Bicicritica: Aquellos suicidas en sus locos cacharros
Naturalmente, no conduzco un Seat Ibiza negro. Pero la agrupación de extrema izquierda Bicicrítica ha denunciado el presunto atropello de uno de sus miembros durante la concentración que celebraron el pasado 28 de octubre por la noche, en el transcurso de la cual varios cientos de ciclistas cortaron una de las principales arterias del centro de Madrid sin más objetivo o lema aparente que el celebrar que usan la bici todos los días. En cristiano, dar por saco.
Tuve la desgracia de circular con mi vehículo por la C/Alcalá aquel día y a esas horas. Y no puedo sino transmitir mi más absoluto apoyo al conductor del Seat Ibiza en cuestión. Y por lo que pude ver y por lo que estuvo a punto de pasarme a mí mismo, podía haber sido perfectamente mi coche el que terminara llevándose por delante a alguno de los ciclistas. Por culpa exclusiva de ellos.
El código de la circulación permite a las bicicletas circular por la calzada obligando -con evidente lógica- a los conductores a mantener distancias de seguridad especiales para evitar tanto los atropellos a ciclistas como la desestabilización de sus vehículos. Esto tiene la evidente contrapartida de que los ciclistas deben respetar las normas de tráfico. Justo lo contrario de lo que estaban haciendo buena parte de los ciclistas asistentes y de forma muy especial los dos subnormales profundos a los que casi me llevo por delante.
Lo grave no es -siéndolo- que los ciclistas circulen por la calzada, pero utilizando a conveniencia los pasos de peatones. Pero cuando se celebra una concentración de ciclistas y el comportamiento de buena parte de ellos consiste en, simplemente, aprovechar los semáforos en rojo para cruzar la calzada de acera a acera por cualquier punto que les parezca oportuno o circular por la misma haciendo círculos sobre los carriles creo que cabe preguntarse qué es exactamente lo que andan buscando los integrantes de este colectivo.
Descartando el deseo de que les pase por encima un coche -como, repito, estuvo muy cerca de ser el mío con dos individuos que hacían círculos en la C/Alcalá subiendo desde hacia Gran Vía- el conjunto de infracciones y temeridades que esta gente venía perpetrando no podía responder razonablemente a nada... salvo al deseo de causar molestias a los demás usuarios de la vía.
Un grupo numeroso de ciclistas -no llegaban ni de lejos a los 2500 que pretendían reunir, pero probablemente andaban sobre los cinco o seis centenares- circulando por vías anchas como Recoletos o el Paseo del Prado, incluso dispersándose por vías aledañas, no tiene porqué causar un gran transtorno en el tráfico más allá de enlentecer la circulación durante, quizá, alrededor de una hora.
Pero cuando el objetivo no-declarado de la organización y de los concentrados es el de dar por saco al malvado burgués-capitalista-carnívoro-antiecológico, seiscientas bicis no circulan por el centro de forma regular: Hay que hacer el cabra, ir despacio, cambiar arbitrariamente de carril y de sentido y, en definitiva, realizar toda clase de maniobras entre lo prohibido y lo peligroso, poniendo en riesgo la propia integridad física confiando imbécilmente en la ficción de que el conductor de un coche va a estar siempre preparado para lo imprevisible... y sin más argumento que el actitud intimidatoria -que la tenían- de un grupo numeroso de perroflautas organizados.
En esta situación y habiendo estado yo mismo a punto de atropellar a dos de estos , es muy difícil no ponerme del lado del desafortunado conductor del Ibiza, que en el dudoso caso de que efectivamente haya atropellado a un ciclista, pocas dudas me caben de que ha sido por culpa única y exclusiva de la víctima. Y ni que decir tiene que, en una situación en la que una banda de gente numerosa te avasalla desde el exterior de tu coche, el acelerón (rumbo a la Comisaría más cercana) me parece una salida perfectamente comprensible y válida.
Lo único que se echaba en falta en Cibeles era la presencia policial. Ante una concentración organizada, es obligatoria la comunicación a la Delegación del Gobierno. Si ya en 1998 el Tribunal Superior de Justicia de Madrid prohibió a los taxistas realizar manifestaciones con más de 50 coches precisamente para reducir las molestias causadas a los restantes ciudadanos a términos asumibles, no se me ocurre ninguna razón para la permisividad hacia las concentraciones periódicas del colectivo Bici Crítica.
Lamentablemente, situaciones como esta harán que más tarde o más temprano se empiece a debatir la necesidad de controlar a los ciclistas y a sus vehículos de forma que puedan ser multados y responsabilizados efectivamente por sus acciones e infracciones. De la voracidad controladora y recaudadora del Ayuntamiento de Madrid me lo creo todo. Y de la inconsciencia de los capitanes araña de la extrema izquierda, que hoy travisten a su infantería de ciclistas como ayer la travistieron de luchadores por la tolerancia, pues que les voy a contar.Bicicritica:












