Las autovías piden teta
Al día siguiente de entrar en el Top-Ten de los países con mayor riesgo de quiebra del mundo en un novena posición y por encima de Irak (inserte aquí sus vítores a la Roja, como algún cachondo ha hecho en mi Facebook), estamos que lo tiramos: Rescate a las empresas concesionarias de autopistas por importe de 1400 millones de euros.
Lo dice Juan Carlos Barba y no le falta razón: Esas empresas DEBEN ir a concurso de acreedores. No hay ninguna otra posibilidad, ni excusa que justifique ninguna otra actuación, ni mucho menos la sinvergonzonería de un rescate.
Digámoslo claro: Estas empresas acumulan pérdidas porque han construído autovías que jamás se deberían haber construído, como por ejemplo las que unen Madrid con Ávila o Segovia. O la AP-36, por hablar de una que conozco, que tomé este mismo verano... y que alargó mi viaje en cinco absurdos kilómetros. Construyendo estas infraestructuras en paralelo a vías ya existentes y en absoluto colapsadas, asumieron un riesgo... que les ha salido mal y por el que deben asumir su responsabilidad, porque lo contrario supone un modelo de negocio basado en vivir -y muy bien- de cobrar peajes por vías rentables (pienso en las autopistas que rodean Barcelona, por ejemplo, construídas en los 60 y cuyos peajes han sido extendidos) y endosarle al Estado rescates por las ruinosas.
El Ministro Blanco afirma que el rescate se hace en estricto cumplimiento de los contratos firmados. Tiene que ser mentira. No puede haber pliego de concesión de obra pública con semejantes condiciones. Y, si lo hay, urge saber quien ha cometido tamaño fraude a los contribuyentes, con nombres, apellidos y actuaciones de la Fiscalía.
O eso, o que empiecen a dejar circular gratis por las autopistas rescatadas con dinero de todos. Pero estoy convencido de que esa cláusula no venía en los contratos de esas adjudicaciones.












