sábado, 24 de julio de 2010

Kosovo: Por si quedaba alguna duda

Mucho más que en el envío de tropas al Afganistán de los talibanes donde nada se nos había perdido, mucho más que en el apoyo a la invasión de un país amigo de Europa como Irak, mucho más que en el cuento chino de las armas de destrucción masiva o del Al-Qaeda, el estúpido aventurerismo en política exterior que siguió José María Aznar López fue evidente desde el primer momento en el asunto de Kosovo.

En versión resumida, Kosovo es el ejemplo perfecto de como sucesivas administraciones norteamericanas deciden amputarle a un Estado europeo una parte de su territorio para -bajo la excusa de una administración internacional- entregárselo a una banda de delincuentes a la que previamente se han preocupado de proporcionar armas y entrenamiento.

Ahora bien... ¿Cuál es la línea de razonamiento geopolítica que ha llevado a que tres administraciones sucesivas de la Casa Blanca de signo político diverso sostengan de forma tan sólida el mismo posicionamiento sobre Kosovo? Se trata de una pregunta con una única respuesta, corta, clara y concisa. No obstante, antes de darla, conviene repasar las consecuencias más graves de lo que se ha logrado, desde el punto de vista político y del derecho internacional, con la independencia de Kosovo:

1) La declaración unilateral y el referéndum se convierten en modos válidos de romper una soberanía. En este caso la ruptura se hace efectiva inmediatamente debido a la imposibilidad práctica de Serbia para imponer respeto a su unidad nacional por la fuerza, ante un Kosovo protegido por fuerzas de la OTAN. No obstante, nada va a impedir de ahora en adelante que cualquier territorio copie el mismo esquema de declaración unilateral + referéndum dando así excusa para una intervención exterior a posteriori, que quedará siempre al arbitrio de las potencias internacionales influyentes en el área.

2) Como consecuencia directa de lo anterior, las fronteras europeas, consideradas intocables, ya no son seguras. La independencia de Kosovo, a diferencia de las independencias de las Repúblicas Bálticas o de las restantes repúblicas yugoslavas no tiene el menor precedente histórico. Antes bien, en Kosovo se permite el surgimiento de una República independiente en el mismo lugar en el que, según nos enseña la Historia, tuvo su origen Serbia. En el momento en el que la Historia de los Estados Nacionales europeos deja de ser el elemento básico a la hora de definir territorios y soberanías, cualquier cosa es posible y se abre la puerta a la inestabilidad generalizada en el continente.

3) Si las fronteras no son intocables, si se ignora la Historia y si la declaración unilateral y el referéndum bastan para configurar una soberanía, se otorga de facto el derecho a la soberanía y a la independencia a las minorías étnico-religiosas que logren concentrarse y hacerse mayoritarias en  cualquier fragmento de una nación preexistente.  No nos sorprende en absoluto que los medios hayan ignorado que el componente esencial de la independencia de Kosovo es religioso y étnico. Ni la historia ni el territorio: Es el Islam y el sustrato étnico turco-albanés lo que define al Estado Kosovar. Con esos solos elementos y 100 años después de la caída del Imperio Turco Otomano, sus descendientes han logrado ser mayoría en el territorio en el que se concentraron y finalmente proclamar su soberanía partiendo un Estado preexistente... abriendo así la puerta a cualquier pretensión similar que pueda surgir en el futuro.

Estos tres elementos -y muy particularmente el último- se convierten en especialmente preocupantes en el contexto de una Europa occidental que lleva aproximadamente treinta años sufriendo un fenómeno migratorio masivo en conjunción con una crisis demográfica importante. En efecto, la situación demográfica europea y las proyecciones sobre su evolución a medio plazo tienen tintes de verdadera sustitución de población originaria por población alógena proveniente, además, de un entorno cultural y religioso absolutamente diferente al preexistente en nuestro continente. ¿Cuál va a ser el destino de la minoría serbia que aún queda en Kosovo? Mi apuesta es, sin lugar a dudas, el espejo sudafricano.

Digámoslo ya: Lo sucedido en la ex-yugoslavia en general y en Kosovo en particular no es sino la manifestación del proyecto geopolítico de los Estados Unidos para el futuro de Europa, basado la inestabilidad generada principalmente por las enormes comunidades musulmanas introducidas en nuestros Estados. Comunidades que no solo no renuncian a su identidad étnico-religiosa sino que aspiran a imponerse allí donde puedan y a obtener segregaciones de facto (vía aplicación de la Sharía) allí donde no.No es casual la proliferación de banderas estadounidenses cuando Kosovo proclamó su independencia. No es casual el empeño de la Casa Blanca en la entrada de Turquía en la Unión Europea. No es casual que los grandes aliados de los Estados Unidos en el mundo árabe sean al mismo tiempo los grandes emisores de emigración hacia Europa y los grandes financiadores del Islam en nuestro continente.

Para todas estas comunidades Kosovo será, si no lo es ya, el modelo a seguir. El ejemplo estatalizado de que es perfectamente posible que una comunidad musulmana mayoritaria en un territorio se convierta en soberana del mismo ignorando tanto la Historia como la legislación internacional preexistente. No solo estamos incubando los Kosovos del futuro, sino que además les estamos enseñando el camino hacia la ruptura de Europa. 

Y esto lo estamos haciendo -por si quedaba alguna duda- con la máxima colaboración de nuestra clase política.


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