Cataluña, la California española
El Govern de Montilla ofrecerá bonos de 1000 euros a devolver en un año al 4,75% de interés, para su compra por particulares. Esto es la desesperación más absoluta, pero las veguerías y las escuelas de catalán en Papúa-Nueva Guinea no salen gratis.
Y si a alguien le cabe alguna duda acerca de de donde va a salir el 4,75% de interés que hay que pagar al astuto inversor que compre un bono de estos -cosa que yo no haría ni por recomendación de Nostradamus- ya se lo adelanto yo: De la negociación de los Presupuestos Generales del Estado para el año que viene.
Toda la clase política catalana está dedicada en cuerpo y alma a chuparle la sangre tanto a sus propios votantes como a los del resto del país. El invento ya era impresentable, pero es que ahora, además, es insostenible. La captación masiva de ahorro de particulares es el síntoma final de que el oasis catalán se viene abajo. Cuando una administración pública emite bonos a un año a interés superior al del mercado para su compra por particulares, está anticipando una quiebra inminente.
La Generalitat Catalana presume -y es cierto- de tener una tasa de funcionarios baja en comparación con el resto del país. Lo que no dice es que desde tiempos de CiU hay una de las mayores estructuras de administración paralela de España con miles de empleos en fundaciones, agencias, subcontratas, empresas públicas... sitios donde a priori sería más fácil realizar un recorte severo impensable con elecciones tan cerca. El PSC le pasará a CiU la patata caliente.
Ya advertí que la situación de las cuentas públicas de Cataluña era gravísima hasta el extremo de poder terminar necesitando un rescate. Ahora resulta que como la patria de Pujol y Carod-Rovira acumula el 25% del déficit autonómico del Reino y su deuda pública cotiza al mismo nivel de fiabilidad que la del Perú, ya no vale el truco de extorsionar a sus Cajas de Ahorros para que compren sus bonos: Es el momento del Capítulo II: Engañar al ciudadano de a pie.
El modelo autonómico es insostenible. El modelo de solidaridad interterritorial forzosa entremezclado con foralismo para ricos -se hace realmente complejo defender posturas intermedias cuando Navarra y País Vasco se escapan de sus obligaciones con conciertos varios dejando sólo a la franja mediterránea como aportadores netos- y rupturas arbitrarias de las reglas de juego para quien tiene la capacidad de aprobar los PGE, ha fracasado.












