Dragonlance - La Torre de Wayreth: ¿Pero qué es esta mierda?
Digámoslo en pocas palabras: Margaret Weiss y Tracy Hickman la han cagado pero a base de bien y el carismático necromante Raistlin Majere, protagonista del desaguisado, se ha cavado su propia fosa. Vamos a intentar realizar una breve sinopsis del libro desvelando lo menos posible de la trama.
La Torre de Wayreth se centra en las andanzas de Raistlin Majere desde que abandona a los restantes Héroes de la Lanza (entre los que figura su propio hermano Caramon) a una muerte aparentemente segura en el Mar Sangriento hasta su reaparición al final de la historia en Neraka, vistiendo la Túnica Negra, ostentando un poder mágico muy superior y, esencialmente, salvando el día: No es ningún spoiler (sale claramente en "La Reina de la Oscuridad) decir que es gracias a Raistlin que Tanis Semielfo asesina a Ariakas y salva a Laurana. Y tampoco es novedad que salva tanto a Caramon como a Tasselhof y Berem de las catacumbas del templo de Neraka, posibilitando finalmente la derrota de las fuerzas de la diosa Takhisis agrupadas en torno a los Ejércitos de los Dragones.
Así las cosas, las dudas a las que tenía que responder este libro eran pocas y sencillas: Como había obtenido Raistlin el poder mágico y la fortaleza física de las que hacía gala y cual era exactamente su función y cometido en Neraka, la siniestra capital de las tropas de la Oscuridad. Y siendo cierto que el libro responde a estas preguntas, es innegable que lo hace de forma no solo insatisfactoria, sino también profundamente incoherente con las restantes novelas de la saga. No sólo por el tratamiento que la magia en general y los Túnicas Negras en particular reciben en Neraka, sino también por el papel que le toca jugar a Raistlin en ello.
La introducción de una nueva subtrama hasta ahora desconocida basada en el intento de Takhisis de hacerse con el control de la magia no solo no sirve en absoluto para interesar al desafortunado lector, sino que además -merced al pobre recurso del Orbe de los Dragones- convierte al protagonista en un supersaltimbanqui teleportador que hace recados para unos, realiza complots para otros, está presente en lugares y momentos de la trama que no le corresponden en absoluto y en general es ignorado, despreciado, vilipendiado y utilizado por todo el mundo con resultados desiguales.
Raistlin Majere se va a ver acompañado en sus peripecias por una pléyade de personajes secundarios asociados a las diferentes subtramas. Todos ellos, desde la hechicera Iolanthe hasta la kender Mari pasando por el tabernero Orlen dejan muchísimo que desear. Como telón de fondo, una Kitiara más grande que nunca y un Ariakas que continúa en la línea de apayasamiento iniciada en el Volumen II.
A nivel de secundarios, quizá lo que menos le perdono a este libro es la aparición de Slith, Subcomandante de la Brigada de Ingenieros del Primer Ejército de los Dragones. Se trata de un personaje magníficamente creado al alimón entre Margaret Weiss y Don Perrin para sus novelas sobre dicha unidad ... y que en La Torre de Wayreth aparece total y absolutamente por libre, ostentando un rango que no le corresponde y añadiendo incoherencia al breve -pero entendible- cameo que lleva a cabo en El Orbe de los Dragones.
Insatisfactoria o no, desastrosa o no, el caso es que esta novela completa las Crónicas Perdidas. Y, por lo tanto, completa las Crónicas de la Dragonlance. En definitiva, Weiss y HIckman no se han lucido, pero es lo que hay. Lleva varios días en mi estantería y allí se quedará.












