Mi?rcoles, 16 de diciembre de 2009

La rebeli?n de los curas

Ando a la espera de que el Embajador o Museros se pronuncien sobre el manifiesto de los 131 curas de la diócesis de San Sebastián (entre ellos 85 párrocos y 11 de los 14 arciprestes) en el que los abajofirmantes se posicionan abiertamente en contra de su nuevo Obispo.

Ignoro con exactitud que puede hacer un Obispo en estos casos (¿suspenderles el Orden Sacerdotal? ¿trasladar a los párrocos? ¿degradar a los arciprestes? ¿quitar al responsable de la Cáritas diocesana? ¿nada?) y más todavía que es lo que hará efectivamente dentro de las posibilidades que tenga, dado que entiendo que puede resultar imposible gobernar organización alguna si tus gobernados optan por tomarte por el pito del sereno. Pero digo yo que algo tendrá que hacer.

 Lo que resulta innegable es la argumentación de este blogger de Infocatólica el cual, además de identificar el problema con los nombres y apellidos de Setién, Uriarte (quien, contra lo que pensábamos, está demostrando que aún le quedan muchas maldades por cometer) y Pagola expone clarísimamente la cuestión de fondo, que no es otra sino el envenenamiento del separatismo en todo aquello que toca.

No obstante, pese a todo el aura de misterio que incomprensiblemente rodea los nombramientos episcopales, quiero creer que Munilla debe tener algo parecido a un plan -y algo parecido a unos apoyos- para gobernar la diócesis. Porque me niego en redondo a aceptar que un nombramiento de este tipo no haya sido previamente consensuado con el nombrado, quien solo lo habrá aceptado si está seguro de poder llevarlo a cabo.

¿Es posible que Munilla encuentre apoyos dentro de la diócesis? En principio, tiene a ese 23% de clérigos y religiosos que no ha firmado el manifiesto en cuestión. Menos da una piedra. En segundo lugar, dado que su nombramiento se enmarca -quiéralo o no el blogger de Infocatólica- dentro del proceso de desnazificación del País Vasco iniciado con el desalojo del PNV del Ejecutivo de Vitoria, es de suponer que las propias instancias de la Comunidad Autónoma Vasca se impliquen en la medida de lo posible en apoyar al nuevo pastor.

Un último apunte, que los habituales podéis calificar -si os da la gana- de tocada de narices: A los Obispos no les nombra el Espíritu Santo, sino un señor con nombre y apellidos en uso de sus facultades como cabeza de la Iglesia. Estoy firmemente convencido de que más temprano que tarde podremos asistir a un juicio histórico (documentos incluidos)  sobre el curioso modo de gobernar la Iglesia y los aún más curiosos criterios de nombrar Obispos que siguió en vida determinado Pontífice a quien en última instancia toca responsabilizar de que un ser abyecto como Setién fuera Obispo de San Sebastián durante 21 años y de nombrar como sucesor a otra auténtica alimaña como este Uriarte que hoy, ya emérito, alienta rebeliones.

Yo no sé si el Obispo Munilla será capaz de enderezar el desastre que hereda. Realmente lo dudo, a la vista de la feroz oposición  interna que va a encontrar. Lo que si sé es que la diócesis lleva desde 1979 instalada en la anormalidad y en la complicidad con el nacionalismo (y podríamos decir que incluso con el terrorismo) vasco. El de Munilla es antes que nada un nombramiento de normalidad. Y hemos tenido que tener a un Papa normal para que haga normalice loq ue su predecesor se empeñó en mantener sumido en la anormalidad.

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