Tajo-Segura: El nuevo escenario de la taifalización del PP.
Comprendo
demasiado bien a los dirigentes del Partido Popular y al variopinto
conjunto de espectáculos regionales que nos están dando en estos días.
Comprendo perfectamente que Feijoo es un cínico. Su política
lingüística estaba cantada desde hacía meses.
Pura y simplemente, la política lingüística del PSdG y el BNG había
sido la desarrollada por Manuel Fraga Iribarne. Quien esperase
realmente otra cosa, es un completo caso perdido desde el punto de
vista intelectual: Es tonto de capirote. Menos explicación tiene para el observador no avezado el repentino interés de la Dirección Nacional del Partido Popular en cargarse su granero de votantes levantinos apoyando la absurda "reserva hídrica estratégica" propuesta en el proyecto de nuevo Estatuto de Castilla-La Mancha y que supone, directamente, cargarse el trasvase Tajo-Segura para el próximo lustro. Camps y Valcárcel ya han anunciado una insurrección interna que dudo mucho que lleven a cabo y que, en cualquier caso no les va a servir de nada.

Porque lo que se está ventilando en esta cuestión del agua no es el mantenimiento del Partido Popular en la línea del Plan Hidrológico Nacional. Esa línea, verdadera solución para las cuencas deficitarias, ya está más que renunciada y rota hace tiempo. El Partido Popular carece de línea política digna de tal nombre a nivel nacional desde que Rajoy se hizo con las riendas. Y las pocas ideas sostenidas por la Dirección Nacional de Génova son manipuladas, dadas la vuelta y aplicadas de la forma más heterogénea posible o incluso directamente al revés por el taifa regional correspondiente.
Lo que ha ocurre en esta ocasión es un síntoma inequívoco de la descomposición del círculo interno de Rajoy. Un barco no empieza a hundirse cuando lo abandonan las ratas, sino cuando lo abandonan los pasajeros de primera clase. Y en este caso, la pasajera de primera clase empeñada en abandonar la baqueteada fragata genovesa que capitanea Rajoy se llama María Dolores de Cospedal. Auténtica artífice del apoyo de la Dirección Nacional Popular a la susodicha reserva hídrica, por su puro y simple interés personal: Convertirse en baronesa regional del PP en La Mancha, aunque el precio sea herir mortalmente al PP de Valencia y Murcia y herir gravemente los intereses electotrales del PP a nivel nacional.
Muy posiblemente, Cospedal ha dejado de creer en Rajoy. Y por eso le importa más bien poco comprometer su éxito en las generales de ese modo. En cuanto a Valcárcel y Camps, escenificarán la mínima batalla imprescindible para no perder sus respectivas poltronas. Ni más, ni menos. Y lo harán sabiendo, además, que su esfuerzo es simbólico, electoralista e inútil.
Pero este problema que les crea Mariano Rajoy en sus respectivas regiones cambiando sobre la marcha un discurso mantenido monolíticamente desde el Partido Popular y que supone contradecir flagrantemente no solo las propuestas que el propio Rajoy defendió desde el Gobierno, sino también las promesas realizadas a ambos barones no lo van a olvidar tan fácilmente ninguno de los dos. Hasta este momento, Rajoy era un líder sin carisma, una calamidad y un caballo agotado. Ahora se acaba de convertir también en un conductor suicida.
En cuanto a la propuesta de trasvase desde el Ebro, única verdaderamente lógica, ni está ni se la espera en Génova. El PP se ha baronizado. Y a Rajoy le esperan problemas internos graves.












