Martes, 23 de marzo de 2010

Diecisiete hijas caprichosas

Merece la pena echar un vistazo a uno de los aspectos políticos que más marcan la administración de la situación económica del país en su conjunto: El desmadre autonómico y su profunda relación con los aspectos más macro de la actual crisis económica que atraviesa España. Se trata, esencialmente, de delimitar qué es lo que pueden hacer determinados actores políticos y qué es lo que no pueden hacer, sobre todo para que no terminemos cargándole a Zapatero o a sus Gabinete más culpas de las que realmente tienen.

Y es que en materia fiscal y presupuestaria, hay una buena razón por la que el Gobierno Zapatero no está haciendo otra cosa más que agotar el margen de endeudabilidad del Estado: No hay otra cosa que pueda hacer. El peso del Estado en España no tiene nada que ver con el que tiene en los restantes 26 países de la Unión Europea. Las diecisiete administraciones públicas regionales españolas tienen un poder presupuestario infinitamente mayor que sus 298 homólogas europeas. ¡Ya quisiera Piamonte tener el poderío económico comparado que tiene Andalucía! ¡Ya quisiera Baviera el cupo fiscal vasco o el navarro! ¡Ya quisiera Alsacia gestionar lo que gestiona Castilla-La Mancha!.

A mayor abundamiento, estas diecisiete hijas caprichosas de las que nos hemos dotado a nosotros mismos controlan las Cajas de Ahorros. Es decir, que controlan el 60% del sistema financiero del país. Lo que equivale a decir no sólo que estos sujetos políticos son clave en materia de ajuste presupuestario, sino que también lo son en materia de política financiera y bancaria, áreas ambas en las que no hay ajuste ni intervención digna de tal nombre posible sin el consenso de las diecisiete castas políticas autonómicas, razón por la cual este blog siempre ha observado con preocupación la estructura baronizada del PSOE y el proceso continuado de taifalización del Partido Popular.

La clave para entender porqué las supuestas autoridades centrales hacen tan poco es... que no pueden hacer más de lo que hacen. El argumento del primer Ejecutivo ZP para no desactivar la burbuja inmobiliaria heredada del Aznarato era de una sencillez pasmosa y cierta: El grueso de las competencias urbanísticas pertenece a las Autonomías. Ídem el grueso del gasto público. Ídem las políticas pretendidamente sociales de sus Cajitas de Ahorros...

Precisamente en materia de Cajas de Ahorro, llevamos meses sumidos en el más absoluto mutismo: No sabemos nada sobre su situación, su solvencia, su desarrollo futuro. Y eso augura muy malas noticias, porque si lo que hubiera que contar fuera bueno, lo tendríamos 24/7 en los informativos. Ahora lo único que tenemos es a un Director de Regulación del Banco de España pidiendo un prudente silencio, cosa mucho más inquietante  a mi parecer que  un inane Zapatero hablando de la Champions League de la Economía o del sistema financiero más sólido del mundo.

Pero hablando sobre Cajas de Ahorros se me calienta el teclado y me alejo del tema central de esta entrada: La descentralización  y el café para todos como verdadero cáncer y lastre del país. La federalización puede ser defendida como un proceso eficiente y barato, incluso cargándonos las economías de escala de un Estado centralizado, si se da pie a la existencia de una competencia entre regiones digna de tal nombre. Pero la descentralización española no se ha basado en estos criterios, porque la nuestra no es una descentralización basada en criterios de eficiencia fiscal y libertad individual...  sino un puro y simple reparto feudal de la Nación permitido y fomentado por un gobierno central.

Cataluña y Andalucía resultan ser piezas clave para la formación de mayorías electorales PSOE y determinan las máximas prioridades en los años de Gobiernos PSOE. Al mismo tiempo, Madrid, Valencia y Castilla-León son los graneros de votos que otorgan victorias al PP... y los Gobiernos PP riegan de forma igualmente generosa a sus respectivos caciques regionales cuando controlan el BOE.

Digámoslo claro: Papá Estado y Mamá Constitución son incapaces de gobernar a estas diecisiete malcriadas hijas, educadas en un ambiente de pago de prebendas y favores que recuerda más al caciquismo que a ninguna otra cosa.

 En esta situación, que a nadie le extrañe lo que está haciendo el peor Gobierno de España desde el de Manuel Azaña que no es -repetimos- más que agotar el margen de endeudamiento del Estado, obviamente a la espera del ataque especulativo definitivo contra la Deuda Soberana de España. Algo así como si el padre de diecisiete féminas porqueyolovalguistas de las que tanto abundan hoy día esperase como agua de mayo el desahucio de su casa por impago de la hipoteca para así delegar en el banco la responsabilidad de educar a sus criaturas en criterios sostenibles de contención y austeridad.

¿Y las diecisiete hijas malcriadas del Estado Español y su Constitución del 78? ¿Son educables? Sí. Por Alemania. Y hacia eso vamos. 

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