martes, 20 de julio de 2010

Francia: El Califato que viene

Debieron haber saltado todas las alarmas en el año 2002, cuando la primera gran selección de fútbol de la Francia multicultural entró en los anales de la FIFA por haber sido la selección que, defendiendo el título, era eliminada cosechando un solo punto y sin marcar ni un solo gol.  Tampoco pasó nada en el año 2004 cuando Francia agonizaba por los campos de la Eurocopa de Portugal, ni se oyó alarma alguna  dos años después, cuando el argelino Zinedine Zidane, le regaló directamente el campeonato del mundo a Italia autoexpulsándose de la final  de la forma más vergonzosa que se recuerda en el fútbol europeo, quizá con la excepción de la famosa patada que propinó a un espectador el Balón de Bronce Éric Cantoná durante su etapa en el Manchester United. 

Pero estamos en el año 2010. Los moritos y negritos de la Selección Nacional de Francia se han rebelado abiertamente contra su Seleccionador, su Federación y su país de acogida cuyos colores han convertido en el hazmerreír del mundo y han dado lugar a que la Ministra de Sanidad y Deportes de la República les califique como "campo de ruinas físico y moral" tras hacer el ridículo más espantoso que imaginarse pueda.

No faltará quien diga que cualquier relación entre la conducta de estos deportistas y el alzamiento civil puro y simple que desde hace días protagonizan otros moros en Grenoble es pura coincidencia. Pero, como decía aquel personaje de J.K. Rowling en el cuarto libro de Harry Potter, "Mi criterio es otro": Francia lleva décadas fraguando en su interior un puro y simple califato islámico y delincuencial, directamente ligado a la inmigración masiva que ha venido importando en las últimas décadas.

- Es un califato porque se basa en unas normas propias y en el control de territorios: Ciudades y barrios enteros de Francia son desde hace años zonas de non-droit en las que no imperan las leyes de la República Francesa.

- Es islámico porque se ve a sí mismo y es visto como un avance del espacio cultural del Islam en territorio ajeno, además de como contraposición al laicismo militante de Francia.

- Por último, es delincuencial en tanto que reafirma tanto su desprecio a la República de Francia como su propio espíritu de conquista mediante la comisión de ilícitos penales.

En este sentido, prestemos atención a los futbolistas extranjeros de la Selección de Francia:

a) Reclaman como propio el vestuario, echando a los no-islámicos del mismo.

b) Se rebelan contra la autoridad del Seleccionador incluso delinquiendo contra él primero (los insultos de Anelka contra Domenech hubieran sido considerados una falta en España y, por lo tanto, objeto de castigo penal) y negándose a entrenar después.

c) Como si tuvieran autoridad para hacer tal cosa, inician acto seguido la caza del "chivato" que filtró a la prensa la situación de califato islámico impuesta por ellos en el vestuario. En efecto, para estos moritos insultar al Seleccionador es legítimo. Anelka debe ser protegido y el chivato, reprimido.

Sumémosle a este cóctel la existencia de una figura de autoridad sin unos principios demasiado claros (hasta el extremo de realizar alineaciones basándose en los horóscopos) sin capacida coactiva suficiente como para imponerse -pura y simplemente- a la morisma y lo que tenemos es, esencialmente, la radiografía del incidente de Grenoble: Moritos mostrando su total desprecio por la Ley y el Orden de la República en solidaridad con un morito-delincuente reprimido (¡pobrecito él!) por las malvadas autoridades racistas. Con el Ministro del Interior de la República en el papel del entrenador-astrólogo.

Digámoslo ya: Francia incuba un polvorín étnico y religioso que amenaza su propia continuidad como Estado europeo y laico de raíz cristiana. Y que el cáncer haya hecho metástasis hasta llegar a la mismísima Selección Nacional nos habla a las claras de la gravedad de tal amenaza. Como para andarnos con coñas.


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