteger" -más aplausos y vítores- y para ello les recordó como "con él de Presidente del Gobierno el Real Madrid ganó tres Copas de Europa" -gritos de "¡Presidente, Presidente!" mientras suena a todo volumen el Gonna Fly Now y una impagable escena a incluir en la inédita cuarta película de la trilogía de "La Escopeta Nacional". O en Torrente 4. 

A esto se reduce, en esencia, el legado del aznarismo: A una burbuja inmobiliaria salvaje que nos deja el camino pavimentado hacia una de las depresiones más tremendas de la historia económica del mundo y muy posiblemente a la quiebra del Estado, al haber avalado imbécilmente los pufos de nuetsro sistema bancario. Se trata de un legado tan venenoso y maligno que no es de extrañar que no queden para vitorearle más que doscientos agentes inmobiliarios vestidos de karatekas a los que anuncia, emocionado, que se está comprando una casa. 

Más le valdría buscarse un buen naranjal. O un islote en el Pacífico. 


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