Zapatero y Rajoy: El roto y el descosido.
A José Luis Rodríguez Zapatero y a Mariano Rajoy les sucede como a muchas parejas que uno conoce: Que cada uno de ellos tiene defectos que parecen hechos a la exacta medida de los que, a su vez, tiene su contraparte. El saber popular -que es menor que el de Museros, pero mayor que el de los aparatos de los partidos- recoge esta común situación bajo el adagio de "siempre hay un roto para un descosido".
Que Zapatero y Rajoy llevan casi dos lustros mereciéndose el uno al otro es algo que poca gente duda. Donde el uno es inane, el otro es silente. Donde uno es torpe, el otro es perezoso. Donde uno es maligno, el otro es aleatorio. Y donde uno le vende un peine a un calvo, el otro es experto en hablar sin decir nada y acto seguido desdecirse sin contradecir lo anterior. En definitiva, tal para cual.
El problema ya no es que vendan humo, o que sean productos absolutamente vacíos del markéting de sus respectivos aparatos, sino que estos mismos aparatos son absolutamente incapaces de dotarñes del menor contenido, tal como dijo dijo hace unos días Ernesto Milá a propósito de Rosa Díez. El problema ya es otro: Zapatero y Rajoy no están vacíos, sino llenos de malas ideas.
Así, Zapatero asombraba el otro día al mundo entero con sus últimos hallazgos en materia de doctrina soviética -eso y no otra cosa es la imbécil pretensión antieconómica de que los parados realizando cursos de formación están realmente "trabajando por su país". Pero lo hacía año y pico después de que Rajoy adelantara lo que luego confirmaríamos como cierto: Que el PP no tiene otras ideas para salir de la crisis más que las de ladrillo, ladrillo y ladrillo.
Primera propuesta de Rajoy: Exención total del pago del IRPF a las rentas menores de 16.000 euros... siempre que tengan hipoteca, para que la puedan pagar mejor. Conjugada con deducción del IRPF para los ingresos mayores del IRPF siempre que tengan hipoteca, para la misma causa. Es decir, dediucciones de Hacienda para pagar más cómodamente a los bancos (mención especial incluída a esos bienaventurados que tienen menos de 16.000 euros de renta y una hipoteca: Ellos lo valen).
Segunda propuesta: Aumentar la construcción de viviendas de protección oficial. Éramos pocos y parió la abuela. Como si el problema de la vivienda en España fuera la falta de las mismas y no el gigantesco excedente existente.EL hecho es que el tema de la VPO está mal orientado en España desde el momento en el que se empieza a otorgar lo que es una ayuda pública -y de no escasa entidad- a un presunto necesitado al que no se le vuelve a preguntar nunca sobre su fortuna.
Lamentablemente, la VPO en alquiler no existe para nuestros dirigentes y ello por una buena razón: La inmensa mamandurria que suponen las cooperativas vinculadas directa o indirectamente a los partidos. Es lo que hay.
Tercera propuesta: liberar el suelo para que se pueda construir en cualquier parte. Me parece perfecto. Pero es que ahora nadie va a construir en ninguna parte. Esta era una medida ideal para haberla tomado en el año 2000 y desactivar la burbuja por la vía de terminar con la falacia de la escasez de suelo. Que todavía quede algún mohicano diciendo desde una cátedra -universitaria o mediática- que el ritmo normal de construcción de vivienda en España es de 300.000 anuales no significa que eso sea verdad en absoluto: Significa, simplemente, que tenemos unas cátedras universitarias de vuvuzela y unos analistas económicos mediáticos que, con mínimas excepciones, no son más que muñecos de ventrílocuos del "aquí no pasa nada" cuando en realidad está pasando de todo.
Digámoslo ya: Este Gobierno y esta Oposición, el uno centrado en tapar sus vergüenzas y la otra obcecada en que la solución es el ladrillo, nos llevan de cabeza a una crisis a la japonesa... solo que sin la potencia exportadora de Japón. Los sucesos inevitables para salir de esta crisis son cuatro: Pensionazo, Salariazo, Ladrillazo y Autonomitis. Solo esta secuencia de sucesos nos permitirá exportar como locos, pagar nuestra deuda externa y no convertirnos en la Argentina europea.
Claro que para lograr eso, alguno de estos dos infralíderes cuasi-clónicos entre sí, tendrá que empezar a tratar a los españoles como si fuéramos anormales. Y tal vez incluso desarrollar alguna buena idea propia, si es que no es mucho pedir. Porque que Pepiño Blanco les dé sopas con ondas a los dos en lo referente a valor político es como para temer por el Estado.
Sigan remando, que falta les va a hacer. Y disfruten lo votado.












