Especial Reyes: Remad, hipotecados, remad y sobreviviréis
Recojo esta fotografía del foro de Burbuja.info, captada en cualquiera de los absurdos PAUs y ensanches de cualquier ciudad española escogida al azar. Y me quedo con la respuesta que sugiere el autor de la fotografía: Si piensas que no vas a bajar el precio, ya lo hará por ti el banco cuando te embargue. La fotografía es la viva imagen de la base inmobiliaria de la actual crisis económica: La imbécil creencia en que los pisos nunca bajan. En cuanto a la frase cruda y descarnada que se propone como respuesta, expresa de forma meridianamente clara la realidad de una situación que aún nadie ha osado comentarle al españolito medio: Vienen años duros. Durísimos especialmente para los jóvenes hipotecados.
Recordemos la esencia de todo el problema: Hemos pedido prestadas absurdas cantidads de dinero al exterior (Francia y Alemania principalmente) y lo hemos invertido no en industria o en I+D sino, esencialmente, en ladrillos. Cada euro que debe un español a su banco o caja en concepto de hipoteca es un euro que debe, en última instancia y dejando aparte un pequeño margen de intermediación, a algún banco francés o alemán. Y dado que frotando dos ladrillos no sale dinero (créanme: Jamás volveremos a ver la vivienda revalorizándose anualmente 15 puntos por encima del IPC), de lo que se trata aquí es de ponernos a exportar como locos para pagar las deudas contraídas con el exterior.
-La solución (la única solución real para el problema) es EXPORTAR bienes, servicios y en la medida que sea posible, (que va a ser escasa) capitales, para gozar del flujo de dividendos e intereses;
- Para exportar hace falta ser productivos y competitivos;
- Para ser productivos y competitivos, entre otras cosas, hay que proceder a una cruel devaluación interna, es decir, que los precios de los bienes, cargas y servicios vinculados a la producción tienen que bajar.
- Esto significa que cuanto más se devalúen los costes inmobiliarios, menos habrá que devaluar los salarios. De hecho, visto que en España no tenemos un nivel salarial alto sino todo lo contrario y que el principal gasto de una familia española media es el de vivienda... lo lógico es congelar salarios (lo cual, de todos modos, es una devaluación real) y rebajar el coste inmobiliario.
Pensémoslo:
- Si los costes del suelo industrial, de locales de negocio o de oficinas se redujeran, digamos, a la cuarta parte de lo que son hoy... ¿No habría más actividad económica?
-Si la vivienda básica fuera extremadamente barata y por lo tanto un trabajador pudiera vivir dignamente sin necesidad de hipotecarse a 30 años por un cuchitril de pladur con cocina americana en el Ensanche de Vallecas que consume la totalidad de su sueldo o del de su cónyuge... ¿No podríamos afrontar serenamente una congelación salarial? ¿Esta congelación salarial no sería, de hecho, beneficiosa para la creación de empleo?
Lo verdaderamente grave de la burbuja inmobiliaria desde el plano del emprendedor es que un señor que pretendía montar una fábrica y dar trabajo a cincuenta empleados... ¡se veía obligado a buscar financiación suficiente como para afrontar cincuenta tomas de posición en el mercado piramidal del ladrillo!
Hasta aquí todo muy bonito. Pero escribo este artículo a las 2:08 minutos de la madrugada y voy por el segundo café. Las malas noticias vienen ahora, aunque los más avispados de entre mis lectores ya se habrán olido la tostada: Reducir costes salariales y hundir los precios de la vivienda supone, esencialmente, sacrificar a una generación entera y a parte de otras dos. A las cuales no les va a quedar más remedio que aceptar sumisamente su zombificación económica y seguir pagando cuota tras cuota y de por vida el error cometido... o emigrar.
Mis queridos y queridas coetáneos, franja de edad gloriosa entre los 25 y los 35: Si estáis hipotecados, estáis nominados. Os ha tocado devolver en las próximas décadas gran parte de nuestra deuda externa.
La buena noticia es que entre vuestros padres (sí, esos que van a jubilarse por todo lo alto a costa mía y vuestra), los jóvenes que no nos hipotecamos y las generaciones que vienen detrás... os mantendremos con un álito de vida y mínimamente subalimentados para que reméis. Así que... remad y vivid, galeotes.












