El peligroso juego del BCE
La buena noticia es que Grecia ha logrado colocar una nueva emisión de deuda pública a seis meses, por importe de 1625 millones de euros a un 4,62% de interés. La mala noticia, naturalmente, es que esto es una pura ficción basada en que el Banco Central Europeo se está dedicando a prestar dinero a la banca griega para que compre masivamente deuda soberana de la República Helena.
En paralelo, el peso de la banca española en el balance del BCE ha subido en los últimos 18 meses desde el 9,8% hasta el 25,4%. Esto significa que la cuarta parte del dinero que tiene prestado el BCE, lo tiene prestado a bancos españoles. Nuestros bancos le deben al BCE 123.000 millones de euros. Ahora bien... el balance de un banco no se entiende sin las cantidades depositadas en el mismo. Así que pásmense: Mientras el BCE nos presta dinero... los depósitos de los bancos españoles en el BCE se han reducido de 18.000 millones de euros en Mayo a 9000 millones en Junio. Nuestros bancos cada vez tienen menos dinero y cada vez deben más.
¿Qué han hecho nuestros bancos con ese dineral que le han pedido al BCE o que han retirado del mismo? Pagar sus vencimientos inmediatos y comprar deuda pública española. La suma del peso de Portugal, España, Irlanda y Grecia en el valor del Euro no sobrepasa el 17%, pero los préstamos a estos países pueden muy bien suponer en estos momentos el 60% del balance del Banco Central Europeo.
Y con esas cifras, la pregunta que me surge es... ¿Está el BCE convirtiéndose voluntariamente en el banco malo del que ya hablamos aquí hace un año y medio? Si es así, iremos de cabeza a una devaluación del euro. O incluso al final de la moneda única. La ecuación es muy sencilla: ¿Quién va a querer la moneda emitida por un banco cuyo principal activo es deuda soberana de países manifiestamente en quiebra?
Esta situación no debiera poder extenderse demasiado en el tiempo, esencialmente porque no es sostenible: Al final de este camino -que no consiste más que en seguir soltando dinero a fondo perdido para financiar el extravagante gasto público español y evitar las quiebras de los bancos- no hay más que el fin del euro o la hiperinflación. La salida del euro cobra cada vez más fuerza.
Estaría por ver, eso sí, si salimos nosotros o si se marcha Alemania.












