Rescate a Grecia: Echando dinero al váter.
Llevamos desde principios de año siguiendo la crisis griega, que en el día de hoy ha pasado de ser una comedia de pillos falsificando cuentas públicas a convertirse en una verdadera tragedia nacional. En efecto, Grecia ha solicitado formalmente el rescate de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional. Se trata de un plan de rescate a cuatro años en el que se inyectarán en la economía helena no menos de 45.000 millones de euros en préstamos a un tipo de interés bonificado. El problema está en que este rescate supone para Grecia caer en un inmenso váter en el que los griegos se ahogarán lentamente durante los próximos meses o años... y que no servirá al final absolutamente para nada.
Desde Contra los Gigantes, lo tenemos claro: El plan del Fondo Monetario Internacional va a fracasar. Por varias razones que intentaremos explicar brevemente, pero que se resumen en lo siguiente:
1) El Fondo Monetario Internacional parte de la base de que Grecia es capaz de pagar la totalidad de su deuda manteniéndose en el euro.
2) El Fondo Monetario Internacional parte de la base de que Grecia es capaz, manteniéndose en el euro, de reducir su consumo público y privado al menos un 30%, no faltando quien, con previsiones más pesimistas sobre la evolución del precio del petróleo eleva esta reducción hasta un 40%.
Por más que se empeñe el Fondo Monetario Internacional, estas dos premisas son falsas. La realidad es que el nivel de deuda contraído no sólo por Grecia, sino por Portugal, por Irlanda y por España es simplemente impagable. Se trata de situaciones de las que no se va a salir sin, como mínimo, una suspensión de pagos en toda regla y una pura, simple y amplia quita que los acreedores tendrán que aceptar -negociando lo que sea a cambio- si esperan cobrar aunque sea una parte de lo que se les debe.
Estamos hablando de situaciones de deuda que superan el 100% del PIB del país. Solamente los intereses convierten la deuda en impagable. El rescate de Grecia no parte de una visión realista de la economía (ni, probablemente, de las matemáticas) sino de una tesis de salón, de despacho o de cancillería basada en que se le puede pedir a una población que reduzca un tercio su consumo privado (y sus prestaciones públicas) y divida por dos sus salarios.
Cualquier Gobierno que pretenda tal cosa, caerá inevitablemente para ser sustituído por otro hasta que -como pasó en Argentina- se ponga al frente del Estado un político capaz de explicarle al mundo que su país suspende unilateralmente el pago de todas sus deudas. Las opciones con Grecia se reducen a negociar un perdón parcial de la deuda helena o, simplemente, asumir que no se va a cobrar ni un euro.
¿Que no se puede? Argentina lo hizo. No pagó ni un solo dólar desde 2001 hasta 2005, y entonces lo hizo con una quita ni más ni menos que del 76%, y eso tras haberse apoderado de la totalidad de los depósitos bancarios nominados en divisa extranjera existentes en el país. Y la situación argentina en 2001 era mucho mejor que la de Grecia hoy.
Tal como están las cosas, Grecia abandonará la moneda única y se lanzará a inflacionar su neo-dracma tras haber consumido miles de millones de euros en créditos del FMI y de sus socios europeos que difícilmente serán devueltos nunca.
Digámoslo claro: Sin una quita, sin un perdón parcial de la deuda, todos los PIGS están abocados al default y a la salida del euro. Alemania parece tenerlo claro y ya ha dado indicios de aceptar la situación planteando, sin ambages, el deudas por soberanía que entendemos como única salida posible para no romper un área monetaria que ha costado medio siglo construir y-sobre todo- para no volver a vivir inflaciones superiores al 20% como las que nos dieron los Gobiernos de Suárez, Calvo-Sotelo y González.
Que hay que deflactar, es evidente. No podemos seguir pagando 1,20 euros por un café o tener el metro cuadrado de vivienda en Carabanchel al precio de Hamburgo. Pero lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible: EL plan del FMI, incluyendo reducciones de salarios de cerca del 40%, situaría a cualquier país al borde de la revolución y supone un impago generalizado seguro, ahora o de aquí a año y medio.
Urge empezar a asumir que Grecia no puede pagar su deuda externa... y España tampoco. Prestarle dinero a Grecia -o a España- con intereses bonificados o sin ellos, es tirarlo al váter y condenarnos a suspender pagos y salir del euro.
Deudas por soberanía. Cuanto antes lo asumamos, tanto nuestros acreedores como nosotros, mejor para todos.












