Veraneo en Mauritania
Al-Qaeda es, como todo el mundo sabe, una organización muy del estilo de Spectre o Cobra: Infinidad de células y agentes durmientes diseminados por todo el mundo y prestos a golpear en cualquier momento y de cualquier manera al opresor Occidente... hasta que aparece el héroe anglosajón de turno a salvar el día. El caso es que cuando a una emprendedora tribu de beduinos -miembros de Al-Qaeda, nos dicen- se le ocurrió secuestrar a dos cooperantes españoles que pasaban el rato en el desierto de Mauritania, los héroes imperiales debían estar de vacaciones y no nos quedó más remedio que poner a Moratinos a hacer de James Bond.
El resultado final ha sido que los cooperantes están de vuelta en España, que los beduinos se han embolsado ocho millones de euros, que de propina les hemos devuelto a uno de los suyos y que el Reino ha perdido una porción más de los pocos jirones de prestigio que le van quedando, sepultada para siempre bajo las arenas del Sáhara. No está nada mal para el veraneo en Mauritania de unos niños bien de la progresía imperante.
Ya dije hace tiempo, a propósito de Suráfrica (no, no se me ha olvidado que aún tengo algo pendiente que escribir sobre esto) que había muy pocas cosas razonables que se le hubieran perdido a un blanco en determinadas latitudes. En el caso de Vilalta y Pascual, seguimos sin saber a día de hoy cual era el importante proyecto de ayuda humanitaria que les llevó a organizar una caravana solidaria bajo la atenta guía del siempre amable Omar el Saharahui. ¿Repartir agua? ¿Medicamentos? ¿Herramientas? ¿Cavar un pozo, tal vez? De lo que no cabe duda es de que era una actividad para cuyo desarrollo era absolutamente imprescindible presentarse vestidos de Coronel Tapioca.
El caso es que les pasó exactamente lo mínimo que les podía ocurrir cuando uno acude a un Estado-Basura y se deja guiar por un beduino a un territorio controlado por bandas armadas: Que fueron secuestrados. Y que gracias a su secuestro, hoy hay en el desierto mauritano una tribu de beduinos-bandidos mucho poco más fuerte (más rica, mejor armada, más prestigiosa) de lo que era el día anterior a que esa agencia de viajes disfrazada de ONG que al parecer es Acció Solidaria aparecieran por el país.
Se preguntan en Intereconomía por las cantidades recibidas en concepto de subvenciones por esta entidad. Nada más fácil que rastrear los BOEs. O que acudir al Registro Mercantil Provincial, en el que toda Asociación tiene la obligación de sellar sus libros de cuentas y presentarlos anualmente.... incluída esta ONG laica, solidaria y progresista que te ofrece en su web la oportunidad de convertirte, por solo 77 euros/noche, en todo un Daniel Comboni. Turismo solidario, lo llaman.
Y, si lo que quieres es aunar la sensación de solidaridad con la de aventura, embárcate en una caravana solidaria con Omar el Saharáhui. Él mismo te secuestra y te devuelve al aeropuerto y durante los doscientos sesenta y siete días en los que su tribu te mantiene secuestrado, te van a dejar ver la televisión internacional para que te emociones al ver las manifestaciones solidarias con tu nombre en las pancartas de cabecera que los bienpensantes de guardia se encargarán de montar. Todo sea por dejar bien alto el pabellón de la tradicional hospitalidad de las gentes del desierto. Será como emular a Lawrence de Arabia, pero como rehén en vez de como caudillo. Eso sí, la condición indispensable para que tus vacaciones solidarias sean plena es tener un Gobierno que considere que tu buena conciencia de pijiprogre merecen su amparo... y que además se deje chulear por los émulos magrebíes de Curro Jiménez.
Si ese es tu caso, no lo dudes: ¿Vacaciones en Camboya? ¡Veraneo en Mauritania!












