Leña a esta gentuza
Esto es lo que los sindicatos del Régimen piensan del empresariado español. Esto es lo que esta banda de hijos de la gran puta se piensan que es una empresa. Esto es lo que este conjunto de vividores del cuento, de paniaguados, de liberados sindicales, de parásitos, de iletrados y de chupópteros varios convenientemente alimentados desde las arcas públicas se dedican a pregonar respecto de quienes se arriesgan -nos arriesgamos- a emprender comprometiendo nuestro patrimonio para generar en el proceso riqueza y empleo.
No queda más remedio: A la generación que nos gobierna hay que correrla a gorrazos del aparato del Estado, por crear primero y vender como inevitable después todo un establishment de calamidades, de ineficiencias, de caraduras y de ruinas económicas, administrativas, morales y humanas como las responsables últimas de vídeos como este.
Digámoslo ya: Todo lo que han tocado los supercincuentones que nos gobiernan lo han podrido. Todo lo que han creado es un desastre. Todo lo que han hecho como gestores económicos y políticos del país ha sido sembrar la decadencia. Urge echarlos. A todos, sin excepción. A todos y cada uno de los componentes de esa generación dirigente pagada de sí misma y encantada de haberse conocido que, como la orquesta del Titánic, es empeña en que no pare la música mientras se descubre que la Transición es un churro, que el modelo de Estado que han creado es insostenible y que a ellos les salieron sus viviendas literalmente gratis mientras han hecho que sus hijos se hipotequen a treinta años.
Uno de los mayores cánceres nos van a dejar una vez sean desalojados de los mandos del país -lo cual se hará, me temo, tarde y prácticamente con lanzallamas- serán sin duda estos dos sindicatos de vuvuzela. No me cabe la menor duda de que liquidar esta casta sindical de ewoks venidos a más y de flautistas de Hamelín de medio pelo es una tarea urgente, que bordea la más elemental higiene social y nacional. No puede haber sociedad alguna que pueda permitirse el lujo de tener a monos de feria como estos, auténticas caricaturas de representación de los trabajadores, pintando a los empresarios -al tejido productivo del país- de forma absolutamente equivalente a como pintaban los nazis a los judíos en los documentales de Joseph Goebbels.
Pensándolo bien, quizá no sea tan mala idea lo del lanzallamas...












