La culpa no es de Alemania
Le pedí a un participante de burbuja.info (que encima resultó ser lector del blog) que me tuneara la imagen que ilustra estas líneas. Lo hice porque tenía pensado hablar de la (ya anunciada aquí) rebaja de la calificación de la deuda de Portugal. En el interín, S&P ha rebajado por segunda vez la calidad de la deuda soberana española. Todo ello mientras la profundidad del váter griego empieza a mostrar dimensiones parecidas a las esperadas. La burbuja de la deuda soberana empieza a resquebrajarse y el "bono portugués" de la imagen podría ser perfectamente español. En este estado de cosas, el fantasmal Grupo de Estudios Estratégicos de Libertad Digital (que es al atlantismo lo que el blog de Escolar al zapaterismo) hace pública una columna tan acertada que da escalofríos. Acertada en la forma, en el razonamiento y en la enseñanza moral de fondo que trae, que tampoco es moco de pavo y menos cuando no falta quien es capaz de afirmar sin despeinarse que la culpa de que nos hayamos dedicado a gastar como nuevos ricos la tiene quien nos prestó el dinero a tipos de intereses bajos. La triste realidad es que el Euro dio a Portugal, Irlanda, Grecia y España la estabilidad monetaria y los tipos de interés bajos que nunca habían tenido. Y estos cuatro países, más Italia (que estropea el acrónimo y juega en otra liga) hicieron con ese regalo lo peor posible.: Endeudarse hasta los ojos, disparatar su nivel de gasto y en general, vivir como cigarras.
El paradigma, sin duda, fue el modelo español pergreñado por Rato y Montoro, basado esencialmente en una burbuja inmobiliaria sostenida en la pata económica del crédito barato y abundante... y en la pata política de utilizar la legislación en materia inmobiliaria para crear una supuesta "escasez de suelo" -tan desvergonzada como falsa- en beneficio de la financiación de los Ayuntamientos y de sus Concejales de Urbanismo.
El éxito de las políticas de estos dos ilustres exponentes del liberalismo patrio fue inmediato: El paro bajó hasta el 11% (que se consideró "paro técnico"), se trajo a millones de inmigrantes a los que se les dio, esencialmente, todo gratis, mucha gente hizo mucho dinero (pero no el trabajador español, con su salario congelado gracias al dumping laboral del inmigrante) y finalmente el país entero se lanzó a una activomanía inmobiliaria en la que los pisitos subían un 17% anual con una inflación de poco menos del 3%. El negocio del siglo. La falta de cabeza generalizada en todos los estratos sociales.
El siguiente paso era el evidente: De pronto la oferta de pisos en el mercado supera tan absolutamente las expectativas de la demanda que ya no hay activomanía que pueda sostener los precios tan altos. De pronto el precio de los pisos baja y se cesa en la construcción de nuevas promociones. La banca ha asumido demasiado riesgo y mucha gente empieza a no poder pagar su hipoteca. El sistema bancario ha asumido demasiado riesgo inmobiliario y está en quiebra técnica... solo evitada por un oportuno rescate del Gobierno.
Pero... ¿Puede el Gobierno asumir ese rescate? Realmente, no. La recaudación fiscal ha caído en picado. Los sistemas sociales están en quiebra hace años por la llegada masiva de inmigrantes. El Gobierno se ve obligado a lanzar sucesivas emisiones de deuda pública para financiar sus gastos más corrientes y, en el colmo del morro, los sectores más chulos del Reino deciden empezar a montar huelgas con exigencias paulatinamente más peregrinas, que van desde el "lo mío que no me lo toquen" hasta el "que me paguen las pérdidas".
Para que me cuenten ahora a mí, tras años de anunciar la que se nos viene encima, que la culpa es de quien fijó los tipos al 2%. No señores: En última instancia, cada yonki es responsable de haber dado el paso de empezar con la droga. Cada hipotecado es responsable de la apuesta económica que firmó en su día. Y cada sociedad es responsable de sus imbecilidades colectivas y de las que permite a sus gobernantes. Aquí hemos cometido y permitido una irresponsabilidad tras otra y en consecuencia vamos, deuda tras deuda, hacia el corralito final.
Y no nos engañemos: Si no caemos en él, no será porque los contribuyentes franceses y alemanes se sientan culpables de habernos dado la moneda estable que nunca tuvimos... sino porque nuestra deuda la tenemos con sus bancos, fondos de pensiones y empresas. Y crucemos los dedos, porque fuera del Euro, nos espera el abismo.












