El Partido de la Jeta
Jesús Gil llegó a la Alcaldía de Marbella prometiendo algo tan sencillo como que gracias a él, todos los habitantes de Marbella empezando por él mismo lograrían vender sus pisos. Y lo cumplió. Al margen de cualquier otra consideración, Gil reactivó el urbanismo y el turismo en Marbella tanto para él como para sus conciudadanos que le votaron en masa elección tras elección.
En Chiclana, municipio de 70.000 habitantes con 40.000 viviendas ilegales del que ya hablamos aquí han decidido dar el siguiente paso lógico: Los propietarios de las viviendas construídas sin licencia han montado un partido político propio con el que esperan presentarse a las elecciones y autolegalizar sus viviendas a costa de los demás contribuyentes. Al parecer, el plan que les propone el Ayuntamiento para dotar de agua, luz y alcantarillado a sus barrios les parece muy caro ya que , en palabras de su candidata, tales servicios deben ser prestados por las instituciones al margen de barreras arquitectónicas o legales. Con un par.
Cuando toda Andalucía -toda la política municipal española, en realidad- se ha convertido en un mar de sinvergonzonería urbanística, uno llega a no sorprenderse por nada. Pero las declaraciones de esta señora hablando de eliminar el trauma psicológico que sufren muchas familias desde que descubrieron que tienen que cumplir la Ley no deja de ser un interesante avance en esto de mostrar a cara descubierta la jeta de cemento armado de muchos, muchos españoles.
En Moraleja de Enmedio, los cooperativistas que compraron suelo rústico hace nueve años confiando -vaya usted a saber porqué- en que se lo iban a recalificar no han montado todavía un partido político, limitándose a acampar en su suelo. Pero todo se andará. Porque esto es España y aquí no no solo no hay caradura que no se salga con la suya, sino que además tenemos montado todo un elefantiástico sistema legal que asegura un grado tal de intervención administrativa en todos los ámbitos de la vida -sin ir más lejos, en el precio del suelo- en el que la pura y simple voluntad arbitraria de un Ayuntamiento dicta dónde, cómo, cuándo y qué se puede construir. Y esa voluntad, por supuesto, se compra y se vende.
En Moraleja de Enmedio, los inversores (pues eso son y no otra cosa) de la cooperativa 'La Tenería' cometieron un error: Creerse que iban a edificar sin antes pasar por la caja del concejal de turno. En Chiclana lo tienen más claro y, directamente, planean decirle al Alcalde que vienen a ocupar su silla y a utilizar el Ayuntamiento para arreglarse sus propios problemas. Pa chulos, los del Partido Vecinal Regionalista.
Por supuesto, de liberalizar el suelo, nasti de plasti. Que la maquinaria de la casta no se financia sola.












