Jueves, 25 de marzo de 2010

Transformers: Volumen II


Cuando la realidad me aburre, me refugio en la ficción. Y tengo que reconocer que últimamente me resulta de lo más entretenido gracias entre otras cosas a joyas como la nueva vuelta de tuerca que IDW Cómics le está dando, bajo la batuta de Mike Costa, al Universo de mis queridos Transformers, en el que ya anticipé interesantísimas subtramas a raíz de la finalización de la serie limitada All Hail Megatron. Estas subtramas se están esarrollando esencialmente en Transformers: Vol2 y Transformers: Bumblebee.

Recapitulemos: Han pasado tres años desde los sucesos narrados en All Hail Megatron. El grueso de los Decepticons  se ha marchado, derrotados, de la Tierra abandonando en la misma a un puñado de sus camaradas. Por su parte, Optimus Prime decidió que los Autobots -quienes de todos modos se habían quedado sin medios para abandonar la Tierra-  se quedaran para proteger nuestro planeta de futuras invasiones Decepticons. Mala idea.


Porque los humanos, con muy buen criterio, decidieron demostrar que podían encargarse ellos solos de limpiar su mundo. Autobots y Decepticons fueron sistemáticamente cazados como alimañas por organismos militares especializados. Con sus guerreros acorralados por la gente a la que supuestamente protegían, Optimus Prime tomó una decisión a la altura de su diminuta talla como líder guerrero: Rendirse a las autoridades estadounidenses.

Es mucho más crudo de lo que parece: Optimus Prime dejó literalmente tirados a los Autobots, dimitiendo como líder y comunicándoles su decisión irrevocable de entregarse, que hizo efectiva inmediatamente. Y los Autobots, tan perplejos como el lector, hicieron lo único que podían hacer ante semejante decisión...  Iniciar el proceso para elegir un nuevo líder.

No obstante, el proceso se vició por la base cuando el carismático Hot Rod planteó a sus camaradas Autobots un nuevo paradigma: La guerra ha terminado, los Transformers ni son queridos ni pintan nada en la Tierra... y la deserción de Optimus Prime  (general, patriarca y líder espiritual. todo en uno) indica que ya no hay autoridad alguna a la que obedecer. Hot Rod planteaba, ni más ni menos, la renuncia al ideal Autobot de abrumadora responsabilidad sostenido por Prime (del que ya hablamos aquí) y la vuelta a Cybertron. Y, en consecuencia, desertó.

Y no lo hizo solo.  El segundo al mando de Optimus Prime y su sucesor natural, Prowl, fue uno de los muchos Autobots  (Jetfire, Sandstorm, Mirage, Red Alert...) que decidieron seguirle. Tan harto estaba Prowl (el epítome de la lógica procedimental Autobot)  de esconderse mientras los humanos les cazaban, que llegó incluso a intentar salvar de ese destino al Decepticon Breakdown, siendo capturado en el proceso e iniciando la cadena de eventos que llevarían al propio Prime a descubrir -tres décadas demasiado tarde, a mi entender- su inutilidad como líder de los Autobots.

La marcha de Hot Rod y de Prowl, unida a la muerte del veterano Ironhide, dejó a los Autobots sin demasiadas opciones a la hora de escoger líder: El elegido fue Bumblebee, el robot amarillo amigo de los niños.

Así las cosas en el bando Autobot, los Decepticons abandonados en la Tierra no se las estaban apañando mucho mejor.  Esencialmente destructivos, se llevaron la peor parte en lo referente a capturas y persecuciones por parte de los humanos. Pero las acciones de tres de ellos merecen especial atención:

En primer ugar, Skywarp. Quien, leal absolutamente a Megatron, se dedica a robar y acumular armas de destrucción masiva a la espera del retorno de su líder, que cree inminente. Por su parte, su antiguo camarada Thundercracker -quien sobrevivió a su ejecución a manos del propio Skywarp por negarse a emplear una bomba atómica contra los Autobots- se ha pasado gran parte de los últimos tres años reconstruyéndose y aprendiendo a admirar la belleza de la Tierra y de la cultura humana antes de terminar uniéndose a la pandilla de Swindle.

Swindle es precisamente el más importante de los Decepticons que quedan en libertad en la Tierra. No es un robot fuerte, ni de tendencias particularmente destructivas... sino simplemente un tipo carismático. Con facilidad de palabra. Un tratante. Un negociador. Un superviviente. Que rápidamente logrará articular en torno a sí a un pequeño grupo de Decepticons que entienden que, en sus actuales circunstancias, Swindle tiene exactamente las aptitudes que hay que tener para liderar a un grupo tan desesperado como el suyo. Incluso Thundercracker -quien muy bien podía haber tomado el mando- lo comprendió a la perfección.

Y Swindle demostró rápidamente estar a la altura de las circunstancias. Tras encontrarse fortuitamente con el grupo de Hot Rod, se inició un combate entre ambos contingentes... detenido súbitamente tras preguntarse en voz alta el improvisado líder Decepticon porqué seguían luchando con la guerra terminada. Hot Rod y Swindle firmaron la paz y, tras unir fuerzas bajo el liderazgo de Hot Rod (el cual no ha tardado ni medio nanosegundo en empezar a llamarse a sí mismo Rodimus Prime tal y como le sugirió Swindle) iniciaron la construcción de una nave espacial para abandonar el planeta.

Las cosas en el grupo de Bumblebee, mientras tanto, no podían ir peor. Para empezar, llegó inopinadamente Ultra Magnus, para investigar la deserción de Optimus Prime y la muerte de Ironhide, provocando una nueva oleada de deserciones entre sus ya mermadas fuerzas. Además, Bumblebee estaba firmemente decidido a continuar con la estrategia de Optimus Prime y, cuando un Coronel norteamericano le ofreció la posibilidad de trabajar para dicho Gobierno... la aceptó de inmediato convirtiendo a sus seguidores en esclavos de facto de la operación miltar clandestina que aquel lideraba.

Bumblebee logró finalmente liberar a sus seguidores de esa situación, al precio de quedar destruido en el proceso. Pero Wheeljack y Ratchet no tardaron demasiado en repararle y además, a petición del propio Bumblebee, le han dotado de mayor tamaño, potencia y blindaje. Está por ver como será el liderazgo futuro de este nuevo Bumblebee, pero mientras tanto nos ha dejado viñetas y diálogos para el recuerdo eterno, como por ejemplo ese en el que el norteamericano Coronel Gordon Horiuchi le pregunta si debe llamarle Bumblebee Prime. Ahora sí que los Autobots no pueden ya degradarse más.

También tiene pinta de ser memorable la resolución de la subtrama de "Rodimus Prime" (Hot Rod, por supuesto, no tiene la Matriz Creativa y por lo tanto no puede reclamar el título de Prime legítimamente) y su grupo de desertores de ambos bandos. De momento, aparte de no reconocer la autoridad de Ultra Magnus y de expulsarle de su base con el rabo entre las piernas, solo tenemos el escepticismo de Thundercracker respecto de las intenciones de Swindle. El valor del escepticismo de un Decepticon filósofo, que se ríe con las telecomedias raciales yankis y que descubre la belleza de la cultura humana admirando un retablo de la Virgen y el Niño en su huída a Egipto, lo dejo a la consideración de cada uno.

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