I+D Feminazi (VI): Nuestro hijo, mi rehén. Nuestro hogar, mi cortijo.
Desempolvaba el otro día Museros un texto de Polibio a propósito de los problemas de natalidad que tuvo en su momento la antigua Grecia. Es difícil no identificar los problemas señalados por el historiador del siglo II antes de Cristo con las causas de la baja natalidad hoy día. Con una excepción: En las sociedades antiguas no existía el feminazismo imperante hoy día en el mundo occidental. Este feminazismo, esta mentalidad femenina tan lamentable que nos asedia por todas partes y que ha logrado en gran medida la creación de leyes ad hoc para oprimir más y mejor a los varones explica a mi juicio en cierta medida la renuencia a tener hijos por parte de muchos europeos.
Repasemos un par de noticias recientemente aparecidas en prensa:
Lugo, seis de Agosto de 2010: Una mujer de cuarenta y tres años ve a su marido -a quien ya le había rajado las ruedas del coche en otras ocasiones- montado en su automóvil con otra mujer. Ni corta ni perezosa, monta a su hijo de seis años en su propio vehículo y se dedica a perseguir y embestir por detrás al coche en el que viaja el padre de la criatura. Cuando es detenida, la mujer aprovecha para decir que su marido la había amenazado una vez con un cuchillo, motivando así que, por su sola declaración, le detengan también a él. La versión larga la tenéis en este enlace.
Pontevedra, 12 de Mayo de 2010: Mujer en trámites de separación con su marido intenta matarse en compañía de los dos niños de la pareja, de dos y cuatro años de edad. Afortunadamente, no lo logra. La prensa habla de un "intento fallido de suicidio" cuando en realidad de lo que estamos hablando es de un asesinato múltiple en grado de tentativa.
Son dos casos extremos. Pero los pongo aquí por no poner los miles de casos sobradamente conocidos de víboras que impiden a sus ex-parejas el ver a sus hijos o, simplemente, se dedican a llenarles la cabeza de veneno contra ellos, amparadas en una legislación que, de hecho, lo promueve. El resultado final es siempre el mismo: "Como no me has dado la vida de L´Oreal que me merezco porque yo lo valgo, quiero joderte la vida. Así que voy a dedicarme a jugar con las mentes o las vidas de tus hijos".
Y lo que es válido para los niños, lo es igualmente para el hogar conyugal al que los niños van indefectiblemente ligados ligados en virtud de nuestro artículo 96 del Código Civil, generando situaciones tan escandalosas que ni el diario El País ha podido seguir ignorándolas: Simplemente, la miseria y la ruina que supone un divorcio con niños para un varón es demasiado evidente, demasiado obvia y demasiado conocida como para no tenerla en cuenta a la hora de plantearse una eventual paternidad.
Y tan enemigo de la paternidad es el 96 CC como del puro y simple matrimonio lo es el 97 del mismo código, que establece que por haberle dado a tu cónyuge un nivel de vida superior al que le corresponde tienes la obligación de resarcirle (cabría preguntarse de qué) con una pensión compensatoria, cruel invento jurídico feminazi para posibilitar que ellas se divorcien y que ellos aguanten lo inaguantable con tal de evitar su condena a la más total zombificación económica.
Volvamos ahora a leer a Polibio. Y tratemos ahora de comprender porqué la situación demográfica de la Grecia antigua era infinitamente menos grave que la actual: En el siglo I a.C. no había todo un sistema montado en torno a la opresión emocional, legal y económica del varón con descendencia a manos de su ex-esposa. Hoy día, plantearse tener hijos supone plantearse una importante pregunta: ¿Estás dispuesto a darle al Estado y a tu mujer la única herramienta que necesitan para convertir tu vida adulta a medio y largo plazo en algo miserable?
Aquí no basta con aprobar leyes que obliguen a criar a los hijos (en tiempos de Polibio la alternativa era abandonarlos en la plaza pública o venderlos), sino que hay que desmontar toda una ideología imperante y todo un aparato reglamentario que convierte a los niños en rehenes de sus madres y los hogares conyugales en cortijos privados de la Nueva Hembra Libre... a expensas de un desafortunado varón condenado a pagar y a callar. Y esto desde el punto de vista civil. Es decir, sin entrar a valorar en absoluto las consecuencias penales de una denuncia por Violencia de Género.
Y a propósito de esto: ¿Está dispuesto el 52% del censo electoral del país a abolir los privilegios que lleva treinta años dándose a sí mismo en materia civil y penal en detrimento del 48% restante?
¿No? Pues nada, señoritas: A disfrutar de lo votado.












