Díaz Ferrán y la moral de plastilina
El Juzgado de lo Mercantil Nº 8 de Madrid decidió a principios de Agosto el embargo de bienes personales de Gerardo Díaz-Ferrán por la quiebra de Air Comet, que se está presumiendo -y no nos extraña- como un caso de concurso culpable. En paralelo, el 13 de septiembre el Juzgado de Primera Instancia Nº 43 le condenó a abonar de su patrimonio personal dos nóminas del salario de un trabajador.
En el primer caso, lo increíble de la historia es que el concurso culpable de Air Comet no se iniciara a instancias de la Seguridad Social (a la que se adeudaban 21 millones de euros) ni de Hacienda (18 milloncejos del ala) sino a instancias de un banco alemán (el HSH) al que se le adeudaban 17,2 milones de euros. ¿Ineficiencias del Estado? ¿Amiguismo puro y duro? Tiren el comodín de la vergüenza ante el funcionamiento de nuestras instituciones.
Con todo, más sangrante aún me parece el segundo caso: Díaz Ferrán firma en mitad de una huelga una garantía de pago de los salarios que los trabajadores de Air Comet exigían. Y el argumento con el que Díaz Ferrán intenta zafarse de hacer efectivo el pago es... que él estaba dando una garantía "ética o moral" y no contrayendo una obligación solidaria. Acabáramos. Porque, naturalmente, una obligación solidaria es -¡no faltaba más!- de obligado cumplimiento. Pero una garantía ética o moral está para que Díaz Ferrán se la pase por donde Iván las toallitas. Y para terminar de demostrar al mundo que estamos ante un pirata, va el interfecto y utiliza ese argumento ante un Juzgado de lo Civil.
Y no, esto no es una gracieta de los ewoks chikilicuatres que van a la huelga el 29... sino la triste realidad moral del que sigue siendo Presidente de la CEOE. Este es el triste estado de la clase dirigente del país, plenamente convencida de que los compromisos éticos y morales, incluídos aquellos a los que se accede de forma pública y como parte de un acuerdo del tipo que sea, están para no cumplirse.
Lo grave de esto es que estos dirigentes son un fiel reflejo de la sociedad a la que representan. Me queda la duda de si son estos líderes sin escrúpulos los que corrompen a la sociedad entera con sus trapacerías, su caradura y su mal ejemplo o si realmente es el cuerpo social el que está tan podrido como para que la única situación posible sea esta que tenemos en la que, sin importar donde miremos, no alcanzamos a ver más que ladrones por todas partes.












