I+D Feminazi (IV): La falacia de la desigualdad salarial
Uno de los banderines demagógicos más comúnmente agitados por el feminazismo es el de una supuesta diferencia salarial que la progredumbre más casposa fija ni más ni menos que en el 26% (y olé tacatá) según un informe elaborado por la U.G.T.. Por supuesto, el informe es una completa falacia según comentaremos en breve. Pero además, si no lo fuera, la primera consecuencia inmediata debería ser la disolución sin más tardanza de las centrales sindicales mayoritarias. Veamos porqué.
La mentira básica es el presuponer que en España existe autonomía legal para el empresario a la hora de la fijación de salarios. Tal cosa, lamentablemente, no es cierta. Los salarios en España no se negocian en cada empresa, en cada comercio o en cada caso... sino que vienen en su abrumadora mayoría prefijados en lo esencial por convenios colectivos negociados entre organizaciones sindicales y empresariales sobre los que caben pocos ajustes a posteriori. Digámoslo claramente: El salario de un trabajador de un sector determinado se fija muy lejos de la sede social de su empresa y en ese proceso de fijación de salarios según categorías tienen una importancia decisiva las centrales sindicales. No me dedico al derecho laboral, pero las consecuencias judiciales para un empleador que paga a sus empleados por debajo de convenio son muy claras: Le va a tocar pagar las diferencias atrasadas.
No es, por lo tanto, legal ni judicialmente posible en España pagar salarios distintos a hombres y a mujeres por desempeñar el mismo trabajo. El mismo sistema de negociación colectiva y de convenios lo impide. Y la Constitución, la Legislación Social Básica y las Sentencias de los Tribunales se cumplen.
Y sin embargo...
...aunque no hay discriminación salarial, sí es cierto que las mujeres ganan de media menos dinero que los hombres. Si la Ley no miente, los datos de Hacienda y Seguridad Social tampoco. ¿Porqué sucede esto?
Pues esencialmente a dos causas:
1) El nivel de autónomos varones es mucho mayor que el de mujeres. Es decir, hay más hombres empresarios que ganan más dinero.
2) El número de funcionarias mujeres es muy superior al de varones y el sector público está, de hecho, peor pagado que el privado.
3) El nivel formativo entre hombres y mujeres de mayor edad es muy distinto, no sólo por tradición anterior, sino porque el hombre tiene más facilidades para formarse continuamente que la mujer, que ve interrumpida su formación normalmente por la maternidad.
Diríase que la mujer tiende estadísticamente a sacrificar salario en pro de estabilidad. Muy posiblemente sea una de esas diferencias antropológicas de base entre hombres y mujeres de las que el feminazismo no quiere oír ni hablar. Pero que también explica el hecho de encontrarse a tantas mujeres trabajando en puestos de trabajo por debajo de su cualificación profesional.
No estoy hoy descubriendo nada nuevo. Refutaciones diversas sobre la falacia de estos datos pueden encontrarse fácilmente desde el año 2005. Pero no está de más poner negro sobre blanco la falsedad de este tipo de afirmaciones, más cuando se utilizan como excusa para justificar la injustificable existencia de un Ministerio de Igualdad dedicado a promover, de hecho, la desigualdad legal entre hombres y mujeres y la más ruin agenda del feminazismo militante.












