Viernes, 24 de septiembre de 2010

El incre?ble periplo del turista Mustafa

Mustaf? tiene 22 a?os y nacionalidad marroqu?. Y eso significa que si esto fuera una serie policiaca espa?ola, ser?a un ser angelical y absolutamente inocente. Pero resulta que esto es mi blog personal y no me hace falta ficci?n teniendo guardias del Colegio de Abogados. Y Mustaf? es -como su propio nombre indica- un delincuente.

La parte del periplo tur?stico de Mustaf? de la que puedo dar fe empieza en el a?o 2008 en la prisi?n de Aranjuez, a la que hab?a ido a parar como consecuencia de lo que ?l denomina "sus negocios" y el C?digo Penal del Reino -en su intolerancia- tipifica como "delito contra la salud p?blica". Porque Mustaf? -como su propio nombre indica- compra hach?s al por mayor y lo distribuye como minorista. El caso es que en el verano de 2008, Mustaf? obtiene un permiso penitenciario que le obliga a volver a ingresar en Aranjuez a finales del mismo a?o, permiso que nuestra joven joya decide aprovechar para hacer una visita a sus parientes en Marruecos -probablemente incumpliendo los mismos t?rminos de su libertad condicional.

Cual no ser?a su sorpresa al verse detenido en la aduana por la Polic?a. Por la Polic?a de Marruecos, naturalmente. Y es que? -aunque tal vez esto resulte sorprendente para quien opine que Mustaf? es una v?ctima forzada a delinquir por la xen?foba sociedad occidental- lo cierto es que nuestro protagonista no inici? en suelo patrio su actividad como freelance de la droga, sino que ya era delincuente en su tierra natal.

Los espa?oles somos gente progresista y de buen rollo. Cualquier camello marroqu? puede asentarse legalmente en Espa?a. Cualquier convicto puede entrar y salir libremente de las fronteras del Reino. Pero tanta modernidad no ha llegado hasta Marruecos y la Polic?a de su pa?s de origen hizo lo que la del nuestro no: Pedirle sus papeles y proceder inmediatamente a entrullarle por las cuentas que manten?a pendientes con la Justicia alahuita.?

En esta situaci?n, estaba claro que nuestro protagonista no pudo presentarse en la prisi?n de Aranjuez a tiempo para comerse el turr?n a costa de los contribuyentes espa?oles: No regres? a Espa?a hasta principios de 2009. Una cosa llev? a la otra y entre pitos y flautas, Mustaf? -como su propio nombre indica-? retras? un poco m?s su reingreso en prisi?n: Se present? por su propio pie en Alcal?-Meco (que le pillaba m?s cerca)? un lunes de Mayo de 2009, a primera hora de la ma?ana aprovechando que estaba m?s despejado.

De Alcal?-Meco fue trasladado a Navalcarnero sin que nadie se molestara en avisar al Juzgado de Instrucci?n madrile?o que hab?a dictado orden de busca y captura contra ?l por el delito de quebrantamiento de condena que -presuntamente-? habr?a cometido al no reincorporarse a Aranjuez en plazo de que el turista Mustaf? hab?a decidido dar por terminadas sus vacaciones penitenciarias. El resultado final fue que nuestro intr?pido ?rgano jurisdiccional capitalino mantuvo vigente una orden de busca y captura contra un se?or que se encontraba ya bajo los primorosos cuidados del Ministerio del Interior.

Para m?s INRI, Mustaf? obtiene un nuevo permiso que le permite salir de la c?rcel de Navalcarnero. Y menos de un d?a despu?s, ya se encuentra en una Comisar?a. Pero no sean ustedes malpensados: Mustaf? ha acudido all? a informarse sobre los tr?mites necesarios para obtener la nacionalidad espa?ola. Imaginen la cara de los agentes al darse cuenta de que tienen ante ellos a un sujeto buscado por quebrantamiento de condena pregunt?ndoles por la nacionalidad espa?ola.

El resultado final de esta historia es que Mustaf? se pasa 24 de sus 96 horas de permiso de visita cultural por diversos calabozos antes de ser nuevamente puesto en libertad.Por fin el Juzgado de Instrucci?n tiene lo que buscaba: Un domicilio al que hacer llegar a nuestro turista favorito sus notificaciones, funci?n que cumple a la perfecci?n el penal en el que Mustaf? se encuentra -digamos que- reclu?do.? Una vez logrado esto, ni el Juzgado ni los responsables de la c?rcel de Navalcarnero ven ninguna raz?n para suspender su permiso penitenciario.

Yo iba a abrir la boca para se?alar unas cuantas, pero me acord? de que era el abogado defensor.

Se siente, Justicia. Ya ganar?s t? alg?n otro d?a.


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