Vendamos todavía más armas
Mientras en Grecia suprimen dos tercios de los municipios para ahorrar dinero, Portugal implanta el peaje obligatorio en las autopistas hasta ahora gratuitas, en el Reino Unido se preparan para despedir a 300.000 funcionarios y en Islandia le dan una lección (y un corte de mangas) al mundo entero no solo negándose a hacerse cargo de pagar la deuda contraída por sus bancos sino, además, encarcelando a los banqueros en cuestión, los sabios rectores de la política económica española continúan buscando desesperadamente formas que les permitan evitar el pasar a la Historia como los perpetradores de delitos de Lesa Progresía. Las subvenciones a la inopia, las embajadas catalanas, las partidas sindicales, los mapas del clítoris y los cargos de libre disposición son intocables. Cualquier otra cosa, se puede negociar.
En esta situación, en la que necesitamos exportar desesperadamente para pagar nuestra deuda externa y seguir pagando las pensiones, algunos iluminados se ponen estupendos a propósito de la exportación de armas, un artículo de enorme demanda en el mundo, que moviliza grandes cantidades de mano de obra para su ensamblaje y transporte, que tira de sectores auxiliares de lo más diverso y en el que contamos con una combinación ideal de posicionamiento geográfico junto a la ruta marítima Atlántica y Mediterránea, estándares de calidad europeos y salarios bajos para la media europea, todo ello sumado a una política exterior que -de ser sensatos- debería llevarnos a una cierta neutralidad exterior que nos dé pie, precisamente, a venderle de todo a todo el mundo.
Hablando de la venta de armas estamos hablando, en definitiva, de un sector que puede jugar un papel importante en el futuro de nuestro país. Desde luego en nuestro presente ya lo tiene.
Así, España vende fragatas a Noruega y Venezuela, que también nos compra equipos antidisturbios. Aviones a Portugal. Piezas de aviones, vehículos y misiles e incluso armas cortas a Estados Unidos. Bombas, cohetes y misiles a Israel. Equipos electrónicos a Brasil. Repuestos y municiones a Marruecos. Armas cortas a Indonesia. Vendemos a India y a Pakistán. A Arabia Saudí. A Colombia y a Cuba. A Gabón y a Botsuana. Y a Malasia, a Tailandia y también a Filipinas.Y eso sin contar el material antidisturbios que nos han comprado Bolivia, Nicaragua y Angola.
Y francamente, me parece bien. Hemos escalado del decimoquinto puesto al decimotercero en el ránking mundial de exportadores de armas. Quizá estaríamos en el decimosegundo puesto de haberse autorizado las ventas a Guinea Conackry, Siria, Irán, Georgia, Egipto y Yemen, países interesados en la compra de material español y cuyo interés ha sido -incomprensiblemente- frenado por la falta de autorización del Ejecutivo. Como si existiera la menor posibilidad de que estos países fueran a quedarse sin armas solo porque España se niega a vendérselas.
El artículo que escribí hace tiempo sobre el Kalashnikov no fue ninguna boutade.Fue un posicionamiento ideológico y económico en toda regla. El mundo necesita armas. Y nohablo solo de Gobiernos, sino de simples particulares. ¿Porqué no va España a poder suministrárselas? Es más... ¿Realmente podemos permitirnos el no hacerlo?












