Leyes de Hierro
Ignoro cuales son los estudios de Antonio Asunción, pero no hace falta ser muy listo para darse cuenta de que entre los mismos no figura la obra de Robert Mitchels, enunciador de la denominada Ley de Hierro de las oligarquías. Solo desde este desconocimiento básico se entiende que se haya lanzado a cuerpito gentil a disputarle el liderazgo al doble aparato conformado por Ferraz y el PSPV: Era un intento condenado al fracaso a no ser que mediara un movimiento decididamente contundente de la masa militante del PSOE en la Comunidad Valenciana.
En política, al contrario que en las películas de aventuras, no suele estar muy claro quiénes son los malos y quiénes los buenos, pero en este caso podemos hacer una excepción.
Antonio Asunción es el Ministro del interior que dimitió cuando fuerzas bajo su mando cometieron un gravísimo fallo -el que posibilitó la extravagante fuga de Luis Roldán rumbo a Laos- del que difícilmente se le podía hacer responsable a él. Enfrente, los aparatos del PSOE y del PSPV, controlados por el Clan de los Pajín, cuya matriarca ha faltado tan flagrantemente a los pactos entre partidos sobre buenas prácticas y antitransfuguismo que tuvo que hacer como que se iba del PSOE, pese a lo cual la han hecho volver de tapadillo -con mayúsculo escándalo- a las listas del PSOE en Benidorm.
El caso, realmente, no tiene paralelo alguno con el de las candidaturas de Tomás Gómez y Trinidad Jiménez para encabezar las listas de los socialistas madrileños: En Madrid, a fin de cuentas, se están enfrentando dos aparatos, dos burocracias, dos ententes de intereses enfrentados. Y en Valencia, el defenestrado Asunción ha ido por su cuenta y riesgo, estilo paracaidista. Y le han defenestrado.
Más que a nadie, el caso del ex-Ministro del Interior me recuerda al del pobre José Borrell. Un aventurero aupado sorpresivamente a la candidatura a la Presidencia del Gobierno por unas bases hartas de la vacuidad de Joaquín Almunia. Elegido Borrell como líder por las masas, lo lógico hubiera sido la desaparición de Almunia. En cambio, este optó por atrincherarse en el propio aparato del PSOE desde el que se encargó de sepultar al elegido por las bases con todos los medios que tiene una estructura burocrática dedicada el 100% del tiempo a controlar la actividad de sus militantes o las prebendas que los mismos eventualmente reciben y con la inestimable ayuda de la prensa adicta.
A Borrell se le hizo caer una vez proclamado. A Asunción no le han dado ni la opción de medirse con el candidato oficial, ahorrándose así el aparato los inconvenientes de tener que inventarse, por ejemplo, historias sobre su sexualidad o casos de corrupción que afecten en algo a su entorno.
En realidad, el hallazgo político de Robert Mitchels anticipa la esclerosis de las partitocracias europeas: Cuando el peso del aparato -la burocracia, al estructura que cobra y vive del Partido- es más importante que la voluntad del militante que la mantiene -no digamos ya del votante- directamente hemos terminado con la democracia. Tanto con la democracia interna de los partidos, como con la propia democracia presuntamente representativa del Sistema.
De ahí la importancia de los imperativos constitucionales y legales que obligan a los partidos a tener estructuras y funcionamiento democrático: Al final, la democracia en los partidos es lo único que asegura en cierta medida que los cargfos públicos electos sean realmente representativos... siempre que se combine con una legislación electoral basada en listas abiertas.
A todas estas, en España tenemos listas cerradas y partidos que exigen miles de avales para tener opción a disputar un liderato. Saque cada cual sus propias conclusiones.












