PSOE y PSM: Vuelta a las andadas
Uno pensaría que tras haber impuesto sendos paracaidistas como candidatos al Ayuntamiento de Madrid y haber obtenido sendos rotundos fracasos en dos intentos consecutivos de asalto a la Villa y Corte, la dirección federal del PSOE habría renunciado a meterse en camisas de once varas. En vez de ello, Zapatero sube las apuestas: Ahora está empeñado en que Trinidad Jiménez (quien ya fracasó como candidata a la Alcaldía de la capital) sea Califa en lugar del Califa del PSM. Es decir, en que sea candidata a presidir la Comunidad Autónoma de Madrid en vez de Tomás Gómez.
Y para rematar la jugada, quiniela para la Alcaldía con Lissavetsky y Rubalcaba de por medio. Dos hombres de la vieja guardia y de perfil político muy alto que acaso podrían suponer un problema para el Secretario General del PSOE de mantenerlos en el Gobierno. ¿Y en el PSM, que opinan de esto? Pues que ni en broma.
Lo cierto es que la Federación Socialista Madrileña, reconvertida en Partido Socialista de Madrid en 2004, destacó siempre por su carácter complejo, fraccionado y levantisco. Un avispero, vaya. Quizá el mejor ejemplo lo dio el famoso tamayazo, cuando dos diputados regionales se negaron a votar a Rafael Simancas como Presidente de la Comunidad de Madrid (la candidatura a la Alcaldía de Madrid de Trinidad Jiménez impuesta por Zapatero se había saldado con un rotundo fracaso) alegando el incumplimiento de acuerdos internos entre Guerristas (como el propio Simancas) y Renovadores por la Base, corriente a la que pertenecían ambos diputados rebeldes y que tuvo mucho que ver con el ascenso de Zapatero a la Secretaría General del PSOE.
Las elecciones se repitieron. Y Simancas salió derrotado, si bien fortalecido en su Ejecutiva tras la fulminación, pura y simple, de todas las demás facciones de la FSM. Una victoria pírrica que no le valió para nada, al sufrir una estrepitosa derrota en 2007, compartida con la sufrida por Miguel Sebastián -otro invento de Zapatero- en el Ayuntamiento de Madrid y con derrotas históricas en muchos municipios de la Comunidad tales como San Sebastián de los Reyes, Alcobendas o Torrejón de Ardoz.
Ese fue el momento en el que la dirección federal del PSOE podía haber intervenido y colocado al frente del PSM un líder de peso. Pero no lo hizo. En parte por el tirón que tenía entre las bases socialistas madrileñas el Alcalde de Pinto -un entonces desconocido Tomás Gómez- y en parte porque los pesos pesados que podían haber optado por hacerse con las riendas del PSM (Narbona, Trinidad Jiménez o el mismo Lissavetsky) estaban en ese momento disfrutando de las mieles del poder en la Moncloa y, como es natural, la perspectiva de dirigir la Oposición a una Esperanza Aguirre que había vencido tan rotundamente en las urnas no les hacía ninguna gracia.Gómez fue, por lo tanto, investido como Secretario General del PSM en un Congreso sin oposición interna digna de tal nombre y se lanzó a ejercer una labor de oposición al Gobierno de Esperanza Aguirre.
Los resultados de esta oposición han sido pobres. Gómez era un desconocido fuera del PSOE madrileño y, tras tres años de oposición, se puede decir que sigue siéndolo. Al no ser diputado regional, no ha podido medirse con Aguirre en debate alguno y desde luego la televisión pública madrileña se ha cuidado muy mucho de darle cancha. Muy mal asesorado, se ha descolgado con propuestas ajenas al discurso socialista en lo económico, incomprensibles en lo político e irresponsables en lo institucional. No obstante, Gómez alega el haber estado trabajando muy duramente desde una posición francamente débil y, amparado en la autonomía del PSM, exige ser el candidato a las autonómicas de 2011 en lugar de cualquier paracaidista que envíe Ferraz.
La baza de Gómez para aguantar el órdago de la Dirección Federal del PSOE se basa en sus apoyos entre las bases del PSM y en la posibilidad de forzar una convocatoria de primarias en el seno de los socialistas madrileños que le enfrentaran al paracaidista impuesto por Ferraz. Esto serviría automáticamente para reactivar a todas las facciones del PSM que llevan más de un lustro sin hacer ruido en público amparadas en diversas ejecutivas de integración. Así las cosas, aunque es dudoso que Zapatero pueda imponerle al PSM a su propio candidato (salvo alguna sorpresa en forma de peso súper-pesado estilo Solana) sí puede hacerle daño -y mucho- al crédito político interno de Tomás Gómez entre sus correligionarios.
No creo que Tomás Gómez sea capaz de superar electoralmente a Esperanza Aguirre. Y mi fé en las posibilidades de Trinidad Jiménez no es mucho mayor sino más bien al contrario. Pero puede ser bastante divertido el empeño de Ferraz en agitar el hasta ahora pacificado avispero del PSM. Vamos a seguir este tema.












