Bienvenida, Froilein Merkel
Cultivar el frikismo tiene importantes ventajas. Una de ellas es que, por ejemplo, te puedes encontrar con Viruete recomendando tus posts. Otra es que se está infinitamente mejor preparado que la media del país para afrontar determinados escenarios tales como un apocalipsis zombi, una rebelión de los simios, una invasión alienígena o, por ejemplo, que un Pepiño Blanco convertido en hombre fuerte del Ejecutivo de Zapatero pilote la comisión encargada de sacar adelante las graves reformas que el país necesita para evitar quedar como Grecia de aquí a Septiembre. Ojo avizor a España y su futuro, porque de las decisiones políticas que se tomen ahora puede depender que el Estado quiebre o no a muy corto plazo. Y desde el punto de vista político, la situación es francamente la peor imaginable:
- En primer lugar, tenemos un Gobierno en la más absoluta descomposición, dando verdaderamente la impresión de ser una especie de ejército de Pancho Villa con todos y cada uno de sus Ministros permanentemente a la deriva. Por mucho que a José Blanco le esté sentando bien el Ministerio -y lo creo sinceramente- no es el Ministro de Fomento quien debe llevar el peso de esta comisión cuando existen dos Vicepresidentas con peso político (de la Vega) y económico (Salgado) específico y mayor rango y autoridad que el titular de Fomento.
Poner a un Ministro de perfil político y que además gestiona una cartera de gasto público inmenso al frente de esta comisión pasando por encima de una Vicepresidenta Segunda que además es Ministra de Economía y Hacienda es una apuesta aventurera y que lanza a los mercados el mensaje de que el actual Gobierno de España es una especie de casa de tócame Roque. Por otra parte, una comisión de este estilo sin el Ministro de Trabajo hace dudar seriamente de los propios objetivos que se persiguen en la misma. Definitivamente, el lanzamiento de esta comisión con su composición actual no es la mejor opción para lograr que los japoneses nos compren deuda pública.
No obstante, vale la pena mencionar por su propio nombre al principal problema del país: José Luis Rodríguez Zapatero. Quien ha salido muy ufano a mostrar al mundo lamentable ignorancia sobre casi todo. Su vacuidad. Su idiocia. Su condición accidental y limitada. La propia existencia de Zapatero al frente del Ejecutivo hace mucho más daño a la imagen-país que proyectamos de cara al exterior que mil declaraciones equivocadas en el modo y la forma -que no en el fondo- de José Blanco.
- Si la situación del Gobierno es mala, la de la Oposición es como para ir poniéndose en paz con Dios. Mariano Rajoy es, en lo relativo a virtudes personales y políticas, el más fiel reflejo posible de Rodríguez Zapatero. Se merecen el uno al otro. Rajoy es un ser vegetativo, incapaz de aportar ni una sola solución clara. Y lo que es peor, tampoco es capaz de desplegar una Oposición tan contundente como sería necesaria para desgastar al Gobierno y plantarse como alternativa creíble a la crisis actual.
Cuando los números en el Congreso no salen, lo lógico es movilizar la opinión pública. Lo impensable es tener 154 diputados, la misma capacidad de arrastre y comunicación que el escarabajo de la patata y, además tener desde tu propio partido a una arpía animándote a que presentes una moción de censura imposible y extemporánea y -como es natural- te metas el piñazo del siglo.
Y es que la situación interna del PP es otra de las caras amargas de la Oposición y completa el cuadro dantesco y desolador del país en estos momentos.
- Lamentablemente, este Gobierno, esta Oposición y este Congreso son los que tenemos. Y con ellos hay que bregar en medio de una situación internacional en la que se va haciendo evidente que estamos recorriendo los mismos raíles que Grecia: Primeros ataques a la deuda soberana española, advertencias severas de la imposibilidad de rescatarnos y declaraciones cada vez más duras de la Comisión Europea sobre lo delicado de nuestra situación, combinadas con los más certeros análisis sobre el origen de nuestro actual problema.
- Los raíles de Grecia, además, llevan a la república helena hacia el desolador escenario de la pérdida de soberanía. Alemania ya ha advertido de que, para ser rescatada de una quiebra por la Unión Europea, Grecia debería perder su derecho de voto en las instituciones comunitarias, el panorama es como para echarse a temblar. Deudas por soberanía. Sin concesiones.
La cuestión es... ¿Son nuestros políticos capaces de acabar con estos cuatro Jinetes del Apocalipsis que ellos mismos han ensamblado? En mi opinión, no.
Y por ello, el escenario a la griega de ceder soberanía a cambio de un rescate es infinitamente mejor que cualquiera de las otras opciones. Oponerse a perder soberanía equivaldrá, de facto, a permitir que nos sigan robando los nuestros antes de permitir que vengan los alemanes ponerles los grilletes que merecen, como responsables de un saqueo intergeneracional brutal del que hemos hablado aquí en repetidas ocasiones. Salir del euro y darle la máquina de imprimir billetes a las direcciones del PP y el PSOE es un camino seguro hacia la weimarización del país.
La situación española es gravísima. Pero administrable dentro del euro, siempre que hagamos lo que tenemos que hacer: Ladrillazo (crack inmobiliario que entierre definitivamente la burbuja imbécil en la que nos hemos metido y devuelva los pisos a sus precios de 1996), Salariazo (bajada neta de sueldos, que combinada con una reducción drástica del precio de la vivienda nos dejaría, de hecho, con más dinero en el bolsillo), Pensionazo (sí, prejubilarse a los 55 no es una idea sostenible) y Autonomitis (mi favorita: Pongamos fin al ridículo imbécil de los 17 miniestados que tantísimo nos cuestan).
¿Alguno de nuestros políticos está preparado para esto? ¿No? Pues bienvenida, Froilein Merkel. Aquí le dejamos las llaves de la caja.












