Sánchez-Dragó, dentro de la Ley
Lo grave del revuelo suscitado a raíz de que Sánchez-Dragó haya declarado que se "trajinó a dos lolitas de 13 años muy putas" es que, con casi total probabilidad, lo ha hecho dentro del más escrupuloso respeto a las leyes del Reino: Nuestro Código Penal no considera delito el mantener relaciones sexuales con niñas mayores de trece años salvo que medie engaño, signifique lo que signifique este curioso concepto jurídico indeterminado.
La hipocresía va ligada indisolublemente a la democracia. En este caso, la receta consiste en eliminar el reproche penal a una conducta propia de degenerados y luego poner el grito en el cielo cuando un viejo verde hace públicas sus hazañas bélicas con treceañeras japonesas. Legislar prescindiendo total y absolutamente de la sociedad para luego liderar los linchamientos públicos por esa conducta que tú has despenalizado pero que tus ciudadanos aborrecen no puede ser considerado sino el colmo de los colmos en materia de fariseísmo.
La redacción de esta parte del articulado de nuestro Código Penal no fue pacífica. No era moco de pavo definir la edad a la cual se podía otorgar un consentimiento válido para el mantenimiento de relaciones sexuales. El PSOE pretendió -y aprobó- que esta mayoría de edad sexual tenía lugar ni más ni menos que a los doce años. Todo un récord para un país en el que para votar, conducir, fumar o beber alcohol hay que tener los dieciocho cumplidos y en el que la edad mínima para contraer matrimonio está fijada en los catorce años previa dispensa judicial.
Esa edad tan ridículamente baja -única en nuestro Derecho comparado- para otorgar un consentimiento válido en materia de relaciones sexuales tanto con otros preadolescentes, como con adolescentes o adultos fue defendida con uñas y dientes por la izquierda más sectaria, con Cristina Almeida al frente, descalificando la -apenas un poco más razonable- propuesta del Partido Popular para elevar dicho consentimiento hasta los catorce años. Aquello era un intento de "imponer a los adolescentes cual debía ser su moral sexual", según decía doña Cristina.
Finalmente, el PP modificó la mayoría de edad sexual en 1999. La elevó desde los doce hasta los trece años actuales. Los catorce se quedaron por el camino, perdidas entre las medias tintas, componendas y consensitos de vuvuzela que tanto gustan a los azules pálidos.
Al final pasa lo que pasa. A nadie con dos dedos de frente le parece aceptable que una niña de doce o trece años pueda mantener libremente relaciones sexuales con un adulto. Pero cuando se legisla a golpe de progresismo y se contralegisla a golpe de centrocomplejismo, el resultado es que la sociedad termina teniendo una regulación penal aberrante a en materias tan sensibles como el sexo con menores.
Que sean precisamente los progresistas, los votantes y apoyos de esa izquierda degenerada que legalizó el sexo con doceañeras quienes estén poniendo el grito en el cielo y que lo hagan, además, sin que nadie les recuerde que fue lo que ellos votaron e impusieron en 1995 es como para que nos empiece a caer encima el fuego y azufre que obviamente merecemos por mantener vigentes leyes como esas.
Pero, desde luego, veremos como de aumentar la edad legal para mantener relaciones sexuales o de prohibir directamente determinadas relaciones obviamente asimétricas no se le ocurre hablar a nadie.












