Martes, 27 de abril de 2010

Garz?n y Calamita: Cuando el Sistema se depura a s? mismo

El Sistema, a lo suyo: A dar una de cal y una de arena hacia cada lado con tal de mantener juntas las costuras de la Transición. Arrecia la tormenta pro-Garzón la misma semana en la que hemos sabido que el Tribunal Supremo ha confirmado los diez años de inhabilitación para el Juez Ferrín Calamita.

En realidad, tengo la sensación de que ambos casos son más paralelos de lo que se quiere reconocer por parte de los pensadores oficiales del Régimen. No, desde luego, por el carácter de ambos protagonistas o por el sentido de sus resoluciones supuestamente prevaricadoras, pero sí porque ambas causas revelan el afán del estamento judicial por fijar un modelo de Juez-Técnico, mero aplicador de leyes opuesto al Juez-Explorador empeñado en avanzar por los caminos del Derecho hacia donde nadie se ha atrevido antes.   

Se trata de un camino muy jacobino y muy corporativista… que sirve de paso para revelar la ausencia en España de una separación de poderes digna de tal nombre:

Digámoslo ya: Obligar a los Jueces a no pensar más allá de la mera aplicación de lo aprobado por el Legislativo es síntoma del poder omnímodo de éste, basado en última instancia en el no-reconocimiento de autoridad ética o moral superior alguna a lo que él mismo decida. De ahí que el Juez que se atreva a buscarla, o a partir de la premisa de su existencia para desempeñar su labor se caiga inevitablemnete con todo el equipo. 

En el fondo, Ferrín Calamita ha sido juzgado por atreverse a preguntar en voz alta si es científicamete adecuado para una menor ser adoptada por dos personas del mismo sexo. Donde otros se hubieran contentado con interponer recursos previos de inconstitucionalidad y dejar que la papeleta se la resolvieran instancias corporativas superiores con la Constitución en la mano, Calamita estaba dispuesto a recabar evidencias científicas que  le enmendaran la plana al Parlamento. Y esto, naturalmente, no se podía permitir, porque en España lo justo y lo injusto lo decide el Parlamento. 

Examinada desde esta óptica entendemos mucho mejor la situación de Garzón: El titular del Juzgado de Instrucción Número 5 de la Audiencia Nacional no sólo ha pretendido corregirle la plana al Legislativo -bien es cierto que al Legislativo de 1977- derogando con sus actuaciones la Ley de Amnistía por aquel proclamada, sino que ha intentado en gran medida adelantarle por la izquierda tomando la decisión política (y no-jurídica) no sólo de iniciar una causa general contra el franquismo, sino además de encabezar personalmente la búsqueda y apertura de presuntas fosas comunes… pretendiendo desviar a ese fin los magros recursos de la Justicia, cuando esa labor era obviamente una para que la realizara un Ejecutivo debidamente apoderado vía Ley 21/2005.

Y sin embargo... ¿No puede entenderse que el Parlamento había declarado justa la instrucción de Garzón? No, y aquí entra lo que es difícil de explicar al votante medio de izquierdas, atónito ante el hecho de que Garzón se siente en el banquillo bajo un Gobierno PSOE y con un instructor -Varela- de conocido carácter progresista.

 Hay que entender que las incursiones tanto de Calamita como de Garzón en terrenos que se salen del papel que el Sistema vigente reserva a sus jueces tenían –restantes cuestiones aparte- una consecuencia corporativista importante: Dejaban en evidencia a sus compañeros de carrera.

Así, del mismo modo que Ferrín Calamita ponía las caras coloradas a los Jueces de Familia de toda España al ser el único que no se lavaba las manos en el caso de las consecuencias que para una niña puede tener el criarse en un pseudo núcleo familiar con dos madres, Garzón –más a lo grande- dejaba en evidencia a toda la Justicia Penal del Reino, que se había pasado treintaytantos largos años sin darse cuenta de que en nuestro país había “crímenes de guerra”, “desapariciones” y “rebeliones contra el orden constitucional” pendientes de ser investigadas y llevadas a juicio... hasta que llegó él a librarnos de tanto maleante como quedaba suelto. Garzón no solo deja en evidencia a sus compañeros... sino que encima le roba la foto a un Ejecutivo necesitado de todas las que pueda conseguir. Sin este último dato, no se entiende la caída de Garzón.

Una última cuestión tienen en común ambos jueces: Sus apoyos explícitos se sitúan esencialmente en los límites del actual Sistema o directamente fuera del mismo. Y del mismo modo que la condena de Calamita estaba cantada desde  el momento en que la derecha católica acudió en su socorro… la caída de Garzón la barruntamos cuando se sale a la calle a defenderle con la tricolor al hombro y con Zerolo al frente.

Desde dentro del Sistema, a Calamita le negaron hasta una plaza de profesor en la Universidad Católica de Murcia (aunque eso sí, un cabrón le hizo saber que "rezaban mucho por él"). Veremos si Garzón logra colocarse como columnista de Público, ya que Escolar no me parece precisamente que frecuente las sacristías.


Comentarios

Añadir un comentario