A propósito de Kagame
Uno de los inconvenientes de hacer blogging de partido es que terminas viéndote forzado a un maniqueísmo intelectualmente insostenible. Es lo que le ha pasado -por ejemplo- a Anghara al preguntarse a propósito de la visita del Presidente Ruandés Paul Kagame si Zapatero recibiría a Hitler: Que un puñado de ciberpepiños han tirado de hemeroteca y le han recordado a Anghara los recibimientos a las cortes del Rey Fahd de Arabia Saudí. Es lo que pasa cuando se pretende juzgar la política exterior con los razonamientos de vuvuzela habitualmente utilizados por los grandes partidos y sus terminales mediáticas en sus rifirrafes domésticos.
Vaya por delante que me cuesta imaginar cuales son los objetivos políticos que persiga el Reino de España en el fortalecimiento de sus relaciones con Ruanda. Se me escapan por completo. Incluso estoy dispuesto a admitir que ver a nuestro Gobierno cortejando a Presidentes de Repúblicas bananeras en las que no se nos ha perdido nada tiene un punto de indigno, tanto más si se hace subordinando los intereses de nuestra política exterior a proyectos personales descabellados como el de la Alianza de Civilizaciones. El problema es que la argumentación ad hominem contra Kagame es, en primer lugar, falsa o muy tergiversada.
Y en segundo lugar, la lista de precedentes en materia de gobernantes democráticos recibiendo a dictadores, tiranuelos, genocidas e impresentables varios es extensa. Simplemente recordando los fastuosos recibimientos que se le han dado en este país a la dinastía de los Saud, cualquier discusión intelectualmente honesta sobre Kagame tiene que finalizar ante la evidencia de que las relaciones entre Estados obligan por definición a tratar con Gobiernos o con dirigentes con expedientes no prrecisamente inmaculados. Que la discusión no finalice es simplemente la demostración de que estamos en una de ciberpepiños vs. cibersorayos.
Pero vayamos por partes. ¿Quién es Paul Kagame?Orisson nos explica lo esencial sobre el personaje, que voy a limitarme a completar con un poco de contexto histórico: Los tutsis (en torno al 14% de la población) venían gobernando sobre los hutus (en torno al 82% restante) desde mucho antes de la colonización europea sobre la base de un cierto sistema de vasallaje y estratificación étnica. Al suceder esta, los belgas optaron por no tocar ese sistema y convertir a los tutsis en una especie de protegidos suyos: En efcto, fueron los tutsis los que recibieron adiestramiento ilitar occidental para conformar las tropas coloniales y también fueron tutsis casi todos los que recibieron educación europea. El objetivo declarado de Bélgica era, esencialmente, descolonizar el país cediendo el poder a la monarquía tutsi preexistente.
Estos planes se vieron truncados de raíz por el alzamiento generalizado de los hutus quienes, con el apoyo intelectual del Obispo Perraudin, reclamaban -con razón- el ser ciudadanos y no vasallos. En este estado de cosas, cerca de 150.000 tutsis tuvieron que huir de Ruanda -casi todos con rumbo a Uganda- entre 1959 y 1961 y fue la mayoría hutu la que llevó al país a su independencia en 1962 rechazando de paso la monarquía tutsi en un referéndum -impuesto por la ONU- con resultados no por casualidad similares al censo étnico del país. Ruanda se configuró, por lo tanto, como una suerte de república del nacionalismo hutu, opuesta al régimen tutsi de su vecino Burundi en el que -ahora bajo la forma de una dictadura militar- el 15% de tutsis se imponía sobre los hutus como habían venido haciendo desde hacía siglos.De hecho, ambos países sostuvieron una suerte de particular Guerra Fría, pero eso es otra historia y será contada en otra ocasión.
El caso es que Paul Kagame -nacido en 1957- es uno de los 150.000 tutsis que huyeron de Ruanda durante el alzamiento hutu. Estamos hablando de la élite cultural y militar de los tutsis ruandeses. Que desde Uganda se dedicaron a tratar de iniciar guerrillas tutsis contra el gobierno hutu de Ruanda, sin demasiado éxito. Pero a finales de los 80, las cosas se pusieron tan cuesta arriba para el Gobierno de Ruanda (que se enfrentó a una hambruna sin precedentes) que el Frente Patriótico Ruandés (fundado en 1985 en Uganda) pudo lanzar una invasión en toda regla y, tras tres años de combates con ayuda de los tutsis del interior del país, obligar a los hutus a aceptar una serie de concesiones a los tutsis (esencialmente, el retorno de los exiliados y sus descendientes) así como la presencia de representantes tutsis en el Gobierno mediante el Acuerdo de Arusha en 1993.
La situación no podía durar y no duró. El ejército ruandés (totalmente hutu) y la administración del Estado ruandés (igualmente hutu) se pusieron inmediatamente manos a la obra para entrenar y armar a las milicias hutus interahamwe ("Los que luchan juntos") con el objetivo declarado de exterminar a todos los tutsis del territorio ruandés: Eliminado el 11% de la población, se acabó el problema.
Para ello, el Gobierno hutu no solo dedicó infinidad de reuniones de su Consejo de Ministros a planificar el genocidio, sino que para financiar el mismo desvió más de cien millones de dólares de ayudas del FMI y del Banco Mundial, incluyendo un gasto de casi cinco millones de dólares en machetes, hachas y cuchillos en el marco de un supuesto programa de reestructuración económica del país. En el mismo año 1993 se funda la Radio de las Mil Colinas que no por casualidad empezó operando desde equipos y estaciones de la estatal Radio Ruanda. Todos estos datos y muchos más salieron a la luz durante el juicio a los genocidas hutus y fueron recopilados en un excelente libro por la periodista británica Linda Melvern.
El resultado final es de todos conocido: 800.000 tutsis (tres quintas partes de los que residían en Ruanda) asesinados en 100 días, el Frente Patriótico Ruandés de Paul Kagame irrumpiendo en masa en el país para defenderles, 300.000 hutus huyendo hacia lo que entonces aún era el Zaire para cabreo general de las tribus tutsis Banyamulengues del este de aquel país, un tribunal internacional en Arusha que ya ha condenado a más de un centenar de dirigentes, militares, civiles y hasta monjas hutus por diversos cargos de genocidio y dos guerras en el Congo directamente derivadas de los desequilibrios geopolíticos causados por la irrupción en el este del antiguo Zaire de cientos de miles de refugiados hutus entre los que existía un importante porcentaje de interahamwe y miembros del antiguo ejército ruandés.
La situación actual de Ruanda se define por la existencia de 120.000 varones hutus mantenidos presos a la espera de juicio por el Gobierno de un Kagame que se mantiene en el poder en base al apoyo de Estados Unidos y la ONU. El Gobierno de Kagame va liberando poco a poco y por goteo a estos presos (liberó a 25.000 el pasado año) para que no pongan en riesgo la paz que se ha logrado hacer imperar en el país, que sigue teniendo una abrumadora mayoría hutu (los tutsis apenas superan el 8% según el último censo) con la que ha logrado forjar una serie de equilibrios basados, esencialmente, en abolir cualquier distinción tribal entre los ruandeses (bien es cierto que hutus y tutsis son perfectamente diferenciables a simple vista) y respetar la autoridad de los tribunales de ancianos -respetadísimos en el país- que ya han emitido cerca de 700 condenas por crímenes relacionados con el genocidio llevado a cabo por los hutus.
A Kagame y a sus milicias se les atribuyen unas 60.000 muertes de civiles hutus durante el genocidio de Ruanda. Soy bastante escéptico en lo relativo al uso del término "civil" en este tipo de conflictos, pero en cualquier caso lo que parece innegable es que hoy Ruanda es más estable, más segura y más humanitaria que lo que era en 1994. Y el gobierno de Kagame y su FPR no parece tener intención alguna de cometer un genocidio sobre el 90% de su población... si bien, como es natural, se opone absolutamente al retorno de las milicias hutus ("refugiados") existentes en el Zaire-Congo.
El caso concreto es que Paul Kagame se ha convertido en un líder internacional respetadísimo en el continente africano y uno de los personajes clave para la estabilización de la región de los Grandes Lagos. Sin ir más lejos, hoy el Congo tiene una oportunidad para la paz debido a que Kagame fue capaz de poner fin al avance de las tropas del líder tutsi banyamulengue General Laurent Nkunda (quien, en la lógica tribal tutsi era un aliado natural suyo) arrestándole en Ruanda en Enero de 2009 cuando sus columnas avanzaban, imparables, hacia Kinshasa y el propio Nkunda empezaba a conceder entrevistas en tono de Jefe de Estado in pectore.
Así las cosas... ¿Quién está contra Kagame? ¿Quién le acusa de genocida? Pues esencialmente locos como estos que se dedican a difundir cartas abiertas en las que denuncian el racismo tutsi, acusan al FPR de causar la guerra de Ruanda, rozan el delirio al achacar al FPR en el exilio de ser el causante del apartheid hutu/tutsi del periodo 1990-1994, dicen que el éxodo tutsi de 1959 fue debido a la incapacidad de los huidos dignatarios tutsis de aceptar la democracia... y todo esto lo hacen mientras esperan juicio en Arusha acusados de un genocidio cuya existencia simplemente niegan. Ese es ahora el argumentario de los cibersorayos.
No cabe la menor duda de que pretender pintar a Kagame como una especie de señor de la guerra venido a más -y no digamos ya como un genocida- es pura y simple pirotecnia para criticar sí o sí a Zapatero, cuando hay razones y cuando no las hay. La Alianza de Civilizaciones es una chorrada. La política exterior española lleva muchos años siendo lamentable. Pero cargar contra un Kagame que no es sino un exiliado de una Ruanda que le perseguía por su etnia que volvió a ella para poner fin al genocidio que se estaba perpetrando allí, es como mínimo bastante miserable.
Y pretender que España se relacione únicamente con impolutas democracias es, sin paliativos, una gilipollez como un piano.












