Si el ejemplo a seguir es Japón, ya podemos ir rajándonos las tripas
Lo leo y no lo creo: El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, presentó a la economía japonesa como un modelo para España. Es para nosotros un
referente,un ejemplo a seguir en muchos ámbitos. De hecho, la charla que pronunció ante los empresarios japoneses no dejó lugar a dudas ya desde su título: "España y Japón, dos historias de éxito económico".
Que nadie diga que la ignorancia de nuestro Presidente entiende de fronteras: Simple y sencillamente, estamos ante un infraser carente no ya de formación, sino de la más elemental cultura económica general.
Japón va camino de su segunda década perdida. Su PIB en 2009 decreció un 5%, siendo esta la peor cifra económica nipona desde 1955. Los niveles de paro siguen batiendo récords. De hecho, la gran noticia económica mundial a principios de 2010 había sido el encadenamiento de tres trimestres consecutivos de crecimiento económico. Y Japón sigue en un dolorosísimo proceso de deflación (caída de precios) que según su Banco Central podría durar al menos tres años más.
Esta es la situación japonesa. Estas son las consecuencias de gestionar una burbuja inmobiliaria prefiriendo un ajuste lento de precios antes que una quiebra rápida de empresas y bancos. La banca japonesa sigue hoy, esencialmente, tan quebrada como en 1998. Un sistema financiero zombificado, que se mantiene con vida porque su Banco Central le presta dinero con unos tipos de interés oficiales entre el 0% y el 1% para evitar su quiebra.
Estos tipos tan bajos deberían alentar el consumo. Pero no lo hacen. De hecho, los precios siguen bajando y cualquier mínimo repunte de la demanda interna es considerado un éxito. ¿Porqué? Porque Japón sigue sin conocer el valor real de sus activos inmobiliarios. Los bancos-zombis japoneses no tienen prisa por sacar al mercado su inmenso stock inmobiliario ya que, a fin de cuentas, cada venta supone una pérdida neta de dinero respecto al valor que se dio en su día a esas hipotecas. La consecuencia final es que tanto la vivienda como el suelo industrial sigue sobrevalorado. Y los japoneses siguen retrayendo su consumo de todo lo demás.
¿Qué es lo que mantiene vivo a Japón entonces? El ser la segunda economía exportadora del mundo. El exportar tecnología punta y además el hacerlo con un sistema intensivo en mano de obra. Y tampoco nos olvidemos de los efectos positivos de una población tan ahorradora, trabajadora y disciplinada... que les das una cifra de paro del 15% y les parece tan impensable que ruedan una peli postapocalíptica. Igualito que en Andalucía, vamos.
El ejemplo japonés es, en definitiva, el antiejemplo de como gestionar una crisis económica de raíz inmobiliaria. Y desde luego, es el peor ejemplo posible para España. Porque nosotros ni somos una economía exportadora de productos de alto valor añadido... sino más bien todo lo contrario: En primer lugar, sin el turismo nuestra balanza comercial es deficitaria. En segundo lugar, nuestras mejores expectativas pasan por convertirnos en exportadores de productos de bajo valor añadido, que es lo único que podemos hacer tras lustros de despreciar la inversión en I+D+i.
Por supuesto, esta mejor expectativa -de la que hemos hablado otras veces- requiere de un ajuste inmobiliario severo y rápido. Muy probablemente, con vuelta a los precios inmobiliarios de 1996. Como nuestra clase política opte por la vía japonesa de zombificar entidades y momificar el mercado inmobiliario, ya podemos ir buscándonos una religión de esas en las que el suicidio ritual está bien visto y sugerirle a estos anormales que se conviertan a ella.
Me llamaréis radical. Pero es o el haraquiri de ellos o el del país entero.












